viernes, 7 de marzo de 2014

Capítulo 52

Elías apenas oye a Fabio, pero entiende perfectamente lo que quiere decir.
Mira a las dos chicas sin parar de correr y saca un recurso no demasiado de la manga: se convierte en humo y merodea junto a la niebla.
Su espesor es parecido, al igual que el color, por lo que puede ganar tiempo entre las copias, que ya recompuestas completamente, comienzan a avanzar hacia los dos lados, dispuestos a atacar a las chicas que han sido descubiertas.
Fabio corre como un loco con el tubo en la mano mientras que pega patadas a piedras y todo lo que encuentra por el camino para intentar dar un buen golpe a alguna de ellas que llegara hasta los humos, sin pensar en el daño que lo puede hacer a su compañero, a quien termina pegando con una de ellas y se convierte rápidamente en Olvidado otra vez.
El chico no duda en esparcir toda la sangre negra, a la que añade parte de la suya que resbala por su cuello haciendo una pequeña caminata.
Por suerte o no, quién sabe, a muchos de ellos les llega rápidamente mientras que algunos solo son salpicados por par de gotas.
Si las estadísticas de Fabio son claras y ciertas, a pesar de tener solo una gota, por el simple echo de toda la oscuridad espesa que viaja por sus venas, tendría que ser suficiente para poder tumbarlos por lo menos durante veinte minutos.
Increíble el poder de la sangre: da vida pero puede llegar a quitarla, solo hay que saber controlarla, algo que desde luego no se da muy bien.
Alrededor de unas quince personas caen desparramados al suelo, alguno de ellos entre arcadas porque la sangre se le ha metido en la boca.
Los dos enemigos a los que eso les ocurre se desintegran rápidamente, entre sufrimiento y asco, mientras que aquellos que no han resultado dañados se lanzan contra Elías sin pensarlo, de las otras dos niñatas inmóviles luego se encargarán.
Fabio observa cómo los ojos de Nerea brillan mientras que gira el tubo para que el humo se vaya apartando a su paso para alcanzar y ayudar al otro chico a quien uno no tarda en pegar con un trozo de madera justo en el costado.
El chico reacciona doblándose, pero no resulta una buena idea, pues otro que venía por delante le da una patada en toda la cara sin que él pueda evitarlo.
Fabio corre todo lo rápido que puede mientras que escucha un sonido horrible pasar por encima de su cabeza: Nerea ha lanzado el grueso tubo que sigue expulsando humo sin parar.
Fabio tose cuando le entra por la nariz y aprieta con fuerza su tripa. En todo ese tiempo, la pequeña llega hasta su lado dispuesta a hacer lo impensable.
-¿Por qué te dan esos prontos? -pregunta entre tos y tos.
-¿Qué prontos? -responde ella preocupada mientras que arrastra al chico por el brazo con fuerza para que avance. -Tenemos... ¡tenemos que ayudarlos! ¡Corre!
¡Qué chica más extraña! Desde luego que con la primas no hay quien pueda, y mucho menos quien las entienda.
Elías espera en el suelo mientras que el tubo aterriza en sus pies débilmente después de haber golpeado fuertemente a tres.
Las cenizas y las capas de esos tres de la ADM no tardan en caer encima de Elías y el chico se mantiene debajo de ellas, ya que, a diferencia de Ainhoa, él no necesita respirar.
En menos de un segundo, Nerea y Fabio llegan sin mucha experiencia en caso de la lucha, con un tubo de hierro y un humo que no para de salir del dichoso tubo, que poco a poco expulsa menos.
Ainhoa sigue paralizada, con terribles pinchazos en la espalda que también se expanden a la tripa y a las piernas, que le flaquean.
Pero ella tampoco se va a rendir.
Ocho contra dos por una parte y tres contra uno en la otra. Muy desigual, pero tienen la ventaja de unos cuantos minutos extra para terminar con ellos y tranquilamente, ir convirtiendo en ceniza a todos los demás que forman una alfombra en el suelo.
Por la parte de ocho contra dos, tienen la ventaja de Elías acechando por el suelo pero con el peligro de que también lo pisen.
Ya ha sufrido bastante con esos dos golpes en menos de un minuto que lo han mandado al suelo dejándolo casi inmóvil.
Llevan mucha desventaja pero por lo menos las heridas son ya de antes y no son tan profundos. A pesar de las manchas de Fabio en su ropa, tiene menos heridas de lo que aparenta, y si ha llegado corriendo hasta ahí, podrá seguir corriendo y luchando por la vida.
Pero, ¿qué sentido tiene la vida si ya estás muerto?
Una simple: aprovechar la segunda oportunidad lo mejor que se pueda.
Fabio le ofrece el hierro a Nerea, pero la chica lo rechaza. Ella bien sabe que las armas a veces, pueden hacer menos daño que unos buenos remedios caseros.
-¿Puedes intentar entretenerlos un ratito de nada? -pregunta ella bajito para que sólo el chico la oiga mientras que mira fijamente a sus contrincantes.
Nerea mira de reojo hacia Ainhoa, quien débilmente pero como ha podido y con el tubo de humo ha matado a golpes a uno de ellos, o quizá haya sido por el humo que se le ha metido en la boca.
-Hombre, teniendo en cuenta que sería un ocho contra uno yo me daría mucha prisa. Bien sabes que soy el chico inteligencia, no el chico fuerza.
-No se necesita fuerza si se tiene una buena estrategia.
-¿Y tú la tienes?
-Una que por lo menos eliminaría cuatro.
-Entonces adelante.
Fabio adelanta unos cuantos pasos y se pone delante de la chica mientras que ésta, rápidamente se arranca una manga de la camiseta y coge una piedra bastante grande del suelo.
El chico se adelanta poco a poco y su marchito corazón comienza a latir con el simple echo de que los ocho comiencen a adelantarse más rápido.
-¡Corre, corre, corre! -masculla Fabio nervioso.
Y claro, los enemigos que notan su nerviosismo se adelantan todavía más rápido, y a Fabio, las piernas también le van más rápido.
Uno de ellos casi pisa a Elías.
Nerea se da prisa arrancándose la otra manga larga, buenas para la ocasión, e intenta rápidamente entre sus sucias y grasientas manos atar un nudo en los bordes de cada una.
Con mucha prisa lo consigue mientras que mete miles de piedritas pequeñas pero afiladas en cada una de ellas, guardándose la gran piedra en el bolsillo de su pantalón, algo que le roza y le hace daño, pero vale la pena si lo quiere emplear.
Mira a su alrededor y también se hace con barro que unta alrededor de toda la manga.
Los ocho se abalanzan sobre Fabio, quien no para de mover si tubo hacia lados que no ve intentando pegar a unos cuantos.
Y en uno de ellos, alcanza a uno quien mismamente le tira tierra a los ojos.
El chico parpadea rápidamente mientras la chica acude a su ayuda y tras pasarse la manga con la piedra por ambas partes de su mejilla, untándolo con todo, se lo lanza a quien Fabio a alcanzado llegando a su fin y convirtiéndolo en ceniza.
El que estaba a su lado deja de pegar a Fabio y se gira a la chica, quien después de volver a usar la técnica anterior en la otra arma casera, se la lanza fuertemente.
Éste también se vuelve a la primera, pero no antes de dar un grito de guerra que llama la atención de los otros.
Ahora quedan seis.
Dos de ellos se dirigen a coger la pequeña arma mientras que otro se dirige corriendo hacia ella aplastando su pie hacia el suelo.
Mientras que los dos intentan incorporarse, el chico saca una cuchilla que le clava en el tobillo para que no se pueda mover al mismo tiempo que la chica le pega en toda la cabeza con la piedra que se había escondido en su bolsillo.
Cinco.
Cinco que se convierten en tres porque Nerea se ha untado bien con su sangre las mangas, lo que ha traído el desequilibrio que los ha echo caer.
Tres.
En seguida se convierten en dos cuando Fabio consigue zafarse de una manera casi imposible mientras que le da con el hierro en el ojo a otro de ellos que se desintegra y corre medio arrastrándose hasta Nerea.
Los dos que quedan corren hacia ellos mientras que Elías sale de su escondite poniéndole la zancadilla a uno de ellos y haciendo que se estampe la cara contra la acera mientras que el chico huye para ayudar a Ainhoa, que sigue sola.
Uno. Uno contra dos heridos.
Pero el enemigo no es uno cualquiera, él también, previniendo todo, coge uno de los hierros que rueda por el suelo y empieza a calentarse con él.
Disimuladamente intenta mirar hacia atrás para ver si el chico que ha matado a su compañero vuelve. Pero es que si se gira también terminará muerto.
-¿Confías en mí? -pregunta el chico a la chica.
-Si puedes sacarnos de aquí para empezar a matar a los demás, puedes hacer todo lo que quieras.
-La cuestión es que eres tú quien tiene que hacerlo.
-¿Lo qué?
-Lo de antes.
-¿Qué he echo antes?
-Déjalo, habrá que luchar como se pueda.
El chico se levanta con debilidad al paso que el enemigo comienza a correr hacia él, pero no consigue darle en la cara porque justo el chico se arrodilla y salta para hacerle una segada.
Una segada que termina en victoria cuando Nerea se saca el cuchillo en el tobillo y se lo clava justo en el corazón.
Pero ambos heridos no pueden parar: Ainhoa ha recibido ya muchos golpes y apenas ha matado al primero, el segundo ha sido a manos de Elías, y ahora el tercero anda muy reñido.
-¿Tienes buena puntería? -pregunta Nerea. -Lo mío ha sido suerte. -añade mientras que le ofrece el cuchillo.
-¿Y qué quieres que haga?
-Lánzalo.
Y sin rechistar, el chico le deja todo a la suerte mientras que lanza el cuchillo por los aires.

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