viernes, 10 de enero de 2014

Capítulo 36

-Haz como si nada.
Ainhoa vuelve otra vez de su mundo, del cual por enésima vez lo ha sacado Jon. Sergio sigue tan alegre y vive la vida, por delante, aventurándose en lo extremo, seguido por Nico y Valeria, los cuales no se han despegado desde que se han encontrado.
-¿Qué me estabas contando? -pregunta Ainhoa, para volver a la conversación.
-Que vuestro amigo da miedo.
Ainhoa mira hacia atrás, ¿no eran ellos los últimos? Entonces cae que a última hora se ha unido Elías, susurrando a las dos chicas que eso le da una mala espina.
Y la verdad es que su amigo da muy mal rollo con esos ojos y esa mirada de asesino, además, Elías tiene una habilidad estupenda para dar miedo con el tono de su voz, claro que si se lo propone.
Probablemente, sea ella una de las pocas personas que le tengan como un bobo a más no poder por su dulce y precioso apodo y su manera de sonreír... Definitivamente, le pone nerviosa.
Federico se encuentra al lado de Elías, más cortado que nadie, puesto que ha visto un par de veces a su novia la súper insegura que normalmente suele desconfiar de él, algo para lo que no tiene razones.
-Esto me recuerda cuando iba de acampada con mis primos. Una vez me metieron un saltamontes en los calzoncillos. -comenta Sergio, casi gritando.
-Gracias, pero no hacían falta todos los detalles. -responde Ainhoa intentando no imaginarse esa ridícula escena.
-Ya, pero siempre fue divertido venir con ellos. Una vez le llenamos de miel los zapatos y la ropa a otro primo. Al mayor de todos nos rebelamos los pequeños recogiendo todo de noche y marchándonos a otro lado, dejándolo a él solo en el bosque. Y a la irritante de mi prima le cortamos el  pelo horriblemente, se volvió loca por ello.
-Nota mental: nunca ir de acampada con Sergio. -murmura Jon, con su normal timidez, y por alguna extraña razón, mal humor.
-¿Y a tus hermanos los mellizos?
-A la princesita de la casa la emborrachamos, ¡no veas las cosas que hizo! y al canijo le envolvimos en ese plástico para envolver las comidas, metiéndole un calcetín sucio del tío en la boca.
-¡Asqueroso! -exclama Valeria con un sonido nada divertido.
-En mi familia jamás hemos ido de acampada. -comenta Nico. -¿Y en las vuestras?
-Mi padre me construyó una casa del árbol, pero jamás pasamos la noche ahí. -responde Ainhoa triste, recordando el tema de las piedras, algo que tenía olvidado hasta ese momento.
-A mí siempre me han obligado a ir. Mira que soy alérgico a muchos bichos, ¿y qué gracieta me hicieron mis padres? ¡Me llenaron la tienda de bichos! -protesta Jon. Razón para estar malhumorado.
-Algo parecido a esa gracieta le hicimos a mi otro tío cuando estaba de novia con la tía. -dice Sergio y se sube a una piedra. -Digamos que no fue la mejor de las ideas...
Valeria pone una cara de asco ante la sonrisa de Nico. Jon sigue malhumorado, los de atrás no hablan y Ainhoa está en su mundo una vez más.
-Esperanza ha dicho que volvamos para las ocho, que ella no se piensa preocupar por nosotros... -se interrumpe a sí mismo.
-¿Tan pronto? ¡Venga ya! ¡Si la fiesta empieza a las nueve! -exclama enfadado Sergio mientras vuelve su mirada para el chico, todavía encima de la piedra.
-Yo también tengo que volver pronto, a menos que quiera que Paula se me ponga echa una furia como siempre porque he salido con chicas. -dice un tanto triste por fin Federico.
-Puedes decir que son nuestras novias. -suelta Sergio dando un salto.
-¡A mí no me metas dentro! -exclama Jon.
Sergio mira directamente a los ojos a Nico, pero aunque Sergio no le hubiera mirado, Ainhoa está segura de que el chico asentiría de la misma manera.
Se escucha un ruido lejano, y Nico, mira para las esquinas, inquieto, como si algo le preocupara.
-Voy a mirar lo que ha sido eso. -dice y sin esperar respuestas se va corriendo.
Sergio lo sigue con la mirada hasta que desaparece, y después mira directamente a Federico, no sabe lo que pasa, pero parece que estén hablando el uno con el otro sin mirar.
-Voy a mirar por el otro lado. -añade Federico, y se va por el lado opuesto.
Jon dice algo bajito, seguramente alguna palabrota y pega una piedra.
-Me parece que tendrás que ser el príncipe azul, amigo mío. -dice y con su típica sonrisa divertida, se marcha lejos.
Por un momento, después de quedarse a solas con Jon, Valeria y Elías, algo pasa en el pecho de Ainhoa, de repente nota como si le faltara algo que nunca ha tenido. Nota vacío, y abre la boca. La intuición o el instinto de supervivencia, no sabe muy bien lo que es en ese momento, le dice que haga un gesto que en su vida había echo.
Nota como la parte del esternón se le llena, y cuando echa todo por la boca, se le baja y queda como lo tenía antes.
Por un momento, se fija en que Valeria y Elías no han echo nada de eso, y juntados en el mismo sitio, nota la mirada consoladora de ambos, la cual no se le hace tan consoladora.
Entonces mira a Jon, y nota que él si repite la acción de una manera muy regular, en la que aunque casi no se note, algo hace que a ella esos milímetros le parezcan centímetros.
Sergio vuelve corriendo del sitio de donde ha venido, como antes, ningún cambio de nada, se cruza los brazos y hace la misma acción, bastante más rápido que el de Jon y desde luego, más sonoro.
-Que... que yo sepa... no... hay nada. -dice por fin, respirando casi entre cada palabra.
Elías se mira la muñeca, en la que lleva una tira de cuero con un círculo que lleva un reloj en miniatura, como el de la cocina.
Se lo ha debido de dar Esperanza con la ilusión casi insignificante de que se fijen en la hora de volver, para tenerlos controlados a todos.
-Tenemos que irnos. -pronuncia Elías con fuerza en cada sílaba, exagerando la situación.
-Sí, tranquilos, nosotros buscamos a los héroes. -contesta sonriente Sergio.
-Adiós. -termina rápidamente Jon.
Los chicos se despiden igual de rápidos que el tímido malhumorado del día y se dirigen a través del bosque en busca de la salida, siguiendo un pequeño sendero rodeado con arbustos y unas pequeñas flores.
-¡Ay! -grita la Princesa Valeria y se toca el pie con la mano.
Cuando vuelve a alzar la mano, ve sangre de un color rojo muy oscuro saliendo de su pie, algo raro, pero la mayor preocupación en ese momento es que está sangrando de la bola derecha.
En ese momento, otro pequeño sonido del viento llega al hombro de Elías, del que queda sobresalido un trozo de cristal.
-¿Nos están atacando? -pregunta Valeria con los ojos cerrados.
-Preguntar eso a este ritmo es de desesperados. -responde Elías con un tono de dolor.
-¿Y qué hacemos? -vuelve a preguntar Valeria, asustada.
-¡Correr!-exclama Ainhoa.
-¡E intentar deshacernos de ellos! -añade Elías empujando a las chicas para que corran.

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