domingo, 8 de septiembre de 2013

Capítulo 3

¿Cómo se puede saber si has metido la pata por completo? En ese momento en el que te encuentras en un lugar todavía más negro en el que antes vivías, en una pocilga, un lugar donde la gente se pudre, y con los años, desaparece como tal Olvidado que es de la cabeza de los demás.
Para Ainhoa, en cambio, ese es un lugar precioso que muestra entre las piedras y las firmas de los presos desesperados, la historia de Daemón, la dura historia de los marginados que nadie recuerda.
La magia desapareció de la tierra hace mucho tiempo, como en las frases que en todas las películas y libros pueden aparecer, pero la de Daemón, la magia más rebelde de todas, se quedó encerrada en un mundo paralelo que obligatoriamente los poderosos necesitan para liderar entre los débiles.
Así es el mundo.
Unos viven con privilegios, otros las pierden, e incluso unos últimos, nunca los conocen y viven entre ratones pidiendo dinero en la calle.
Injusticias de la vida.
Mira a la derecha, una chica con el pelo rubio oscuro y largo, liso, muy liso, extraño entre los Olvidados, pues están acostumbrados a pasar desapercibidos, con los ojos castaños y la piel muy clara, bastante alta y delgada, se muestra delante de una de las celdas, quieta, como un perro guardián que espera en la tumba de su antiguo dueño con la esperanza de que vuelva.
Por lo menos, eso no le extraña a ella, pues esa es la chica a que todas llaman Perrito por lo pelota que puede llegar a ser o más bien parecer entre los poderosos.
Su verdadero nombre, Enara, no lo usa casi nadie, menos los poderosos, pues los motes les parecen absurdos, y se creen más que los demás, por lo que entre ellos, de padres a hijos se ponen nombres largos que a veces pueden sonar tremendamente feos.
Ainhoa siempre ha sido una de las débiles, por la simple razón de ser huérfana, pues de su madre no sabe nada.
Un grito desgarrador llega a los oídos de Ainhoa, acostumbrada junto al resto de los débiles, pues son muy comunes entre los que 'infringen las leyes'.
Se supone que el padre de Ainhoa fue uno de ellos, uno al que rápidamente mataron en una muerte rápida, pues no se merecería seguir vivo, o muerto.
Solo hay unas ciertas maneras de matar a un Olvidado, y ningún débil lo sabe, solo los poderosos tan poderosos que heredan su poder de familia, aquellos que jamás van a poder salir ni entran de la junta de poderosos, pues ellos son parte sí o sí, son hereditarios de ese poder.
Ainhoa ha tratado de experimentar con la muerte de verdad, en aquella que no sientes nada, algunos la llaman suicida, pero tiene su razón: quiere destruir el secreto que los poderosos han guardado hasta ahora.
Perrito ni se inmuta por los continuos chillidos de dolor, sigue con la mirada fija en los barrotes de la celda que tiene delante.
Le gustaría decirle que son compañeras, pues por dentro puede llegar a ser sensible, a pesar de que lo intente no mostrar delante de nadie, pero no puede, ella es como los poderosos.
O eso es lo que siempre muestra.
Le gustaría saber si ellas dos tengan en común lo que son y lo que quieren aparentar, pero se le hace demasiado difícil pensar a una Perrito sensible, llorona, miedica, bastante lista... Muy pero que muy difícil, así que como su prima es de esa manera, aunque muestra ser valiente intentando ser parte de la compañía, sabe que no va a durar y que volverá pronto, llorando y replicando que le dejen volver. Así es Vida.
Perrito gira la cabeza y las miradas de las dos chicas, la de los ojos castaños y color miel, se encuentran en unas miradas fijas y un tanto violentas.
Parece una pelea, y ninguna de las dos piensa abandonar dejando que la otra gane, seguro que su cabezonería no cambia de ninguna manera.
En cierta manera, todos los Olvidados son muy cabezones, pero solo lo muestran con los de su 'clase', si así se permite decir.
-¿Qué miras? -pregunta una voz grave y anciana desde la otra parte de la celda.
-Nada, abuela, tranquila, me parecía ver algo. -se excusa la chica ante su anciana abuela Margarita.
¡Aquella sí que es una mujer que aparenta ser viva! Es igualita que su nieta menor. Compasiva, amable, simpática, alegre, risueña, bastante sensible a pesar de tener algo de carácter, (según unos dicen), un poco valiente... pero la señora Margarita, físicamente, quien lo diría, era igualita que su nieta mayor, y seguro que Perrito, de mayor, se parecerá a su abuela.
No sabía que estuviera presa, pero la muchacha parece preocupada, para dejar su cabezonería de lado y prestarle atención a su abuela... debe de ser algo muy grave.
Ya se lo preguntará a Irati, esa chica se sabe los cotilleos de todo el mundo incluso antes de que salgan a la luz, la ventaja de tener privilegios con los poderosos de Daemón.
Perrito saluda a su abuela, quien le da un beso en la mano bien elegantemente mientras que sus ojos empiezan a ser cada vez más cristalinas, dando indicios de que va a empezar a llorar, pero es una chica fuerte y los reprime y sube las escaleras de madera medio rotas corriendo.
Ainhoa no duda en salir corriendo detrás de ella, pero subiendo las escaleras con cuidado, si es la culpable de romper un solo escalón, los poderosos son capaces de meterla en la cárcel e impedir la expedición a la tierra de los vivos.
Cuando, agotada por las doscientas escaleras que acaba de subir, se sienta en la silla de madera para respirar un poco, no se da cuenta de quién está a su lado.
-Hola. -la voz de pito le llega aguda a sus oídos.
-¡Perrito! -exclama al mirar hacia la derecha.
-Si quieres hacer la expedición a la tierra de los vivos más te vale que comiences a llamarme Enara, o te impedirán la visita de los cuatro meses. -comenta seria como siempre la muchacha, sin expresar ni un solo sentimiento.
-Me ha extrañado que me hables, ¿vale? -pregunta con un tono un poco desagradable Ainhoa.
-Bien, Miss Simpatía, quieres saber por qué está mi abuela en la cárcel, ¿si o no?

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