lunes, 23 de septiembre de 2013

Capítulo 7

No se cree que es lo que va a hacer, ¿de verdad que se va a arriesgar a esa peligrosa misión en la que seguro que sale perdedora? Mucha gente no apostaría por el 5% de posibilidades de vencer y que no te maten de la manera que ellos solo conocen.
Pero deberá confiar en las palabras de Vida, quien todavía no le ha dicho que la llame por su nombre, lo que es buena señal, no quiere nada... pero, pensándolo bien, en Vida se puede confiar, y aunque ella misma ni nadie más quiera admitirlo, es la mejor persona de todo el mundo de los muertos-vivos, Olvidados.
Le debe un punto de confianza, además, ella también tiene ventajas.
Margarita es la única que puede ayudarlas a ellas tres a la vez, y probablemente, también a todos los que saldrán a la luz del Sol que no aparece en su tierra desde hace tantos años que ni siquiera se acuerdan... pero, ¿serán capaces de sobrevivir en tal mundo cruel?
Entra en la casa de los poderosos y desciende por las escaleras hasta llegar a las oscuras y húmedas celdas. Puede que ya en sí el mundo tenga esas dos cualidades, pero es que además, las celdas, doblan por mucho esas verdades de las tierras.
-Nombre del preso y número de celda. -dice corriendo el señor Abraham, quien se conoce que está amargado de la vida desde siempre, bueno, más que de la vida de la muerte.
-Margarita, celda número cinco.
El señor Abraham, sin demasiadas ganas, con su típica cara de estreñido y sin ganas de nada, le da el paso a la muchacha.
La mujer, bien grandota y robusta, parece ahora un palillo capaz de romperse en cualquier momento, en el menos esperado, se nota que no se Cura desde hace bastante tiempo, probablemente cuatro días, los dos que sabe que lleva en la celda y dos más quién sabe de qué.
-Hola. -la saluda con un hilito poco común ella, pues siempre tan valiente, siempre tan fuerte sin expresar un sentimiento alguno, aquella mujer ha hecho que vuelva a la realidad por la que siempre lleva luchando contra los poderosos: la injusticia.
-Hola... ¿tú eras...? -pregunta la mujer con una voz abatida, que muestra su falta de Curación, aquel con el que un Olvidado se debilita.
-Ainhoa. Usted era quien me enseñaba las técnicas para recordar mejor los trabajos. ¿Recuerda? La piedra tan dura como su padre.
-Lo siento, cariño, no sé ni por qué razón estoy aquí, no recuerdo nada... pero es un placer volver a conocerte y verte, Ainhoa.
-Igualmente.
Aunque para ella no es ni siquiera un placer, si Ainhoa teme a algo es a ver los estados que suelen tener los presos, a pesar de hablar todas las semanas con Gustavo, el hombre de la celda doce, el único destinado a pasar nada menos que ochenta años en prisión por saber el mayor de los secretos, el hombre al que Ainhoa visita por la razón de conocer el secreto, algo que le puede costar la segunda vida que se le entregó por mala suerte, pero ella no teme a eso.
-¿Querías algo, hija?
Ainhoa mira a la derecha e intenta encontrar alguna razón para que el amargado de Abraham no preste atención a lo que ella esté hablando con la abuela de las primas raras.
-Perdona, Abraham, creo que a Margarita le vendría bien aunque sea limpiarse la cara, pues no distingo bien nada, y además, va a terminar muerta, podría darle un último regalo.
-Eso no se hace con nadie.- contesta seco el hombre, alarmándose por las palabras de la muchacha.
-Por lo menos podría darme la mano, quiero darle todo mi apoyo. -dice sin rodeos, pues piensa hacerlo de todas formas, sino, ¿cómo va a conseguir cumplir con su promesa?
-Supongo que si ella te contagia algo no será culpa mía, pues muchacha cabezota piensas hacerlo de todos modos, así que no te pienso decir que no. Ojalá te pudras en una de estas celdas algún día, eso es lo único que te deseo, sucia.
'Sucia'.
Por alguna razón, así es como la llaman en amargado de Abraham, todos y cada uno de los poderosos e incluso a veces, algunos de los pijillos listos que se creen los mejores sin tener siquiera un don especial, pues ella está indefensa en ese caso, pues es como si no poseyera poder alguno.
-Dame la mano, Margarita.
La chica estira la mano por la oscura y oxidada celda mientras que la mujer estira su huesudo y débil brazo para obedecer a la joven.
Ainhoa cierra los ojos y dice una sola palabra: 'Memores', y con tan solo pensar lo que quiere, su puño cerrado brilla débilmente.
-Gracias y todo el apoyo desde mi parte, Margarita.
-Gracias, cariño.
Ainhoa sale corriendo de las celdas y se dirige a la parte trasera, donde abre la mano para descubrir una preciosa piedra azul oscura y brillante ante sus manos, la que le ha dado Vida, y la que con una mala racha de viento, se cae y se rompe en exactamente catorce trozos que el viento se lleva a unos lugares desconocidos ante el Sol de un nuevo día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario