martes, 24 de septiembre de 2013

Capítulo 8

Hace unas horas antes del accidente.
-¿Qué es lo que querías? -pregunta con poca educación Ainhoa.
A Viva, en cambio, no le molesta en absoluto, pues por su brillante mente se dirige un fantástico plan para poder conseguir lo que ella y su prima quieren, y Ainhoa, es el objeto al que más tarde, darán su premio por el trabajo, pero, para ello, necesita hacer bien las cosas.
-Te quiero a ti. -contesta hábilmente la muchacha a la mirada de rabia y curiosidad de la otra.
-La pregunta la he dejado clara, ¿qué quieres de mí para que tú y tu prima me dejéis en paz hasta que dentro de cinco días tengamos que volver a vernos por desgracia?
-Esto no es por mí, ¿sabes? -responde por fin Viva a las faltas de respeto de Ainhoa.
-¿Y por quién es entonces?
-Parece mentira que te tengan como una de las mentes más brillantes de todas, simplemente, tienes mente rebelde, algo que no va demasiado con la inteligencia. En fin. No iba para mal.
-Me sigues sin contestar, ¿para quién es entonces esto?
-¿Para quién va a ser? ¡Para la estúpida ADM! ¡Tienen que salvar a mi abuela! ¿Es que no lo ves?
Viva se pone seria, jamás la había visto así. Seria, rabiosa, manipuladora... pero sobre todo, nunca habría imaginado aquellas palabras saludas por su boca.
Levanta con agilidad una de sus cejas en su morena y extraña piel y hace que la rabia inunde a Ainhoa, ella sola acaba de fastidiar la oscura y horrorosa mañana a Ainhoa.
-¡ERES UNA...! - empieza a explotar Ainhoa, quien es de poco aguante.
-¡Calla! -corta la otra bajando su ceja.
En su rostro se dibuja una gran sonrisa y en ella, se muestra su gran bondad de siempre, mientras que al ver la cara de enfado de Ainhoa, se vuelve en una carita de lástima.
-¡Perdona, perdona, perdona, perdona, perdona! No quería enfadarte, solo quería quitarle hierro al asunto, y creía que bromear era lo mejor para ello...
Viva se acerca corriendo a ella y le coge de las manos mientras que muestra una tímida sonrisa. Ainhoa, desesperada pero a la vez aliviada, hecha aire.
-Por tercera vez, ¿qué es lo que queréis tú y el bicho de tu prima?
-Recuerdos.
-Explícate o no te entiendo nada.
Viva coge aire, mal asunto.
-Porque sabemos que nuestra abuela esconde algo entre sus recuerdos que jamás nos ha dicho y ahora se va a morir por ellos pero si nosotras los conservamos podremos verlos y podemos seguir con lo que ella siempre quiso que hiciéramos.
Ainhoa, con cara de alucinada, mira a la muchacha coger aire. Lo ha echado todo de tirón, parece que ha estado mucho tiempo ensayando para hacerlo, pero, conociéndola, apenas habrá estado un minuto en buscar las palabras adecuadas.
-Resumiendo, que necesitamos los recuerdos de mi abuela porque Enara se ha empeñado en algo y yo la creo.
-Eso tiene más lógica. -comenta Ainhoa. -Pero, ¿qué esconde vuestra abuela para que Perrito...?
-Enara.
-¿Para que Enara muestre tanto interés?
-No sé, pero si algo sé de ella que pocos saben, es que si se empeña en algo, tiene sus razones, a pesar de que gente como vosotros se piense que es por puro capricho y pelota a los poderosos.
Ainhoa vuelve a coger aire. Con ella siempre se le hace imposible. Siempre tan alegre, tan correcta, tan bien pensada de todo el mundo, intentado hacer de Daemón un lugar mejor. Y esa no es la naturaleza de un poderoso, por lo que para ella, es más bien algo por lo que intentar no enfadarse.
-¿Y qué ganaría yo?
-Tus llaves de la caseta.
-Sé que aunque no vaya a hacerlo me darás las llaves, por lo que seguid con vuestros estúpidos planes sin mí.
Viva le muestra un mineral azul precioso que incluso para los ojos de un Olvidado que muchas veces es incapaz de sentir, muestra todo el valor.
-Por favor... -pide Viva.
-No ganaría nada, además, me las ingeniaría para hacer cualquier cosa para entrar en la caseta.
Ainhoa se da la vuelta y comienza a irse.
-¡Espera! ¡Te diré todo lo que sé sobre unos recuerdos!
-¿Y qué me importan a mí esos recuerdos?
-Lo harás, porque esos recuerdos tratan de tu padre.

En un lugar desconocido para los Olvidados.
Vuelve a casa en bicicleta, como todas las tardes, pues no ayuda mucho que su madre tenga tanto trabajo y que su padre abandonara a su madre por otra mujer cuando él era bien pequeño.
Pedalea con fuerza. Odia las vueltas a casa. Sobre todo en época de exámenes finales. No tiene tiempo de hacer nada que le guste.
Pedalea y pedalea por un Sol que casi nunca se muestra así, de tal manera en la que está sudando a chorros.
De repente, un obstáculo en el camino hace que el muchacho se caiga y se haga una herida, pero por arte de magia, la herida se cura instantáneamente y no siente dolor alguno.
Mira a lo que ha hecho que se tropezara en un camino, una piedra misteriosa que debe de haber hecho que sus heridas se curen: una piedra azul, brillante incluso en las sombras y debajo del sol, un trocito roto de una preciosa piedra.

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