miércoles, 29 de enero de 2014

Capítulo 41

Hola! Espero que disfrutéis del capítulo y quiero avisaros que mañana voy a publicar una entrada donde aclararé todo el asunto y que es importante, y ya que se sale de los días en los que publico, lo aviso.
Gracias por todo, Nerea.

Nada más llegar al barrio donde se encuentra su casa, todo está oscuro y vacío, más o menos como siempre, pero hay un cambio terrible a las otras veces: ahí ha estado alguien.
O algunos.
Se nota en las basuras derrumbadas, en manchas de sangre en el suelo y paredes, se nota en algún que otro cristal roto... pero sobre todo en la enfadada Enara esperando con los brazos cruzados.
-Veo que por lo menos no habéis estado haciendo amigos.
-¿Por lo menos? ¿Sabes el pánico que he estado pasando? -se queja Valeria.
-¿Pánico? ¿Tú? -pregunta Ainhoa incrédula.
-Pánico por lo histérica que estabas, pánico por no poder controlar el miedo, pánico porque detesto los caballos, pánico por...
-La princesa Valeria está de vuelta. -suspira Elías y coge delantera a las tres chicas.
-¿Se sabe algo sobre la mejora de Nerea? -pregunta Ainhoa para romper el hielo, y no puede evitar pensar en la piedra que ha tirado.
Desde luego que no es esa. La piedra que rompió era azul marina, y el color de aquella era un bonito rojo antes de que se partiera en tantos trocitos, ahora tiene tan solo un feo gris.
-Ha olvidado el último mes y cree que nos han secuestrado.
-Más loca de lo que estaba...
-¡Cállate, cabrón!
-Tranquila, chica, que toda tu familia, incluida tu abuela está loca.
No se trata de ningún cómic, pero incluso parece que a Enara le esté saliendo humo por los oídos y que se ha puesto tan roja como el coche llamativo aparcado en la acera.
Desde luego el dueño del coche se va a enfadar mucho cuando vea los daños de su vehículo.
Ya conocen casi todos los objetos y las costumbres de los humanos, pero Ainhoa no puede evitar recordar el primer día y lo tontos que habían sido.
A pesar de que Enara le esté a punto de arrancar la cabeza a Elías y que Valeria no pare de lanzar frases que empeoran la situación, la boca de Ainhoa se tuerce rápidamente y sonríe.
-¡Oh, no! -exclama Valeria y corriendo le pone una mano en la frente.
-¡No soy humana, idiota! -responde Ainhoa apartando la mano de su frente.
-No me digas que no. Respiras, te cansas más rápidamente, sonríes y lloras sin darte cuenta. Pronto empezará lo que será la etapa más dura.
-¿Cuál?
-Mejor que lo encuentres por ti misma.
Valeria se ríe y avanza. Parece que ya no está enfadada por lo de casi una hora y que la pelea entre los otros dos no le importan.
¿Está bailando? Pues sí, y no se le da demasiado bien. Mejor dicho, no se le da nada bien.
Da vueltas y en puntillas, suspirando, entra por la puerta de casa, donde se encuentra con Nerea apuntando con el dedo a Omar y Fabio en medio de ellos dos.
-¿Qué pasa? -pregunta entre risas.
-¡Calla! -exclama Fabio.
-¿Qué pasa? -insiste Elías con una sonrisa burlona.
-¡Me quiere convertir en papilla! -grita Omar apuntando a Nerea.
-¡Te he visto, poderoso!
Tadeo ladra con fuerza, y un poco cubierto de sangre.
-¿Lo has visto? ¿En qué? -pregunta Enara, preocupada.
-¡Ayudaba a los hombres de capa negra! Nos han venido a atacar y le he visto ayudándolos. ¡Es él el traidor y quien los ayudó a secuestrarnos!
-¡No soy un traidor!
Ainhoa se gira a Leo, quien al lado de su perro, observa la escena pensativo.
-Duerme y mañana tendrás las cosas más claras. -comenta Leo.
-¡No quiero!
-¿Enara?
La muchacha no desobedece y lleva a su prima a su habitación para que descanse. A Ainhoa le recorre un escalofrío por el cuerpo al mirar a Omar.
No sabe exactamente lo que es, pero encontrarse con su mirada no ha ayudado. Por lo menos ahí está Fabio, antes en medio de los dos, que relaja sus hombros tensos y suspira, y eso es una imagen que Ainhoa no olvidará en mucho.
Se empieza a reír y Valeria la sigue.
Elías arquea las cejas, Fabio las mira muy extrañados, Leo con su mirada más dulce y comprensiva sin soltar una risa, y por último, Omar, sigue con la misma mirada de antes.
-Vamos, Omar, te curaré las heridas. -pronuncia Fabio y se va con el pelirrojo.
-Yo me voy a dormir. -dice Valeria entre risas y sigue a los chicos.
Leo mira con preocupación hacia los lados y acompaña a su perro a la cocina, su nuevo hogar. Después, sale, y tras volver a mirar a los lados susurra lo más bajito posible:
-Vamos al jardín.
Elías asiente serio y les sigue. Ainhoa no sabe qué hacer. Para de reírse mira para atrás y cierra la puerta de cristal que los separa con el exterior.
-Creo que Nerea puede razón. -dice nada más llegar a una pequeña mesa.
-¿Qué Omar es traidor? ¿Cómo va a ser él un traidor? ¡Si está aquí para huir de sus padres!
-¿Cómo puedes estar segura de eso? -insiste Leo, mirando fijamente a Ainhoa.
-Llevo odiando a los poderosos tanto tiempo que sé cómo son. Él es incapaz de hacerle daño a una mosca, ¿cómo va a ser capaz de traicionar a siete personas?
Leo se queda callado, y es entonces cuando entra Elías:
-Estoy de acuerdo con Leo.
-¿Tienes pruebas?
-¿Tienes tú también algunas que demuestren lo contrario?
-A Nerea se le va la olla, es incapaz de pensar con claridad... ¡piensa que hemos sido secuestrados! Con eso y mi experiencia ante los poderosos estoy segura. Además, vosotros también habéis hablado con él desde que estamos aquí, y ya sabéis que él no es un mal chico.
-Sigue siendo el hijo de dos poderosos.
-¡Vamos!
-¿Por qué crees que le gente le tiene tanto miedo a Omar? ¡Porque es hijo de Julián! Eso no es ser hijo de dos poderosos cualquiera, Ainhoa. Es el hijo del más poderoso de todos, ¿acaso creías que antes de ser como ahora Hermenegildo no era como su sobrino?
Ainhoa se queda callada, Elías sabe mucho. Quizá incluso demasiado. E incluso sabe cosas desde antes de que murieran antes de nacer.
-A nosotros nos dieron una segunda oportunidad, ¿y se la damos a Omar también?
-Eso sería más una tercera oportunidad.
-Yo... -entra por fin Leo. -No creo que se la vaya a dar aunque quiera. Ninguno de nosotros estamos como estamos porque sí, y parece ser que además de Elías, Omar sabe mucho.
-¿Desconfiar de él? ¿Y por qué no de cualquier otro?
-Bien. No confíes en mí, yo tampoco lo haré en ti. Y eso que te acabo de salvar la vida.
-¿Vas a decir lo mismo o puedo confiar en ti?
-En mí sí. Creo que es en ti misma en la que no deberías confiar.

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