viernes, 7 de febrero de 2014

Capítulo 44

Abre los ojos y se incorpora para encontrarse en el sofá, con los pelos de loca, despertada por un extraño y escandaloso ruido.
Se aparta la manta que lleva por encima, algo que no tiene mucho sentido tratándose de verano, pero apenas tiene sentimientos, y los que ha ganado últimamente no le sirven para nada.
Se encuentra con Nerea, en el suelo, retorciéndose de dolor con una silla rota, en su brazo está clavado una astilla que más que una astillita parece un trozo de madera incrustado en la zona superior del húmero.
Ha aprendido esa palabra y la usa solo porque Fabio insiste en que hay cosas que hay que saberse, y los nombres de los huesos lo son.
Cada día más niña, seguramente se encontrará en la edad mental de... ¿siete años?
-¡Me duele mucho! -grita casi sin aire la pobre.
-¿Estás lista? -pregunta Enara, entrando en la cocina, con un humor que está sobre las nubes, puesto al parecer, ese día tiene que ser importante.
Leo también parece contento cuando entra detrás de ella, y no parecen fijarse en la dolorida niña en cuerpo de adolescente que no para de hacer la croqueta de un lado a otro de la cocina.
Esa escena es de lo más extraña.
Corrección: muchas, la mayoría, de las escenas de su vida son de los más extrañas.
-¿Qué tal has dormido hoy? -consulta Fabio por detrás, preocupado.
-¿Bien?
Ainhoa no sabe qué decir, tiene la mente en blanco, apenas recuerda el último día movidito de ayer, en el que no pararon en todo el día.
Con el cuidado del jardín también pasaron un buen rato y Omar pareció lo más distante posible, a pesar de todo, y aunque ella quiera, Ainhoa no puede encontrar razones para odiar o pensar que Omar los esté traicionando, por mucho que sea hijo de un Olvidado.
-No sabe qué día es hoy, ¿lo escucháis, chicos? No tiene ni idea. -resume Elías con una sonrisa burlona que desaparece cuando ve a Nerea-Croqueta. -¿Alguien aparte de mí se ha dado cuenta de que tenemos una nueva fregona en el suelo?
-Fregona la que te va a entrar por la boca si no sacas Marcos de aquí antes de que me saque de quicio.
-¿Todavía no has salido de quicio?
-No juegues conmigo, Elías, que acabarás mal.
-Lo dudo, te he salvado un par de veces, Princesa Valeria. ¿Vienes, Leo?
-Un poco más tarde, por ahora me quedo.
Ainhoa desea poder ser invisible en ese momento, ¿hay algún don heredado como ese? Ojalá, sería el mejor de todos.
Cuando todos por fin centrar su atención en Nerea, alias la Croqueta-Fregona-Lamida-Ahora-Mismo-Por-El-Baboso-Perro, Ainhoa cierra los ojos y aprieta los puños.
Se concentra como cuando lo hizo con Margarita, en busca de pruebas que le den la solución de lo que están hablando, aquello de lo que no se acuerda, entre muchas otras cosas.
<Recordar. Nerea>
Esas son las únicas dos palabras que le vienen a la cabeza, pero suficientes para encontrar la solución del rompecabezas del que no se acordaba.
¡Perfecto! ¡Tiene que hacer recordar a Nerea!
Muchas veces parece la sirvienta, pero tiene que admitir que le gusta que su poder sea útil y que haya sido empleado tantas veces para poder ayudar a los demás, eso la llena.
-¿Cuándo empezamos, pues? -pregunta impaciente.
-Tranquila, Miss Olvidada, todo a su tiempo, antes hay que sacarle la astilla.
-¿Es muy grande? -solloza Nerea al oír a su prima.
-No, tranquila, no es nada, un pinchacito de nada que como siempre estás exagerando.
-¡Menudo trozo de madera tienes! -dice Omar cuando entra a la habitación.
-¿Eres gilipollas o qué te pasa? -grita Enara y Nerea comienza a llorar lágrimas negras.
-Bienvenidos al nuevo circo. -murmura el pelirrojo.
A Ainhoa se le escapa una pequeña sonrisa que intenta controlar saliendo de la cocina y tras envolverse con la manta, salir al jardín trasero.
Detrás de ella, sale Leo, que no parece muy agradado por el espectáculo que se ha montado ahí adentro, suspirando hasta por los pájaros cantando.
-Al único animal que soporto es al perro. -suspira en voz alta tras sentarse al lado de Ainhoa.
-Yo al único animal que consigo soportar sin tirarme por la ventana es a Elías.
Leo se ríe.
-Es un chico agradable cuando lo conoces por completo, pero le gusta meterse contigo por cómo reaccionas, ¿no piensas que eso es lógico?
-Pues no.
Leo la mira incrédulo, la creía más lista, o por lo menos que entendía las cosas más rápido, ¿por qué todos tienen opiniones distintas y falsas sobre ella?
¡No es la súper inteligente y buena luchadora que se enfrenta a los poderosos! Simplemente es la única valiente que se atreve a decir algo.
Tadeo baja las escaleras patosamente y se acerca a su dueño, que lo acaricia tranquilamente mientras que el sol los ilumina a ambos. No es desagradable, ¿quién lo habría pensado? Se está bien con esa brisita de verano.
Ainhoa cierra los ojos y sonríe, en ese mismo momento puede pasar lo que quiera, pero por primera vez en la vida que recuerda, lo está pasando bien.
-¿Alguien tiene una fregona? ¡La nuestra se ha estropeado! -chilla Elías. -¡Y el chico del perro! ¡Te esperamos!
¿Alguna vez va a cerrar su bocaza ese chico?
-¡Adiós, Pequeña Bruja-Niñata!
-¡Adiós, Bocazas!
-¿Solo eso?
-Ya iré añadiendo más adjetivos, pero estás de suerte, tengo un buen día.
Elías se encoge de hombros y ayuda a Tadeo a levantarse, ese día está demasiado patoso, algo raro en el perro, pero bueno, lo pasa por alto, le puede pasar a cualquiera.
-¿Estoy hablando como una humana? -se pregunta para sí en voz alta.
-Una humana que se está volviendo loca, o eso pensarán los demás si, uno, te escuchan hablando contigo misma, y dos, si te refieres a ti misma como humana cuando lo eres.
-Gracias por aclarármelo, Valeria.
-De nada, para eso estamos las rubias infravaloradas. Por cierto, querida médico, tu paciente ha echado tinta de pulpo y ya se ha tranquilizado para que le devuelvas todos esos bonitos recuerdos de la infancia. -ironiza la chica.
Cuando entra, se encuentra con Fabio, metido de cabeza en fregar el suelo con una escoba, al parecer, el chico más inteligente del grupo, es también el menos observador.
Lo divertido es que nadie se lo ha dicho, más divertido será cuando se de cuenta bastante más tarde.
Fabio se desespera mientras que esparce las lágrimas de una de las benjaminas del grupo, que ahora, más tranquila y con un par de meses menos, mira a Ainhoa como un corderito asustado.
-¿Me vais a meter agujas? -pregunta la pobre.
-Tranquila, solo te estrujaré la cabeza.
-¿Y vas a hacer una sopa de letras?
Ainhoa la mira extrañada, pero se termina riendo. Hoy no hay nadie que le vaya a sacar de quicio. Eso hasta que el timbre suena.
Omar abre rápidamente la puerta ante la cara de dudas de todos los demás cuando Fran entra sin preguntar buscando a alguien con la mirada y sonríe a todos.
-¿Qué pasa? -pregunta Fran. -¿Tengo monos en la cara?
-No, pero sí un murciélago dientes de sable en la espalda. -escucha Ainhoa susurrar a las primas a la vez ante la cara de atónitos de todos los demás.
Justo cuando Ainhoa ha puesto sus manos en la cabeza de Nerea...

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