domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 10

Casi se arrepiente de haberle pedido ayuda a él, ¿por qué a él y no a otra persona? Además, para que hiciera lo que ella quisiera, ha tenido que contarle todo lo que le ha pasado, y, cómo no, se ha reído de ella a más no poder...
¡Maldito Elías!
Para muchos, el muchacho que vive en la última casa estable de Daemón, es un encanto de chico que simplemente, por inseguridad, se mete con los demás, pero que es muy inteligente y bla-bla-bla. O eso es lo que a Ainhoa y a los demás les parece.
La verdad es que bien como dicen gente como el señor Abraham, que es a la única persona a la que le tiene pelota, Elías es el típico chico que se nota que es un Olvidado, la gente dice que incluso ya estaba muerto antes del primer mes de vida en la tripa de su madre, y que por eso es tan parecido al ejemplo de los verdaderos y antiguos Olvidados.
Hay que admitir que físicamente, es el retrato perfecto, pues con esa cara fina, alto y delgado pero fuerte y de hombros anchos, con esa mirada fija y castaña, que da miedo si te mira fijamente, y con esa piel tan clara... es la viva imagen de las antiguas familias Olvidadas. En cambio, todo el mundo sabe que ese muchacho es hijo de dos humanos, y que, por pura suerte, consiguió el don que posee. Otros dicen que no existen las casualidades, y que tuvo que haber una razón para que las cosas salieran así.
De actitud, es un verdadero gilipollas, siempre intentando sacar la peor parte de ti, siempre haciéndose el poderoso, fuerte y rápido, ágil y muy inteligente para ciertas cosas que tengan que tratarse de historia.
Pero, para Ainhoa, Elías no tiene ni pizca de inteligente.
Elías continua andando con una sonrisa maliciosa mientras que Ainhoa intenta no sentirse avergonzada ante el resto del mundo por ir al lado de tal chico.
¡Pero es que era el único que la podría ayudar!
Porque, Elías tiene tan solo UNA cosa buena, y es que es muy teatral y sabe cómo hacer para manipular a la gente de la manera que él quiera.
-¿Entonces has roto un instrumento de los poderosos y ahora vas ahí para dejar uno falso y a averiguar dónde ha acabado el otro?
Ainhoa, no le ha dicho toda la verdad, pero es que confiar en él le cuesta mucho, por no decir que se le hace imposible.
-¡Sí! -exclama ella enfadada. -¡Y cállate! -añade en seguida.
-Oye, si te me pones así yo no te ayudo, ¿eh? que encima lo hago sin recibir nada en cambio, por lo que a la mínima, rebelo tus intenciones.
-Eres un capullo.
-Me lo dicen muy a menudo.
Ainhoa aprieta los puños e intenta controlarse, ¡pero es que no puede! ¡es tan insoportable que le dan ganas de encontrar la manera de hacerle mal y vengarse de él hasta encontrar la manera de matarlo y hacerlo lentamente!
-A mí no me mientes, Pequeña Bruja. -comenta de repente Elías.
-Conmigo no te metas, pequeño gilipollas. -responde Ainhoa enfadada.
-¿Pero qué quieres que haga si sé que no me cuentas la verdad?
-¿Y cómo sabes que no te digo la verdad, so-listo? -contraataca Ainhoa, desafiante.
-Porque, aunque no te lo creas, es muy fácil saber lo que piensas, pequeña bruja, y si me pides algo es porque sabes que estás perdida, aunque no lo reconozcas, además, ¡tú jamás cogerías algo de los poderosos porque te parecen ridículos y vomitivos!
Ainhoa sabe que lo que Elías acaba de decir es verdad, pero hay algo que la cabrea todavía más que lo de que la haya pillado:
-¿Pequeña Bruja?
-Es lo que eres, Niñata.
-¿Niñata?
-¿Quieres que te describa más?
-¡No me llames así, gilipollas!
-Si te molesta, ten en cuenta que te llamaré Pequeña Bruja y Niñata hasta el fin de tus días, Pequeña Bruja-Niñata.
Ainhoa aprieta los puños, le daría ganas de darle un puñetazo, ¡qué idiota ha sido a la hora de pedirle ayuda!
-Bueno, Pequeña Bruja, a lo que íbamos, ¿cuál era el plan?
-Pues tú entras y convences a Abraham para que te consiga esos planos que yo necesito y mañana me los da.
-Demasiado simple...
-¿Y qué pasa con la simpleza, so-listo?
-Que viniendo de ti, se lo esperarán. Además, tampoco es tan complicado.
-¿Y qué tenías pensado si posible es que me lo cuentes, señorito Elías? -se burla Ainhoa, enfadada.
-Un plan mejor, desde luego que es, señorita Bruja. -contesta hábilmente Elías terminando de enfadar por completo a Ainhoa, mientras sigue riéndose maliciosamente por burla a Ainhoa y mientras que mira desafiante el ayuntamiento: se le acaba de ocurrir el plan maestro de todos sus planes maestros.

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