miércoles, 4 de diciembre de 2013

Capítulo 25

-Pero te llamas Francisco.
-Pero la gente me llama Fran y así es como me gusta que me llamen, ¿entendido?
-No del todo, ¿por qué te gusta que te llamen de un nombre que no es el tuyo?
-¡Bah! ¡Déjalo!
Nerea y Fran no han parado de hablar de lo mismo durante mucho tiempo, todo el rato ha sido así, y así seguirán durante un buen tiempo, pues Nerea, a la que han llamado Viva desde siempre, (y no le gustaba nada), no comprende cómo le gusta que le llamen así. Para ella es como si la llamaran Viva para el resto de su vida.
Los demás van demasiado serios, todos, como no, menos Leo, quien controlando a su perro ya en sí bastante problemas tiene.
-Por cierto, no te he preguntado, ¿cómo se llama tu perro?
Leo se queda en blanco y busca ayuda en Elías, algo ha tenido que pasar para que Leo acuda sin pensárselo a por el chico, y Elías, como un gran chico que en realidad no es, responde con naturalidad:
-Se llama Tadeo.
-¿Tadeo? Es un nombre muy curioso para un perro, ¿no te parece? Tadeo... No, no me acostumbro.
-Porque tan solo lo has dicho dos veces... Repítelo durante un tiempo y entonces te sonara a cielo.
Fran mira extrañado a la joven, es muy extraña, pero gente más rara ha visto, más alegre, más Feliciana que es así como se le llama a la gente que siempre está de buen humor y que todo es felicidad para ellos.
-Ese era el nombre de mi abuelo... -susurra muy tímidamente Leo, un poco ofendido pero sin mostrarlo.
-Lo siento. -contesta Fran.
Los otros cinco se van quedando atrás, pues no encuentran razones para encontrar interesante la pedazo conversación sobre nombres que Fran y Nerea se han planteado como debate, además, ellos ya lo conocen aunque sea por los gritos de su madre.
-¿Qué hacemos? -pregunta Fabio.
-No sé, ¿no eras tú aquí el listo?
-Esos modales, señorita.
-¿Cuando has usado tú modales, cacho bestia?
-Perdona, pero creía que eras tú la femenina del grupo, y que la cacjo bestia era aquella de ahí. -ataca Fabio señalando a Enara.
Desde una muy pequeña distancia, Omar y Ainhoa son capaces de ver la guerra que se acaba de comenzar entre ellos, el debate al principio de todo, y se limitan a no hablar, como después de la noche de las manchas, aunque para ellos eso parece ser hace mucho, tan solo ha pasado menos de un día desde entonces.
En ese momento escuchan sobresalir la voz de Nerea de todo el alboroto con el nuevo debate de la noche:
-¡Esto sí que es bonito, cuantos colores! Me ponen contenta.
-Pues a mí me deprimen. -comenta Fran.
-¿Por?
-Me recuerdan a los manteles de la tía Joanna.
-¿Y qué pasaba pues con los manteles?
-Mi tía tenía un gusto terrible para manteles, y con toda la casa negra pensaba que coloridos quedaban bien...
-¿Murió?
-Casi no lo recuerdo pero sí, aunque eso no me deprime tanto, más bien su gusto patético por los manteles.
Enara coge aire, y no le echa, lo cual es muy peligroso para ellos, por lo que la obligan a tirar el aire en seguida.
Pero ha sido inevitable. Ahora lejos de donde son, no pueden evitar pensar en todos aquellos a los que han dejado atrás durante sus primeros dieciséis años más o menos de vida.
Ainhoa ha dejado a Irati sola, quien siempre ha estado ahí con ella y a impedido que la soledad se apoderara de ella, y hasta hace poco no lo ha comprendido, lo que es una pena.
Elías puede haber sido considerado huérfano y por mucho que sus padres en realidad son humanos, pero Carlos y su abuelo Abraham se han quedado ahí, y echa en falta las tonterías, las escapadas, todas las veces que los renegaban... todo.
Nerea y Enara recién han perdido a su abuela, y Carlos también está, quien por alguna extraña razón ha estado marcado en su infancia.
Omar tiene a ambos padres y también a su tío, que por muy poderosos que sean, no dejan de ser su familia.
Leo tiene toda su familia ahí, su perro ahora Tadeo es quien lo ha acompañado durante la vida, aunque Aitana también se unió hacía años, ya que simpatizó con ella por razones que ni siquiera él conoce.
Fabio... tiene sus libros y la bibliotecaria ya es como su hermana mayor, mientras que su madre ahí sigue, trabajando duro y dejando que los poderosos la humillen.
Por último está Valeria, quien tampoco ha tenido fácil dejar a aquellos en la tierra de los Olvidados, a todos sus hermanos, (en total son seis), y a su padre con su abuelo gruñón que cada día se junta con Abraham para hablar de todas las penas, por lo que en su infancia Carlos también a coincidido mucho.
Demasiado silencio. Y eso es de lo que Fran se da cuenta, por lo que sonríe amablemente y sigue andando.
-Vamos, os tenéis a vosotros, y mi madre va a insistir en que yo también estoy, ¡así que alegrad esas caras de membrillo!
Leo levanta cabeza y Nerea tampoco tarda en hacerlo. Enara se alegra de que su única familia esté ahí y sonríe por primera vez en el viaje. Ainhoa sabe que Irati se las arreglará para sobrevivir, además, ella tiene una familia que cuida de ella. Omar teme por sus padres, pero si hasta ahora han sabido arreglárselas, ahora también lo sabrán. Valeria y Elías se las arreglan para levantar la cabeza a la vez, y Fabio no se queda atrás.
-Así mejor.

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