martes, 1 de octubre de 2013

Capítulo 11

Querido hijo:
¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo está tu madre? ¿Qué te cuentas?
Yo mismo te contestaré a esas preguntas desde mi punto de vista.
Yo me encuentro regular, las alcantarillas han empezado a oler un tanto mal por la peste del gran Roberto, a quien no le culpo, de hecho, porque está de nuestro lado, pero, es que además de eso, los mareos entre los rebeldes crecen rápidamente.
Mi madre... la verdad es que yo no la conocí jamás, y por eso creo que tú tienes suerte de conocer a ambos de tus padres, a pesar de que no conozcas en persona a uno de ellos.
Y lo que yo me cuento es que estoy preocupado por ti, no recibo noticias tuyas, y me esperaba, que por lo menor, me pudieras escribir una carta cortita para decir que saliera de tu vida o algo... el silencio me duele más que la verdad, ¿sabes? porque, aunque no te lo creas, los Olvidados tenemos sentimientos, muy pocos y que muy pocas veces aparecen en nosotros, pero, bueno, la cosa es que pienses lo que pienses de mí, también tengo sentimientos... a pesar de que me falten el corazón y los demás órganos.
¿Te he dicho algo antes sobre los rebeldes y alcantarillas?
Que yo sepa todavía no te he hablado de ellos.
Yo, tu padre soy parte de la Asociación de Rebeldes que Luchan Contra la Injusticia, la ARLCI, para todos nosotros.
Y supongo que podrás preguntarte ¿y qué es eso?
Pues bien, te lo explico. Se trata de una rebelión, así de simple, contra los poderosos, quienes siempre se están pasando de la raya y a los que les tengo un odio terrible, no podría explicar sus males en palabras, pero es que me duele tener que esconderme en una alcantarilla a esperar al momento adecuado para atacar y no plantarles cara ahora.
Soy bastante impulsivo, y me viene bien tener compañía como la de Roberto 'el Peste', 'Abuela', Osvaldo 'el Triste' y Evelio 'el Cremas'.
Sí, nombres curiosos y horribles, pero es que entre nosotros no hay nombres, simplemente, están los motes por una curiosidad nuestra.
Yo soy 'el Niño'.
Simplemente porque soy un culo inquieto y siempre tengo que estar haciendo algo, además de eso, la gente dice que tengo cara aniñada y recibo también ese mote por ser el que menos experiencia tiene en esto de ser Olvidados, pues yo crecí en otra cultura donde todo era tan distinto y ahora saber que no soy parte de ella... se me hace complicado acostumbrarme.
Hay que decir que vale, no son la compañía más bonita que se puede tener, pues nadie se acerca al Peste, por la simple razón de que apesta como nadie, (lo peor es que la peste no se va), tampoco es muy agradable estar con el Triste, porque, además de ser Triste, también es el más negativo y el que siempre consigue bajarnos la moral a todos, también está el Cremas, quien siempre está con sus cremas y sus pociones para cualquier tipo de enfermedad que se coge cada día.
Y sí, los Olvidados cogemos enfermedades, como mucho una o dos al año, pero el Cremas es la viva imagen de que pueden existir excepciones.
Ese es mi grupo y siempre estoy con ellos, pues nadie quiere al novato, nadie quiere ser su maestro y nadie quiere ser quien cargue sus culpas después de lo que hace mal... todos menos, por suerte, la Abuela.
Es la única mujer de todos nosotros, pero también la más mayor, que yo sepa tiene ya setenta y cinco años de muerta, mientras que entre los varones, probablemente, el que más edad tendrá será 'el Papá', con cincuenta años de muerto.
¡Ah! No, la Abuela no es la única mujer de las alcantarillas, también están tres niñas, la Bicho, pues no para quieta ni un minuto del día, vale, yo también hago lo mismo, pero, por lo menos soy mucho más maduro, luego también están, la Luciérnaga, pues siempre está jugando con las velas de la Sanación y haciendo que uno de nosotros se caiga rendido y que al segundo se despierte jugando con su punto débil, y por último, la más alejada de todos nosotros, con la mirada siempre en las piedras de la pared, donde se encuentran miles de garabatos: el Muro, pues con el cabello tan corto parece un chico.
Hoy, mientras que Luciérnaga seguía jugando con los puntos débiles del Chicle, (por mi cortesía pues todo se le queda pegado por una extraña razón), y mientras que el Muro seguía con su mirada fija en la pared llena de garabatos, la pequeña Bicho se me ha acercado y se ha sentado en el banco medio podrido junto a mí, acogiendo mi postura y quedándose mirando a mi punto de vista, el Muro, quien, por una vez, se encontraba pintando algo.
Y es que esas niñas, en parte, me recuerdan a ti, hijo, y me llenan de tristeza, pero, como no pienso terminar como el Triste, pienso que después de esto todo, las cosas van a ir a mejor y tú, tu madre y yo podremos juntarnos por fin para estar juntos.
No hay nada que me llene más por dentro, y me hace sentirme eufórico y con ganas de pensar, pues Abuela, junto a otros hombres inteligentes y expertos está encontrando la manera para acabar con los poderosos lo antes posible.
No hay nada que los Olvidados disfrutemos más de lo nuevo, mientras que a vosotros, los humanos, lo nuevo os da miedo, por ejemplo, como la muerte, a nosotros nos da ganas de descubrir.
Pero la diferencia es que nosotros ya estamos muertos, y a más a peor la cosa no puede ir.
Cuanto tendrás ahora, ¿siete años?
El Bicho tiene tu misma edad, ¿sabes? es una muchacha muy activa e inteligente, te gustará al conocerla, ya verás, pero si lo que te gusta son las problemáticas, tampoco hay problema, la Luciérnaga tiene tan solo cinco años, pero es una dulzura. Pero si tú eres muy callado y tímido, te aseguro que conocer al Muro, no te vendrá mal.
Intento encontrarle buenos momentos a esto, e intentar imaginarme a mi hijo, y todavía más divertido, con cualquiera de estas tres niñas que tengo en frente... desde luego son esos instantes de felicidad que quisieras mantener para toda tu vida.
Respóndeme.
Yo te seguiré escribiendo.
Te quiere,
Papá.

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