miércoles, 15 de enero de 2014

Capítulo 37

Le parece egoísmo estar corriendo la primera con dos heridos detrás, pero pensándolo bien, los tres tienen el mismo peligro, suponiendo que esos ataques están empezando a convertirse en algo que sale de todos los lados.
-¡Meteos entre los arbustos! -chilla Ainhoa.
-¡No quiero! -contesta Valeria.
-¡No era una oferta! ¡Es una orden!
Elías, que corre tan rápido como puede, añade:
-Además, ella tiene razón. Los cristales llegan de los extremos del sendero, no nos queda otra que meternos entre los arbustos.
Valeria asiente a Elías y Ainhoa se mete en entre los árboles más cercanos, tropezándose con las gruesas raíces que sobresalen del suelo.
Sus dos compañeros la ayudan a levantarse.
Por alguna razón, están perdiendo agilidad y resistencia, su sangre no es negra y las heridas son más fáciles de provocar que antes, aunque esto último no ha cambiado demasiado.
Ainhoa, con las rodillas peladas y doloridas, sigue corriendo entre sufrimiento, ahora, detrás de los otros dos.
Llegan a un punto donde todo son pinchos, piedras en el suelo y ramas que sobresalen a metros de los árboles, donde el punto de riesgo aumenta.
Ainhoa mira al suelo mientras que los pinchos le arrancan la piel y las piedras le entorpecen el camino. Se ha debido de dejar algún que otro pelo en una de las ramas.
Alguien llora delante, y nota en seguida que es Valeria.
En ese momento, una mano fuerte la agarra por el brazo y la arrastra a algún lugar oscuro donde los llantos de Valeria suenan más fuerte.
-¡Cállate! -exclama Elías.
Valeria se silencia por un momento, y en otro su voz se vuelve mucho más débil, intentando hacer que pare sin un buen resultado.
-¿Qué... qué pasa? -tartamudea Ainhoa lo más bajito y claro posible.
-No estoy seguro. -contesta Elías.
Las palabras son simples, pero hacen mucho daño.
El pecho de Ainhoa se vuelve a llenar y vaciar como antes, pero ahora el ritmo es mucho más rápido, como si necesitara más, de echo, siente que necesita más.
Tanto como Sergio.
-¿Tú también respiras? -pregunta Valeria con un tono aliviado en la voz.
-¿Que hago qué?
-Respirar. Algo extraño que hacen los humanos.
-Supongo, pero ese no es el tema ahora, ¿qué hacemos? No podemos quedarnos aquí mucho tiempo. Nos encontrarán, y entonces será peor. -interrumpe Ainhoa.
-Estoy de acuerdo... -suspira Elías. -Habrá que pedir ayuda.
-¿Pero cómo? ¿A quién? ¿Que vamos a ir a dónde los chicos y preguntarles si han visto a alguien intentando matar a unos Olvidados? -pregunta Valeria, indignada.
-¡La ADM! -exclama Ainhoa.
-La ADM no es la única amenaza aquí. Y ni esos chicos, ni Rafa, ni Marcos me dan buena espina. Por no decir de los tres vecinos... -confiesa Elías.
-¿Crees que puede ser obra de Nico? No, no, no. Nico no ha sido. Te juro que él no ha sido... -se cabrea todavía más Valeria.
-¿Tienes pruebas de que lo afirmen? Porque que yo sepa, él y Federico no han vuelto. Además de que Jon y Sergio se han quedado atrás. Puede haber sido cualquiera...
-Cualquiera que sepa lo que somos.-interrumpe Ainhoa a Elías.
-Estos eran los peligros de los que se nos daba a entender a la hora de venir aquí. Pero por ahora, nos tenemos que limitar a pedir ayuda e idear un plan. -retoma el chico.
-Te vuelvo a hacer la misma pregunta que hace un momento. Si no hay nadie en la que podamos confiar, ¿a quién le vamos a pedir ayuda? Porque no le encuentro demasiada lógica.
-Ainhoa. -murmura Elías. -La pequeña bruja-niñata tiene el poder de recordar, y puedes hacer recordar estos mismos momentos hoy a la persona a la que más van a creer...
-¿Y a quién van a creer, listillo? ¡Si entre nosotros son las primas las únicas que se llevan bien!
-Baja la voz. -pide Elías. -Nerea nunca miente. Y si le haces pasar lo mismo a Leo, que seguro que a él le creen, estamos salvados. O por lo menos podemos tener ayuda.
-No sé hacerlo. -niega Ainhoa.
-Inténtalo.
-¡Eso, eso! -apoya Valeria.
-¿Tú no decías que no le encontrabas lógica?
-Se la sigo sin encontrar, pero si es la única manera en la que salir de aquí lo más vivos posible... ¡pues me apunto!
-¿Y qué hago? -se rinde Ainhoa.
-Omar dice que a veces ves recuerdos de otra gente. -empieza Elías. -Intenta hacer lo mismo con ellos. Si le has quitado los recuerdos a alguien alguna vez, tiene que ser lo mismo pero al revés.
-¡Ah! Y no te olvides de mostrar cada detalle. -apunta Valeria.
Cierra los ojos, y en ese momento, parece que alguien le está lanzando cristales a las heridas que le han echo las raíces y los pinchos.
Al momento, abre los ojos, y nota la mano de Valeria, apoyada en ella, mirándola con una sonrisa tranquilizadora, o por lo menos intentando que esa mueca lo parezca.
-Date prisa que a la Princesa Valeria le está costando mucho hacer este esfuerzo.
-Afirmativo. -exclama Valeria haciéndose un cuenco con la otra mano y tapando la herida del cristal, apartando la mirada de Ainhoa.
¡Menudo apoyo que tiene!
Piensa en Nerea y en Leo. A la abuela de la chica le ha robado los recuerdos... ¡otra vez con el mismo tema en el mismo día! Y del otro no tiene ni idea... pero a menos que quiera morir, no le queda otra.
Las miradas de sus compañeros están en ella.
Cierra los ojos, el dolor infernal vuelve, pero los mantiene cerrados intentando comunicarse pensando en todas las cosas que han pasado.
-Los noto cerca. -escucha en ese momento decir a Elías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario