viernes, 17 de enero de 2014

Capítulo 38

-¿Y qué podemos hacer? -oye a Valeria.
-No sé, pero hay que ganar tiempo...
-¿No estarás insinuando...?
-Tú tienes un cristal en el pie. Estaré bien. Tan solo voy a intentar atraer la atención de nuestros asesinos particulares. Tú cuida a Ainhoa. Puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Presión que se acumula sobre los hombros de Ainhoa, que en ese momento se encuentran en tensión intentando pensar en todo lo que ocurre.
¡Mierda, mierda, mierda!
Por muy mal que Elías le caiga, ese chico va a salir ahí afuera a intentar conseguir más tiempo para ella y Valeria, y eso tiene valor. Y estupidez.
-¿Y cómo volverás? -pregunta Valeria.
-Encontraré la manera, hace un momento me has llamado listillo. Y vete creyéndolo, soy más de lo que parezco.
-Bien. -se rinde Valeria.
No quiere entrometerse, eso tan solo hará que Elías tenga más razones para irse, pero mira que le gustaría y decir un par de palabritas a los dos.
Piensa en Nerea, en su manera de actuar, en su relación con su prima y su abuela, en lo que puede llegar a ser y en la promesa que le hizo. No encuentra mejor manera para describirla.
De Leo en cambio va a tener que pensar en Tadeo, en sus decisiones tomadas, en sus verdades y en sus apariencias, y tendrá que confiar en eso.
-Nos vemos en casa. Y para entonces esto todo habrá parecido una tontería. -se despide Elías y sale del escondite, metiéndose entre los pinchos.
Ainhoa abre los ojos y fulmina con la mirada a Valeria, quien tarda un poquito más en mirarla, y queda sorprendida.
-La unión hace la fuerza. Tú nunca lo has oído, ¿verdad? -pregunta enfadada.
-Pues sí, sí que lo he oído. -contesta Valeria y se levanta para estirar las piernas. -¿Crees que me voy a quedar aquí sin hacer nada? ¿Cómo la niña llorica que antes he parecido?
-Y eres. ¿Pero tú escuchas lo que te digo?
-Ahora no es tiempo para tonterías, Ainhoa. Tú pareces ser la única que ha venido aquí por razones que no tienen nada que ver con lo importante. Has venido sin hacer nada para que fuera más fácil.
-¿Y tú qué?
-Pues yo me he entrenado diariamente para luchar. Que sepas que muchos aparentamos ser lo que de verdad no somos. ¿No es eso con lo que tú te defendías?
Ainhoa no contesta a la pregunta y se levanta.
-¿Qué haces?
-Dos son mejor que una. Además, ¿cómo va a encontrar la Princesa Valeria el camino a casa? Puede que no sepa cómo eres de verdad, pero sé que esa parte es la más verdadera de lo que eres.
-Apuesto que casi no te has entendido.
-Has acertado.
Valeria y Ainhoa asoman su cabeza por el escondite y avanzan unos pasos hasta que se encuentran con un pájaro cantando alegremente encima de un árbol.
-Bonito pájaro.
-A estas alturas hasta los pájaros más insignificantes me parecen una amenaza. ¿Me estoy volviendo paranoica o es simplemente exageración? -comenta Valeria.
-Siempre has tenido gran parte de las dos. -responde Ainhoa.
Valeria la fulmina con la mirada y Ainhoa levanta los hombros diciendo "Me lo has puesto en bandeja". Y de echo, lo ha hecho. Pero ahora de lo que tienen que preocuparse es no ponerse en bandeja de los que están persiguiendo, en este momento, a Elías.
Andan despacio, observando todos los lados cuando se encuentran con un gran tronco que entorpece el camino.
-¿Puede escalarlo? -pregunta Ainhoa.
-¿Queda otra? Y no espero que me contestes.
Antes de que Ainhoa le pueda ofrecer ayuda, puesto que ella ha tenido que aprender a escalar para subir a la casa del árbol, la rubia se agarra al tronco y empieza a subir sin problemas.
Ainhoa imita a su compañera, pero no tarda en alcanzarla. Se nota la experiencia de la una y el número de diferencia de heridas en el pie, que por goleada gana Valeria.
-Escalas mejor de lo que creía.
-Gracias.
-¿Y qué es eso de lo que antes me has contado de lo que yo también respiro?
-Dentro de poco lo empezarás a hacer sin darte cuenta. Yo intento ocultarlo, pero una vez, Fabio me pilló. Es algo que los humanos necesitan hacer para vivir.
-¿Y estamos haciendo una acción de humanos?
-Eso parece. Aunque no parece ser demasiado importante.
-¿Me estás diciendo que nos estamos convirtiendo más humanos y que no tiene importancia? ¿Es que estás para allá? -pregunta enfadada Ainhoa.
-No. Este árbol parece estar para allá. -dice Valeria mirando con espanto.
Ainhoa también levanta cabeza, antes se trataba de un árbol enorme que ocupa prácticamente todo el espacio en la nada, y resulta que se acaba de duplicar.
-Debemos de haber visto mal antes de empezar a subir... -deduce Ainhoa sin ningún problema.
-Sube tú entonces y espera que se vuelva a duplicar la altura en la que estamos. ¿No te das cuenta de que ahora somos más humanas?
-Déjame adivinar: Fabio te ha echo pruebas.
-No veas cuantas. Es muy irritante.
Las dos chicas se quedan agarradas al tronco, y en ese mismo momento, algo pega el tronco justo al lado de la cabeza de Ainhoa, donde ven un cristal metido hasta el fondo.
-Nos...
-¡Han encontrado! ¡Lo sé! ¡Corre! -exclama Valeria interrumpiendo a Ainhoa.
Parece ser, que se han puesto en bandeja de plata, para su muerte.

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