viernes, 27 de septiembre de 2013

Capítulo 9

Un soplo de viento frío, como en todas las mañanas, entra por la ventana de Ainhoa y las velas se apagan, como si estuvieran programadas para cuando ese viento entrara por la ventana.
Respira hondo y se sale afuera de su viejo jardín y piensa en que todavía no ha hablado con Viva ni con Perrito, ni falta que hace con esta última, no solo ha metido la pata en su misión, si no que la única persona que podría hablarle de su padre no tiene recuerdos y va a morir definitivamente. Ya no tiene nada de nada.
De repente, se acuerda de a alguien que la verdad, no ha echado mucho en falta, pues la cotilla de Irati a veces llega a atosigarla demasiado.
Faltan tan solo unos cuatro días para que marchen a tierra humana con vida alrededor de ellos, y por si fuera poco ha metido la pata hasta el fondo.
-¡Hola, vecina! -chilla eufórica Irati desde el otro lado de la valla rota. -Ayer no te vi en todo el día, ¿dónde estuviste? -pregunta curiosa.
Ainhoa se deprime al escuchar esas palabras, ya que estuvo toda la tarde evitando a las primas raras e intentando buscar los dichosos trozos de piedra azul que había perdido tan solo momentos antes. No paró ni en un momento, y eso le ha pasado factura, pues ha tenido que someterse a más tiempo de Curación y se ha perdido toda la mañana.
-Dando vueltas por el bosque. -suelta Ainhoa.
Desde luego aquello fue verdad, estuvo dando vueltas en el bosque, pero también en el resto del pueblo, y no encontró nada.
Irati levanta una ceja y la mira con una cara divertida, que en su idioma, (que Ainhoa y pocos han ido conociendo poco a poco, significa que sabe que miente).
-Oye... ¡mejor no me preguntes! -exclama Ainhoa.
Ahora Irati levanta las dos cejas, lo que significa que sabe que Ainhoa quiere algo de ella, y lo piensa descubrir tal y como sea posible.
-Vale, te lo pienso decir, ¡pero deja de mírame así! -exclama al final Ainhoa, furiosa. -¿Sabes a qué hora van a matar a Margarita?
-¿Así que ya lo sabes?
-No... ¡Sí! ¡Joder! ¡Que no eres la única que lo sabe! ¡Nunca lo has sido!
Esas palabras le llegan a Irati a un rinconcito muy fondo de su pecho, donde se suponía que debería de encontrarse si estuviera viva su corazón. Un nudo en la garganta impide que diga una sola palabra más y se defienda delante de Ainhoa.
Unas lágrimas se avecinan ante los ojos azules y extraños de la muchacha, que destacan, pues las lágrimas de un Olvidado, que tiene unos poderes curativos increíbles y que pocas veces se derraman, son de color negro.
Irati se va corriendo, quién sabe a dónde, pero la comprende, a ella también le pasó miles de veces antes de llegar a la conclusión de que sólo los débiles lloran.
En esos momentos te sientes vulnerable, y la gente se ríe de ti, pues solo los valientes Olvidados saben llorar con la cara a descubierto, en cualquier lado, rodeados de gente o no... y hay muy poquitos de ellos en Daemón.
La Viva, como se espera, es una de ellos, y a pesar de llorar poco, le da igual cuándo y dónde llore, pues son sus lágrimas, necesarias para la Sanación, pero que hacen mal a sus cuerpos si se acumulan demasiados, te debilitan.
El otro que llora siempre delante de los demás es el bueno de Leo con su perro ciego, quien se lo tomó muy en serio a la hora de saber que se lo podía quedar, pues todavía estaba vivo cuando lo encontró en Daemón, algo muy extraño. Vagabundeaba por las sombras, medio muerto, pero Leo, sin saberlo, lo salvó de su muerte, esa es la razón por la que el perro esté ahora ciego.
Vuelve a estar sola, y por si fuera poco, la ha vuelto a cagar, se siente enfadada con ella misma, con el mundo... pero, sobre todo, como siempre, con los poderosos, y ella sola, se tiene que empezar a dirigir al ayuntamiento-casa de los poderosos.
Pero hay algo que todavía le sigue sin encajar, ¿cómo puede sacarles la información a los poderosos si la odian?
Y para ello tienen tres razones: la primera, que sea la hija de su padre, segunda, que tenga las mismas ideas que su padre, y la tercera, que siempre se dirige a las celdas para idear el plan de sacar a los presos por injusticias, por culpabilidad del asesinato de su padre.
Siempre ha sido insistente y pesada con la misma cosa, y todos lo saben.
Es muy duro.
Ve la torre del reloj sobresalir por una larga hilera de casas de madera en mejor estado que las del exterior, donde vive Ainhoa: cuanto más para el interior de Daemón vivas, mejores condiciones tiene tu casa y más 'rico', se supone que eres.
Tuerce a la derecha, pues, por ese lado el camino al ayuntamiento es más fácil y no tiene que atravesar miles de lugares para llegar, además, ahí, está la casa, donde la gente se va a llorar, y quiere evitar encontrarse con Irati, ¡a veces es tan pesada!
Cuando llega hasta le otra punta de las casas estables de madera buena, se encuentra con una vieja chabola, un poquito en peor estado que las que acaba de pasar.
Sabe dónde se encuentra.
Sabe de quién es la última casa estable.
Sabe por qué debe de entrar en esa casa estable.
Sabe quién estará dentro a esas horas.
Pero no se atreve...
A pesar de saber que es la única persona de todo Daemón, que aparte de Irati, puede ayudarla a conseguir lo que se propone en el ayuntamiento, un plan que ella misma acaba de idear en el camino.

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