lunes, 16 de septiembre de 2013

Capítulo 6

Las velas se apagan y todo se vuelve oscuro, ya llegado la hora de levantarse, y Ainhoa, se siente como nueva.
No sabe exactamente que hora es, pues el único reloj que hay en Daemón se encuentra en la casa donde los poderosos se juntan durante el día y la noche, es una especie de casa para todos ellos.
No consigue doblar la espalda, pero basta con estirarse un poco para que los huesos dejen la Curación, así es como se le llama a la hora de dormir ahí.
Nunca se acuerda de en qué hora pone las velas, siempre funcionan igual, y es que la poca luz con la que iluminan la vieja casa de madera de Ainhoa se esfuma cuando ella menos se lo espera, siempre a distinta hora.
Se desviste tirando la ropa sucia de la Curación al cubo de madera lleno de agua que se encuentra junto a la tabla que usa como cama.
Busca una caja de madera cubierta por dentro y por fuera por una tela que no deja traspasar la humedad y busca alguna ropa.
Como siempre, coge los pantalones negros y la camiseta gris y se hace una pequeña coleta con el pelo que puede para que no se le enrede entre los árboles del bosque y sale de casa para ir a la casa de los poderosos.
A menos que quiera conseguir las llaves de su casa del árbol tendrá que hacer algo que nunca pensó en hacer.
No tardé en enterarme de la última de las noticias, Margarita va a someterse a un juicio cerrado donde solo los poderosos podrán votar si seguirá con vida en una celda hasta que muera o directamente, sea arrojada a los perros carnívoros.
Así es como mueren los que los poderosos piensan que son indeseados.
No tarda más de cinco minutos en llegar a la gran torre del reloj que se encuentra en la casa, la aguja más grande está en el nueve mientras la pequeña se pose entre el camino del nueve al diez, por lo que ha aprendido, cuando la pequeña se posa en un número y la grande se encuentra en el doce, es cuando es la hora exacta, y no falta demasiado para que llegue el turno del diez.
Es una de las cosas que ella misma ha aprendido con el tiempo, pues todas las demás horas no sabe de qué se tratan, es algo normal entre los Olvidados.
Solo los poderosos tienen el privilegio de saber exactamente de qué trata en cada hora, son los más inteligentes de todos, eso ya se sabe.
Pasa entre las hojas de los primeros arbustos que se encuentran a la derecha del sendero lleno de barro.
Intenta secarse un poco sus finos zapatos en la húmeda hierba y entra en el bosque donde ha pasado prácticamente toda su infancia, la conoce tan bien como la palma de su mano.
Fue su padre quien le enseñó los secretos de aquel bosque que siempre estaba cubierto de una niebla que te dejaba ver con esos ojos oscuros, pero que a veces te impedía respirar demasiado bien.
Coge mucho aire para no ahogarse y se mete entre la niebla y los árboles, atravesando la parte donde la niebla es más espesa, de ahí en adelante, continua normalmente con su camino, sin problemas de vista ni respiratorios.
Al fin y al cabo, uno se va acostumbrando a la oscuridad.
Llega a un árbol en la que sus raíces sobresalen del suelo, dando una forma como una especie de silla donde ella siempre se sentaba de niña, pasando hacia la izquierda, anda durante un kilómetro y esta vez gira a la derecha durante poco tiempo.
De ahí, aparece el árbol más grande del bosque, con una estrella marcada con una piedra, se dice que lo hizo la Viva, para darle un poco de alegría al triste árbol, o eso es lo que la gente dice.
Toca la estrella y coge el camino de la punta que va a dirección de la izquierda, para andar durante dos metros, mira otra vez a la izquierda y enfrente de ella, se encuentran la casa del árbol y la Viva, con su siempre habitual sonrisa.
-Hola. -saluda la muchacha alegremente, ligera como una pluma.
Ainhoa, en cambio, la contesta con un brusco giro con la cabeza, como diciendo 'qué pasa', mientras que avanza sin ganas hasta la muchacha del pelo castaño con reflejos dorados.
-¿Qué es lo que tengo que hacer a cambio de las llaves de la caseta? -pregunta sin rodeos la chica de los ojos de color miel preciosos que no van para nada con su personalidad.
-Antes tienes que hacerlo y prometerme que me escucharás hasta el final, por favor. -responde ella con una dulce e irritante, (para los Olvidados), sonrisa.
-Bien. -contesta ella, pues la pequeña Vida no es una mentirosa.
Pero tampoco es que le haga gracia hacer caso a una chica que protesta porque no le gustan los colores de su pueblo, sonríe eternamente y no muestra su don al mundo. Y además de que no le haga gracia, le da mucha rabia.

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