jueves, 5 de septiembre de 2013

Capitulo 1

Querido hijo:
¿Nunca has pensado en que puede ocurrir cuando alguien nace muerto? ¿Nunca has tenido curiosidad para saber qué les ocurre a aquellos niños que nacen muertos dentro de una mujer?
Yo sí. Terminé involucrado después de aquello, pero a veces es mejor la ignorancia que la verdad, algo que desde luego está muy claro.
Yo era una persona tranquila, curiosa que nunca había tenido ningún problema para salirse con la suya, pero siempre había tenido una duda que me inundaba: ¿qué había sido de mi padre? ¿dónde se encontraba?
Decidí seguir los pasos que él siguió, entrar en un mundo inexplorado yo solito, un mundo donde los colores no existen, donde uno no puede tomar decisiones sin antes consultar... entré en un mundo malvado y oscuro.
Un cartel de madera medio podrido a punto de caerse, mostraba un nombre abandonado y bien claro: Daemón, era el nombre de un pueblo.
Ya que había encontrado pruebas de que mi padre había pasado por ahí, con lo valiente que era, seguí en el gris sendero rodeado de arriba abajo con una niebla espesa que apenas me dejaba ver.
Tras varios kilómetros y con un suministro basado en agua, jamón, chorizo y salchichón hicieron que pudiera seguir bien hasta el pueblo gris y negro llamado Daemón, donde los débiles hacían lo que los poderosos querían.
Pero aquella gente no estaba muerta, pero tampoco estaba viva, eran lo contrario de un zombi, mientras que los zombis nacen vivos, aquellas criaturas habían nacido muertas, y estaban vivas, por lo que ellos serían muertos vivientes mientras que los zombis a su lado serían vivos muertos que andaban.
Recibían el nombre de Olvidados, seguramente porque nadie se acordaría de ellos, pues nadie se habría encariñado ya que nunca habían nacido vivos.
Mi padre estaba entre esos Olvidados, y era de los débiles, junto a él descubrí las ventajas y desventajas de ser un Olvidado, pues yo también lo era, mis hermanas Esperanza, Paz y Mariana en cambio eran sangre de mi madre, por lo que eran humanas.
Los Olvidados son seres fantásticamente horrorosos, si eso es que puede ser.
Se mueven entre sombras, perdona, nos movemos entre niebla y sombra, somos capaces de hacer olvidar cualquier cosa, objetos, animales, personas, recuerdos... pero no capaces de recuperarlos, tenemos las alas más negras y elegantes de todos y somos los más rápidos al volar, con solo mirar a los humanos pueden controlar sus mentes, son invisibles cuando quieren y en esos momentos nadie los ve, ni los oye, ni los huele, solo si esa persona también es invisible.
Además de ello, cada familia suele tener un don que hereda de sus padres o madres si son Olvidados, si una familia se extingue, por así decirlo, su don se esfuma con ellos, desaparece, y cada vez hay más Olvidados sin dones, tan pocos que están volviendo privilegiados a aquellos que los conserven con ellos.
Me metí en este lío y cuando conseguí escapar conocí a tu madre, cometí la equivocación de enamorarme y tener un hijo maravilloso del que me alegro que sea solamente un humano normal.
Quería decirte que jamás podré estar contigo como debo, pero que tengas en cuenta de que soy tu padre, uno que se alejó de ti y de tu madre para no hacerte daño.
Escribo esta carta mientras que observo a tu hermana, heredera de mi don: capaz de hacer recordar un objeto, animal, humano, recuerdo que nunca existió o que simplemente fue arrebatado.
La miro una y otra vez. Me acuerdo de ti. Te quiero, hijo, a pesar de que jamás podré decírtelo.
Recuerda, siempre estaré a tu lado aunque no lo veas.
Te quiere,
Papá.

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