viernes, 21 de marzo de 2014

Capítulo 56

Sacarle lo que pueda... va a ser muy difícil, de echo, no se han hablado desde que han dejado a Leo y Enara delante de la casa de Fran.
-¿Dónde estaba la planta esa extraña? -pregunta Omar rompiendo el silencio del atardecer.
Ainhoa piensa rápidamente, que todo pase por su cabeza lo antes posible y buscar una respuesta a ello es algo difícil.
-¿Te ha comido la lengua al gato?
-Pues a ti ya te ha dado con las frases echas.
Omar sonríe, pero le sigue mirando con firmeza esperando una respuesta. Ainhoa se encoge de hombros: ya sabe qué hacer.
-No te lo puedo decir. -dice al final.
-¿Cómo?
-¿Estás sordo? ¡Que-no-te-lo-puedo-decir!
-Bu.
-¿Bu?
-Bu... -repite Omar. -Lo siento es una costumbre que tengo desde niño para decir seguro, siempre hago lo mismo y nadie lo entiende...
A Ainhoa le parece adorable... ¡Bu! Ya se imagina a Omar creciendo y repitiendo la palabra tantas veces como a ella se le ocurra. No se aburre con su pequeña fantasía, pero Omar sí de esperar.
-¿Ainhoa?
La chica parpadea, cambia la palabra por su significado y suspira.
-No insistas, que no te lo puedo decir ahora mismo.
-Si dices ahora mismo es porque me lo vas a terminar diciendo, así que, mejor antes que después.
-¡Que no insistas, leche! Que me enfado.
-No, no te enfadas.
-¿Cómo que no?
-Sonríes como una tonta, eso no es enfadarse. -dice el chico y la mira sonriente él también.
Ella no contesta, no hace falta, ni él cree que lo haya. Está claro, los dos se ríen muy bajo mientras que avanzan por el sendero.
-Bueno, pues vamos a buscar los otros ingredientes.
-Ya lo estamos haciendo. -contesta rápidamente Ainhoa.
-Sabes que me estás siguiendo tú a mí, ¿verdad?
-Sí, pero es que vas en el buen camino.
-Intuición masculina.
-Nunca lo había oído.
-No yo, pero al parecer va a haber una más fuerte que la femenina.
-Fijo, fijo, sigue soñando.
Siguen andando un poco más y Ainhoa cuida de cambiar de rumbo unas cuantas veces para que Omar no se de mucho cuenta sobre lo que ocurre.
Un ruido detrás de ellos hace que Ainhoa se gire y mira hacia atrás, Omar también lo hace, pero él se acerca mucho más que ella.
-Es solo una lagartija.
-Bien. -responde la chica y de repente se da cuenta de algo.
-Oye, una cosa, ¿qué animal es una coalla?
-Es una koala.
-¡Ah!
-¿Por?
-Nada, no sé qué escuché el otro día sobre un animal llamado coalla y como no me sonaba de nada...
-Le preguntas al antisocial que se pasa el día en casa porque no tiene nadie con quien hablar, ¿verdad?
-No era por eso, como he visto que sabes qué animal es cual...
-Me paso el día en casa viendo documentales, y que no te extrañe, tampoco hace falta que me des razones, si ya los sé.
A Ainhoa le molesta ese comentario.
-¿Qué quieres decir?
-Soy hijo de poderosos, la falta de confianza se ve sin necesidad de decir nada.
-Pero si eres bien simpático, que yo sepa no eres capaz de matar una mosca.
-¿Me estás llamando debilucho?
-¿Acaso no lo eres?
-Tienes razón, pero no gusta que se te digan tus defectos, ¿verdad?
-No. -admite Ainhoa.
-Pues ya está. Pero que sepas que no me creo ni una palabra tuya.
-¿Ahora quién es el desconfiado?
-Servidor.
Los dos se callan y Ainhoa sigue con la mirada a Omar cuando el chico se cruza delante de ella para seguir con el camino. Ella lo alcanza rápidamente.
-¿Qué te hace pensar que todos queremos darte de lado?
-Por miedo. Me tenéis miedo.
-Yo no.
Omar se para al instante y Ainhoa lo sigue. Se da media vuelta para mirar a Omar.
-No empecemos otra vez con lo mismo.
-¡No! ¡Sí que vamos a seguir con lo mismo! Dime solamente una vez en la que yo haya querido huir de ti en cualquier momento.
Omar se queda pensando.
-¡Ahí lo tienes! Ni una. Y puede que seas el hijo de un poderoso, puede que algunos te tengan miedo y otros desconfíen de ti, pero no le me des motivos para ignorarte, porque soy la única que tiene algo de esperanza de que no seas como tus padres.
-Vale.
-¡Pues bien!
Los dos siguen hacia adelante sin decir mucho más, pero a Omar le revolotea una frase por la cabeza que no para de darle vueltas y vueltas. Sin darse cuentas empieza a pegar unas pequeñas piedras que encuentra por el camino.
-Suéltalo. -empieza Ainhoa.
-¿Cómo?
-Lo que te pasa pro la cabeza. No soy una ignorante, ¿sabes?
-Nada... otra frase echa.
-¿Importante?
-Probablemente lo que terminará haciendo que me pegues una buena torta.
-Mejor que no lo digas.
-Mejor.
En un instante, Ainhoa ha pasado de enfado a alegría, una pequeña de normalidad, pero alegría muy en el fondo, algo que es capaz de quitarle y devolverle Omar en menos de un minuto.
Andan si rumbo, el uno siguiéndole al otro, sin mirarse a la cara, pero tampoco se fijan en el camino que se encuentran siguiendo.
Un gran prado se extiende a su alrededor, con hierba un poco alta y preciosa a la luz de la luna que resplandece ante tal oscuridad.
-Por cierto, ¿dónde estamos? -pregunta Omar mirando alrededor.
-No tengo ni... ¡mierda!
-¿Qué pasa?
-Estamos en el mismo lugar donde me atacó la chica que al parecer conocía.
-¿Qué chica?
-¡Y yo que sé! No me acuerdo de su nombre.
-¿Crees que sigue aquí?
-¡Qué pregunta más tonta! ¡Claro que no está aquí! Pero vosotros tampoco deberíais. -dice una voz femenina por detrás tuyo.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! De nuevo por aquí leyendo esta encantadora novela. Me gusta ese di´logo entre Omar y Ainhoa porque se llevan la contraria y tironean pero se nota que hay cierta energía entre ellos. La voz femenina... ¡Pues me has dejado intrigada! Problemas seguramente. Veremos que ocurre. Un beso grande y gracias por compartir tu imaginación.

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    1. Hola, Lou! Un placer que te pases por esta encantadora novela, pues, y ya sabes que te puedes pasar todas las veces que quieras. A mí me gusta que te haya gustado el diálogo entre Omar y Ainhoa, se pelean y tironean, pero en el fondo se llevan mejor que con cualquier otro y para eso solo hay que observar sus encuentros. Sobre la voz... solo puedo decirte que te toca esperar. Otro beso enorme para ti, y gracias a ti también por darle vida a tu novela:)
      Nerea.

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