viernes, 4 de octubre de 2013

Capítulo 12

Abraham, como lo hace habitualmente cuando la campana del ayuntamiento toca las doce, a los que él y muchos otros juntan con que suenen doce horribles sonidos que retumban por todo el pueblo, se pasea para observar a los presos, uno por uno, arrugados como pasas, intentando pasar el rato y esperando el momento de su muerte.
Un chico pelirrojo, con el pelo rizado y abundante, aunque no demasiado rizado, más bien ondulado, pasea también esa mañana por las celdas, observando todo con sus dos verdes e inocentes ojos, mientras que sus pálidos dedos tocan todas las barras de todas las celdas, Omar está nervioso.
Abraham, quien odia a ese chico con toda su alma, le dedica una mirada seria y fija mientras que lo aparta bruscamente de su lado para dirigirse de nuevo a la puerta.
-¡Omar, hijo! ¡Aquí estás! -exclama Dolores.
Dolores, simplemente la madre de Omar y una de las poderosas más tontas de todos los que hay, sin ningún don, y adicta al poder. Una mujer grande con el pelo tan pelirrojo como el de su hijo, pero mucho más rizado y abundante que el de este, con unos ojos castaños y la piel también muy clara. Casada con Julián, uno de los poderosos más temibles de todos, con un don oscuro que su hijo ha heredado, pero, al fin y al cabo, nadie sabe de lo que se trata hasta el momento en el que van a ser asesinados por los poderosos.
-Si mamá. -contesta con su aguda pero masculina voz, Omar.
-He de decirte que aquí abajo se encuentran los traidores, por si no te habías dado cuenta. No quiero que vuelvas a bajar.
-Pero, mamá, ¡si no pueden mover ni un dedo!
-Me sigue dando igual, hijo. ¡Y tú que miras, idiota!
El idiota Abraham sube las escaleras, un débil no puede ni mirar fijamente a un poderosos, tampoco escuchar sus conversaciones, está muy mal visto, sea con un débil o con otro poderoso.
-¡Y tú también sube! ¡Tu padre te espera! ¡Ah! ¡Y dile a tu tío Hermenegildo que lo necesito para un trabajito aquí abajo!
Los presos respiran hondo, saben que cada vez que un poderoso baja y dice eso, es la hora de uno de ellos.
Omar obedece sin rechistar, a pesar de todo, es un buen chico sin experiencia alguna en el liderazgo y sin maldad alguna, algo que su padre no tolera.
-Tío Hermenegildo, mi madre te espera abajo.
-Bien, Paco, bajemos.
El tío Hermenegildo es un hombre pequeño pero de huesos anchos, con una barba castaña, igual que sus ojos y su cabello, ante una piel tan pálida, que muchos piensan que debe de tener algo. Es un hombre más bien serio, sin ningún hijo, tampoco quiere tenerlo, hermano de Dolores, que casi nunca suele mostrar una sola mueca.
Paco, el poderoso más amable de todos, es el que menos se parece a uno de ellos, con el pelo rubio, los ojos azules y la piel morena, es el poderoso y Olvidado en sí con más críticas sobre su físico. Tiene una hija, Aitana, muy fea y que no le cae bien a nadie, con el que pretenden que se case Omar, quien no quiere nada parecido a eso ni en un millón de años.
Los dos hombres bajan rápido.
-Bien, ahora, cada uno sabe lo que tiene que hacer. -dice la mujer.
Con el chasquido de Paco, todos cambian: Paco es ahora Margarita hace tiempo, fuerte y con carácter, Dolores se ha convertido en el poderoso Julián, y Hermenegildo, en cambio, es ahora Irati, la chica eléctrica.
-Cuando terminemos con esto, nos encontramos en mi casa, en el jardín, si no estoy yo, ocultaros entre los arbustos, mejor si nadie os ve. -ordena Irati.
-Que quede claro que esto es peligroso. No podemos perder un solo papel, ¿entendido? Si uno de nosotros es descubierto, que llore, no sé cómo, pero que llore. -añade rápidamente Julián.
-Que conste que a mí todavía hay cosas que aclarar. -termina Margarita, pero no es capaz de obtener ninguna explicación, pues los otros dos, en sus papeles ya se han marchado.

Irati es la más perdida de todas, no encuentra camino para dirigirse, pues se supone que tiene que encontrarse con Julián, quien lo observará durante todo el rato, por lo que se encuentra en la puerta cuando el hombre aparece.
-Espero que hoy no haya errores, Irati. -dice nada más llegar.
-No los habrá, señor. -responde Irati rápido, demasiado rápido.
Julián ya sospecha e Irati le mira a la cara, viendo un pequeño punto en la frente, medio escondido en el que nadie se fija, pero que el Julián con el que ella ha estado no tenía.
<Mierda> piensa. <Que nadie lo note, que nadie lo note...> desea con todas sus fuerzas abandonando un poco el personaje y sin fijarse en el camino que sigue.
-Ya estamos, ¡a trabajar! -ordena seco Julián mientras que entra después de Irati.
Irati entra preocupada, es la primera vez que le ocurre eso, y Julián, por su parte, se extraña, esperando lo peor de cada situación, como su naturaleza y sus reflejos le indican que haga, las cosas comienzan a ponerse tensas e Irati comienza a mirar cada vez más a la puerta.
-¿Qué pasa, niña? -pregunta con desprecio el hombre.
-Nada, señor... pero mientras que veníamos hacia aquí, me ha parecido ver... a...
-¿Ver a quién, leches? -pregunta impaciente.
Irati se decide, es ahora o nunca, todo un trabajo perdido o ganado, pero tiene que darse prisa, mucha prisa en pensar.

Julián sin punto en la frente, más bien, impostor, se dirige por los pasillos, sin saber muy bien dónde meterse ni cómo comportarse, lo único que sabe es que tiene que encontrarse con Omar, lo cual le desconcierta un poco.
-¡Papá! -exclama una voz a sus espaldas.
Julián Impostor se aclara la garganta delicadamente.
-Hola, hijo.
-¿Me estabas buscando?
Julián Impostor se pone nervioso, pero lo disimula bien, a pesar que su silencio, en poca parte, lo delata.
¿Cómo es posible que antes como Dolores le haya ido tan bien y que ahora con Julián se esté casi cagando?
-No, ¿por qué? -dice sin saber muy bien dónde meterse.
-Por nada... mamá me ha dicho que vaya a verte.
-¡Esa madre tuya! ¡Siempre metiéndome en charlas y demás cosas sin consultarme antes!
Omar levanta una ceja, su padre está raro, pero lo que no sabe es que su padre, no es el que tiene en ese momento delante, y que tampoco era su anterior madre.
-Vale, me voy a la sala de electricidad.
Julián se marea, todo en su mente está saliendo mal, en la sala de electricidad no está solo el verdadero Julián, si no que encima, se encuentra Irati, la impostora.

Irati camina a paso firme, ya se ha descargado, por lo que ahora se encuentra más viva que nunca, sin esas pesadas lágrimas en su cerebro, como si todo eso fuera un rodeo.
<Espero que no me maten por llegar tarde. Bueno, quizá me quiten alguno de los privilegios, pero tampoco más. O eso espero...>
Camina rápido y ya encuentra el ayuntamiento frente a ella, y entra por la gran puerta.

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