miércoles, 12 de febrero de 2014

Capítulo 45

Enlace para adelanto.
Disfrutad de la lectura y besos, Nerea.

Ainhoa intenta sacar una sonrisa, pero incluso ella se nota que es una realmente falsa, y siente mucha más presión que los demás ya que Fran la mira directamente con sus ojos de color miel.
Enara y Nerea están mirando desafiantes al extraño murciélago, como si fuera el poderoso que había matado a su abuela, pero no era aquella persona-animal.
-¡Francisco! -exclama Valeria.
-¿Qué pasa? ¿Alguien me lo piensa decir? -pregunta algo molesto el chico.
-¡No! ¡La cosa es que no te esperábamos ahora! Ven conmigo afuera, te voy a enseñar cómo han crecido los huevos que nos trajo tu madre el otro día.
-Pero si los huevos no crecen bajo tierra.
-¡Qué se yo lo que eran! ¡No los vi! ¡Eran blancos, nada más! -intenta disimular Valeria.
Todos siguen con la mirada a esos dos que salen poco a poco por la puerta trasera.
-¡Hay que matar esas cosas! -exclama Enara cuando ya estás lejos.
-Lo único que se puede saber teniendo esas ratas aladas cerca es que los tipos de las capas están cerca y tenemos a un chico que no es como nosotros en casa. -aporta Omar.
-¿Otra vez nos vamos a tener que separar? -pregunta Fabio como si viera en eso la mayor de las catástrofes naturales.
-Valeria y otro más se encargarán de que Fran no se de cuenta de nada y proteger a su familia, otro se va a encargar de matar al bicho, y los otros tres de matar a todos esos que aparezcan. -añade Omar.
-¡Tú te quedas con Valeria! -exclama Enara de inmediato.
-¿Entonces tú matas al murciélago o qué?
-He visto muchos de esos, pelirrojito, así que ya sabes, a ayudar a la rubia.
-¿Eso significa que yo, Nerea y Ainhoa tenemos que buscar a los tipos de las capas? -pregunta Fabio algo decepcionado.
-Así es. -termina Enara y tirando a Omar de la camiseta lo echa hacia afuera.
Los tres se quedan solos.
-¿Por dónde empezamos? -pregunta Ainhoa.
-Dale la memoria a Nerea y luego seguimos.
Ainhoa piensa en lo que le hizo a Margarita y lo intenta hacer al reverso. Al fin y al cabo normalmente los recuerdos no se pierden, se apagan hasta que algo o alguien los vuelva a traer a la luz.
Ainhoa siente que su energía se pierde un poco, como si necesitara dormir, pero eso es imposible en ella así que aprieta los dientes y sigue con lo mismo.
¡Y pensar lo bien que se había despertado!
-¿Por qué me aprietas tanto la cabeza? -pregunta Nerea con su típica voz de inocente.
-Para devolverte los estúpidos recuerdos... Haber, ¿qué es lo que más te ha gustado hacer desde que estamos aquí? -pregunta Ainhoa.
-Coger los palos de colores y pintar unos cuadrados blancos.
-Lápices de colores y papeles, Nerea. -le corrige Fabio.
-¡Qué más da! ¡La cosa es que me pone contenta!
-¡Pues vamos, Miss Alegría! -exclama Fabio.
-Vaaaaaaaleeeeeeeeeeee.
A Ainhoa le entra nostalgia pensando desde hace cuando no puede alargar tanto las palabras porque se queda sin aire.
Nerea abre la puerta y cuando los tres pasan, Fabio, quien pasa el último, cierra la puerta delicadamente para que no se den cuenta.
-¿Esas nubes son normales? -pregunta Ainhoa señalando a cosas negras que se acercan rápidamente.
-Hombre, pensando que se arrastran por el suelo no le encuentro mucho realismo. -contesta Nerea con los hombros encogidos.
-¿En serio que nos ha tocado el marrón? -suspira Fabio.
-No, nos ha tocado lo negro. -responde Nerea.
Fabio arquea una ceja.
-Es una manera de hablar.
-Pues no es adecuado para este contexto.
-¿Acaso te he pegado con un libro en la cabeza y te has vuelto lista? -ironiza el chico.
-No que yo recuerde.
-Ni te esfuerces, no entenderá ninguno. -interviene Ainhoa con la mirada en el humo negro.
-¿Y se suponía que yo era la Viva ahí abajo?
-Nunca se sabe hasta que se demuestra, amiga...
-¡Hoy no estoy para filósofos! -corta Ainhoa, nerviosa.
-Se enfada. -susurra Nerea, aunque lo suficientemente alto para que la otra la oiga, y hace una mueca de enfado, aunque actúa como si nada pasara.
Un grito se escucha desde el interior de una casa y los tres miran fijamente hacia el lado donde oyen el ruido, del cual se avecina una lluvia de ¿fresas pochas?
¿Nadie se ha dado cuenta de que esa fruta no está en temporada? O eso cree que Ainhoa oyó ayer a la señora Esperanza cuando su hija exigía uno de ellos.
Todos quedan cubiertos en rojo.
-¿Por qué la boca me quema? -exclama Nerea mientras que saca la lengua y hace una mueca de asco y dolor a la vez.
-Por tener la boca abierta, si ya dice la señora Esperanza que por boca cerrada no entran moscas.
-¡La tenía cerrada!
-Pues entonces entran fresas pochas. Y si te preparas también limones a los que les falta un par de meses para estar comestibles.
Las chicas se fijan y junto con Fabio salen corriendo bajo las escaleras y se escondes tras una de ellas, aunque Fabio, es demasiado alto para esconderse del todo, y un limón le da en la cabeza.
-¡Auch! -exclama Nerea.
-¿Quieren una guerra de comida? -pregunta Ainhoa. -¡Pues la tendrán! -asegura.
Coge del brazo a Nerea y el chico se levanta como puede para seguirlas mientras que formula la pregunta en la que lleva pensando durante un rato.
-¿Qué quieres hacer? -pregunta.
-¿Qué es lo que nos han mandado?
-¡Fruta asquerosa y dura! -responde Nerea por Fabio.
-¿Qué es lo que les daremos?
-¡Fruta de la buena para que aprendan lo que hay que dar!
Fabio y Ainhoa miran extrañados a Nerea.
-¿Qué? Estaría más cómoda con el maldito murciélago.
-Espera un poco. -intenta asimilar Ainhoa. -¿Sabes cómo se matan esas cosas?
-Sí.
-Entonces es fácil, ¿cómo se matan? -pregunta Fabio.
-¿Por qué? -interviene Ainhoa.
-Porque esos murciélagos están echas de la misma materia que las copias que nos mandan. Los tipos de las capas no se pueden convertir en niebla a menos que sean copias.
-Es fácil matarlos. -comenta Nerea.
-¿Cómo? -preguntan Fabio y Ainhoa.

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