lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 4

Ainhoa marcha a casa, cabizbaja, le acaba de extrañar toda la historia que Perrito... Enara, le ha contado sobre lo que pasa en su familia, le da mucha pena, ella nunca sufrirá eso, sobre todo porque la única familia que le queda es la vieja casa de madera que se encuentra al lado de la única chica que se digna de hablarle, al parecer.

Hace unos minutos.
Ainhoa mira a Perrito asombrada, no se esperaba aquello de ella, es una chica bien seria que no cuenta los problemas que tiene a la demás gente.
-Pues...
-Sé sincera, odio los falsos, en serio, estoy dispuesta a contarte la verdad, después de todo, sino, la cotilla de tu amiga...
-Vecina. -le corrige Ainhoa.
-Pues entonces la cotilla de tu vecina te contaría el por qué, no hay momento en que no esté callada.
-En eso, increíblemente, coincido contigo, Perrito.
-Enara.
-¡Enara! -un silencio un tanto incómodo para Ainhoa se alza sobre ambas, Ainhoa piensa un poco en si decirle que sí y contarle la verdad o decir que no, pero le sabe mal después del esfuerzo que está haciendo decirle que no. -Pues sí, quiero saberlo.
-Mi abuela está en la cárcel por supuestas infracciones que se tratan de exploraciones a la tierra de los vivos sin permiso, contrabando de informaciones con la Asociación de Mágicos, es decir, la ADM... es decir, chorradas. Además de ello creen que ella es una viva de verdad que se hace pasar por muerta para luego chivarse a la ADM, o ser simplemente una Mágica espía o algo parecido. Están chalados, aunque mi abuela lo está todavía más, es una suicida.
-¿Qué? -Ainhoa no se cree lo que oye.
Creía que la vida ya era suficientemente dura como para ahora pensar que la vida de los demás está todavía peor, hay cosas que uno no experimenta hasta que le tocan, como los errores, que como los vivos dicen es mejor vivirlos uno mismo y aprender del error, entre los muertos, el error de los más pequeños te puede dejar sin manos.
-Mi abuela ha admitido todo lo que han dicho, menos lo último, afirma ser una gran Olvidada.
-Eso es horrible. -exclama Ainhoa.
¿Margarita admitiendo que es una medio traidora desde hace mucho tiempo? Eso no es posible, sobre todo porque, en ese caso, con lo protectora que es, dejaría solas a sus dos únicas nietas que tiene, a las dos que adora con locura. Llega al punto de que le está tomando el pelo. Pero si Perrito ya es seria en sí, ahora da miedo con lo seria que se ha puesto, no miente, eso seguro.
-Sí. Todavía peor es que ella no es una mentirosa.
-Ojalá lo fuera, para que esto no se lo creyeran.
Perrito, (Enara, lo siento), sonríe, es la primera vez que le ve sonreír, no es fácil ver a un Olvidado hacerlo, a menos que pases por delante de Viva.
-¿Sabes quién dice lo mismo? Nerea. Ahora mismo le están haciendo pruebas.
-¿Pruebas? -pregunta incrédula Ainhoa.
-Sí, para saber que ella no forma parte del plan de la abuela Margarita, a mí me los harán más tarde, pues yo soy... ¿cómo decirlo? ¿más fiel a la muerte?
-Eso sería lo adecuado para describirte en este caso. La verdad es que no me lo esperaba, y todavía menos que me lo dijeras a mí... con el odio que me tienes.
Perrito suspira, como si Ainhoa no hubiera entendido nada de las intenciones de la otra chica, pues ella, como bien ha dicho, quiere que la llame Enara, pues su convivencia comenzará dentro de casi una semana, un poquito más.
-Lo sabrías de todos modos, y, además, necesitaba desahogarme con alguien quien no fuera mi prima, la más cercana ahí abajo eras tú, de mi edad, sin padre, con un problema parecido.
-Has pensado que te entendería.
-Sí.
-Pues algo en lo que no has pensado antes es en ofrecerme ayuda, algo que me duele un poco, cuando te conviene y cuando te conviene...
-No te cabrees, eres una de todas las personas que se mete conmigo llamándome Perrito o cualquier otra cosa, no veo la diferencia entre las situaciones, porque, si te fijas, lo que me estás diciendo es que te debí ofrecer ayuda cuando tú me insultabas, eso no va así mona.
-Ya, también.
-Bueno, gracias por todo.
Entonces, el momento más incómodo de todos, Perrito la ha abrazado... ¡a ella! ¿Cómo es posible que dos enemigas de repente puedan darse un abrazo en un momento? Incómodo de narices.
Un tanto largo y desagradable, pero consiguen separarse sin decirse nada, entonces, Perrito, se levanta y se va, con su típico aire glorioso.
Ainhoa se levanta, enfadada con el mundo, como siempre, y se dirige como puede al único lugar donde es ella sola, sin molestias, ni errores, ni nada, se dirige a su casa de madera del árbol que su padre le hizo cuando era niña, un lugar donde ella pone sus propias reglas.

Cuando llega al árbol no tarda en meter las manos en los bolsillos para buscar la llave de la casa del árbol, pero no la encuentra.
Mira en sus pantalones, pero imposible, alguien se las ha robado, pues recuerda exactamente que esa misma mañana se las ha metido, pero...
¡Perrito!
¡La muy cabrona le ha robado las llaves de la casa del árbol y en vez de eso le ha dejado...! ¿Un trozo de papel?
Lo abre y observa las palabras que ponen en él, en una letra muy pequeñita, que por la oscuridad no consigue leer bien, pero al final, consigue descifrarlo:

Sí, tengo las llaves de tu casa del árbol, supongo que estarás furiosa, pero he estado practicando con Nerea para conseguir hacer esto. Las llaves te las cambio por un favor, pero para saberlo tendrás que quedar mañana a las diez de la mañana en la misma casa del árbol. Enara.

¡Joder con la tía! Sabía que esa quería algo, ¡lo sabía! Pero en parte, siente curiosidad por el favor que ella le puede hacer a Perrito...

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