miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 47

No pasa mucho tiempo pero nota como un movimiento comienza a su alrededor, después de un pequeño tiempo parada, algo la mueve.
No puede volver a ser humana por el escaso sitio que tiene, y tampoco querría, pues la verdad es que el agobio podría con ella, poco espacio para una persona.
Escucha sonidos de voces hablando fuera, uno es de un chico, la otra de una chica. Los escucha discutir y no sabe cuál de ellas, quita de la mano a la otra donde está ella y la suelta en un jardín.
-¡Te dije que dejaras de hacer experimentos estúpidos! -chilla la voz de hombre, que ahora diferencia como una profunda y gastada por el tiempo.
-¡No, papá! -responde gritando la otra voz femenina.
Los ojos supuestos deformes de Ainhoa se encuentran con unos tristes y esperanzados verdes de la chica, un color realmente extraño.
Algo en esa chica le suena, no sabe exactamente qué, pero hay algo.
Lo que más preocupa a Ainhoa, en cambio es, que esa chica parece que sabe con lo que está tratando, y hace una pausa dejando que su padre entre en casa.
-Van a por ti y tus amigos, saben dónde vivís y todo sobre vosotros, o casi todo. Imita a tu amiga, la más pequeña de todas, no pierdas de vista al según tú idiota, pero tampoco por quien lo has apostado todo por apariencia. Haz caso a todos los demás.
No dice nada más, entra a casa corriendo y Ainhoa sufre un terrible pinchazo que incluso estando en humo negro, siente su dolor.
"Se tiñen de rojo los cuerpos en batalla" -escucha la voz de Elías.
Vuelve a coger su forma humana y cae al suelo como un saco pesado.
Yace en el suelo, moviéndose de prisa de un lado a otro, intentando salir del lugar.
"A su paso huye rápidamente el canalla" -susurra la voz de Leo.
Se levanta, con la cabeza mareada. Esos dos la van a oír cuando llegue a casa, porque no piensa quedarse ahí como una tonta cuando a ella es a la que le tocan los trabajos más fáciles de todos.
Las rodillas le tiemblan.
"El cerebro siempre es el que sabe y calla" -sigue Fabio.
Se desploma. Mira a su alrededor y se intenta quedar con cada detalle que puede de aquel lugar.
Está rodeada de unas pequeñas piedras que hacen en la hierva un pequeño círculo. Cada piedra de ellas está rodeada y levantada del mismísimo suelo por unas pequeñas flores de distintos colores: rojo, azul, amarillo, rosa, naranja, morado, blanco y negro, centrada en distintas zonas de la piedra.
"Para ser quien eres no te hace falta medalla" - habla firme Nerea.
Ainhoa, cae al suelo y apoya la cabeza contra la fresca hierva. Ha amanecido hace mucho, pero esa fina capa de rocío sigue ahí, como si aquel fuera el lugar donde no pasa el tiempo.
Se vuelve a levantar, y nota cómo sus pies solos van dando vueltas. Se encuentra en medio del bosque y eso es lo que le falta.
"El mejor ingrediente una bugalla" -afirma divertida Valeria.
A Ainhoa se le seca la boca y nota cómo su lengua es incapaz casi de moverse e intenta zafarse de la mala sensación que le da.
"Busca la mejor y divertida antigualla" -aconseja la voz de Enara.
Tose una y otra vez y nota como una sensación en el corazón que le resulta totalmente dolorosa, como si fuera a vomitar el corazón.
"Si mucho guarda al final estalla" -añade Omar.
Un vuelco en el corazón, no tan agradable como la sensación de antes, pero sí más llevadero. Cada frase la marea todavía más, y algo le dice que no es la última.
¿Tan débil es?
Llega ya un momento en el que piensa que las cosas más horribles le pasan en los momentos más horribles de todos, y seguro que si tratara de otra persona saldría fácilmente adelante.
Una lágrima cae por su mejilla.
Es demasiado para ella. Tanto y no tiene a nadie. Desde que dejó a Irati cree que todos la entienden todavía menos.
Otra lágrima y se tira de rodillas en el césped, que junto al rocío a creado un poco de barro, y termina por manchar sus pantalones.
Ha pasado de una sensación increíblemente buena a una pésima en menos de una hora y media en el que lleva despierta.
Se siente como una verdadera mierda.
"A veces lo mejor se encuentra en la grisalla" -dice una voz masculina.
A Ainhoa le da otro vuelco el corazón y abre la boca para decir esa palabra que ha llevado evitando a la vez que buscando durante tantos años.
Lágrimas caen por sus mejillas.
No recuerda ni su nombre ni su rostro, ni siquiera su forma de ser ni qué hizo para que ella llegara a quererlo tanto. Lo único que sabe es que es su padre, y de eso es de lo que está segura.
"Quien te enseñó a luchar te mostrará el camino a la cizalla" -exclama Irati con su alegre voz a la vez de un tono oscuro.
Sus lágrimas se paran, no puede seguir llorando por gente que va a volver a ver... en mucho tiempo pero va a volver con ellos, o por lo menos con ella, y piensa hablar sobre todo y nada.
Es quien siempre ha estado ahí, quien siempre va a estar y con quien siempre piensa estar. No se imagina su vida separa a la suya.
Por ella se enteraba de las noticias, siempre tuvo compañía, tenía razones para levantarse cada mañana sin haber huido de Daemón.
Una de sus razones para estar en ese momento donde está.
"Mi animal favorito es la coalla" -suena la aniñada voz de Alba.
¿Qué leches? ¿Coalla? ¿Animal favorito? Pero... ¿Qué narices?
Le entran ganas de reírse sobre lo estúpido que suena esa frase. Todas tan profesionales, tan extrañas, sin casi pistas... y va y suena la voz de la niña para decir eso.
¿Otra vez? Ya ha vuelto a cambiar de humor radicalmente en poco tiempo, pero ha sido a positivo, por lo que tampoco le importa tanto.
"Si buscas cobijo escoge la muralla" -continúa Carlos.
Hacía tiempo que no sabía ni oía de él, y le es agradable recordar al chico que la ayudó pese al riesgo que exigía entrar en el ayuntamiento.
Carlos siempre estará ahí, aunque siempre con ese gran moscardón a su derecha, aquel que le saca una cabeza y no para de decir lo primero que se le pasa por la cabeza: Elías.
El que últimamente se ha mostrado más distante, más frío y con menos chistes en la punta de la lengua, pero lo que más le preocupa es las prisas que se trae a veces para salir con el chico de los ojos verdes y Leo, el siempre acompañado por su perro.
De uno al otro y al final ha terminado en Leo.
Demasiadas vueltas, Ainhoa, demasiadas vueltas.
Intenta dar un paso hacia adelante, pero algo la vuelve a empujar hacia atrás y se cae de culo ante otro pinchazo en la cabeza con la voz de Nico que dice:
"No pienses en si tropieza, piensa en si zalla"
Lo más extraño hasta ahora ya está catalogado, por lo menos de lo que parece que falta, se vuelve a poner de rodillas para tocarse y masajearse el trasero, no es nada divertido darse un buen golpe ahí atrás aunque se suponga que amortigua.
Piensa en los tres peculiares amigos que tiene ese extraño y misterioso más que amigo de Valeria, espera que ninguno de ellos le haga pasar mal, aunque imposible pensando en esos tres.
"Lo peor está detrás de la agalla" -susurra una voz grave que está a medio cantar una canción potente y se nota simplemente porque se trata de Rafa.
Desde su súper concierto en el coche solo lo ha escuchado cantar un par de veces más, una de ellas dedicada para Enara, pero la chica no se lo tomó bien y le dio con la escoba hasta que se fue, así que agradece a la rubia no tener compasión con el pobre.
Menos mal por lo menos que no se trata de él a la hora de estar en casa en el lugar de Fran, con lo cotilla que es y su amor por Enara extrañamente crece cada día, el cual es un amor muy extraño.
El amor no tiene edad, pero tampoco límites, y este es uno de esos límites que debería de existir, ¿a qué chico le gusta que una chica le maltrate públicamente y eso le hace quererla más?
Ese chico tiene muchos méritos.
"Quien no busca, nunca halla" -dice una voz de mujer, algo aguda pero a la vez profunda, como si te llega al corazón con cada palabra, aunque diga cualquier estupidez como "Me gustaría volar como pez en el agua" o algo así.
La conoce, y le da rabia no saber quién es.
Por lo menos algo le dice que la conoce, y de una manera muy familiar, además, puesto que le entra una tremenda melancolía.
Añora esa voz por alguna razón, y tiene pinta de ser una buena cantante que no se dedica a ello, pues ni siquiera entona demasiado bien al hablar.
Algo que debería sonar como una afirmación y a la vez un consejo a sonado como una pregunta demasiado aguda.
Realmente extraño y ni siquiera ella se aclara.
Al igual que su vista, que se nubla y tras un par de fuertes golpes bajo la tierra se encuentra en un prado totalmente abierto, el lugar donde antes se ha quedado.
Y por si fuera poco, no está sola.
-¡Cuanto tiempo, querida Ainhoa! -exclama una voz.

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