viernes, 28 de marzo de 2014

Capítulo 58

Gota tras gota, tumbado en el suelo, siente cómo su cuerpo ya casi no puede más.
Eso es lo que pasa cuando se traiciona a alguien de tal manera en la que la rabia se apodera de él y te da el mayor castigo en la vida puedas llegar a conocer.
Y es que durante años ha mentido a su propio hermano y ha manipulado a su mejor amigo. No es que se sienta orgulloso de ello, pero lo veía necesario.
Porque sí, Hermenegildo, hermano del más poderoso Julián, es rebelde.
-Eres idiota. -comenta la ronca voz de Abraham.
Hermenegildo se incorpora.
-No hace falta que tú también me lo digas.
-No, eres idiota por no habérmelo dicho antes.
-Para que tú, siendo el pequeño siervo de mi hermano que eres dejara que éste me matara. ¡Pues no! He echo lo correcto y no me arrepiento de nada.
La cara de Abraham se ilumina entre los barrotes mientras que Hermenegildo, por primera vez en su vida, siente dolor.
-Haces bien en no arrepentirte de nada, porque ha llegado el momento.
Hermenegildo se aclara la garganta. Él es la gran excepción. Él es el único que va a morir en la hora de Sanación, rodeado de poderosos inútiles que lo único que pretenden es hacerse con algo más que todas las tierras que se extienden por Daemón.
Abraham abre la celda y lo saca con la mano.
-¿Sabes que no he perdido tanta fuerza como para huir de ti?
-Pero no lo harás, amigo. Nada es lo que parece, no te necesito débil. Sé que has salido de Daemón y has visitado a tu sobrino durante su estancia ahí.
-Eso todo el mundo lo sabe. Pero el muchacho está vigilado por la ADM, por lo que Julián y Dolores piensan que está bien.
-Ya, pero vamos, sígueme.
Hermenegildo se dirige hacia las escaleras, pero Abraham lo redirige hacia una pequeña puerta que se encuentra en la otra punta.
-¿A dónde vamos?
-¿Crees que los poderosos se perderían la hora de la Sanación solo por verte morir? ¡Claro que no! Estoy seguro de que tu hermano, furioso, te mataría delante de todos los demás poderosos y te colgaría en la plaza solo para humillarte.
-Bonita familia la que me ha tocado.
-Tú lo has dicho.
-Pero entonces, ¿a dónde me llevas?
-Han venido.
-¿Los de la ADM?
-¡No! ¿Cómo van a venir esos vagos aquí si ahí arriba tienen de todo y la ventaja añadida?
-Porque se les habrán cruzado los cables.
-No, Hermenegildo, han venido las... bueno, tú ya sabes a lo que me refiero. Ellos nos sacarán de aquí, tú no tendrás que morir, mi nieto dejará de sufrir y podremos unirnos a los que por fin darán la victoria a los Olvidados.
-¿Tú crees? Todos los poderosos tienen dones, con excepción de Paco, por eso éramos amigos, y que yo sepa, ellos lo único que saben hacer es actuar.
-Por eso, tenemos el efecto sorpresa. Algo que ellos no tienen.
-¿A quién crees que los del pueblo se unirán, eh? ¿A unos poderosos que tienen un ejército entero escondido o a unos campechanos a los que acaban de encontrarse?
-¿Los poderosos tienen un ejército entero?
-¡Tú no sabes la cantidad de mágicos que andan sueltos por ahí!
-Da igual, el tema es que nos vamos. Somos pocos, pero con ellos, el efecto sorpresa y todas las ventajas que tenemos contigo, podremos vencer.
-Los poderosos tienen tecnología, armas, poder y unas cosas que nunca vas a ver en la vida. Ellos tan solo tienen el efecto sorpresa. La victoria ya está señalada.
-No adelantes acontecimientos, Hermenegildo y sigamos. ¡Tenemos que irnos!
-¡Alto! ¿Quién anda ahí? -pregunta una voz femenina en la oscuridad.
Es Aitana. Lo que les faltaba para hacer de su huida la perfección. Una poderosa presumida que lo único que quiere es casarse con Omar, por lo tanto, odia a muerte a Hermenegildo.
-¿Hermenegildo el traidor y Abraham el carcelero? ¡Buena pareja! ¡Haré que torturen a tu nieto, viejo! Y respecto a ti, te voy a torturar con mis propias manos por intentar quitarme a Omar de la vida, imbécil.
-Esta se piensa que es el centro del ombligo. ¿Propones algo, Hermenegildo?
-Yo la he tenido que soportar casi siempre hasta ahora. Y tengo algo mejor que proponer algo para ir contra ella, ¡huir!
Los dos empiezan a correr mientras que la chica comienza a dar gritos en medio de la plaza como una loca que detesta ser ignorada o menospreciada.
-Gritando no podrá sacar a nadie de la Sanación. -comenta Hermenegildo. -Pero cualquiera que haya salido a cualquier hora tendrá que obedecerla, así que vamos rápido.
Abraham se saca unas llaves de su bolsillo.
-Se las robé a Irati. La cabaña es el centro de operación de todas las rebeliones y el único lugar donde podremos estar seguros.
-Pero esa no será una manera para huir.
-Si para ocultarse hasta que crean que hemos desaparecido por completo.
-¿No irán a mirar a la cabaña?
-¡Creen que no hay ninguna cabaña!
Los dos hombres llegan rápidamente al bosque, donde cambiando de rumbo tantas veces por las que cualquier humano podría marearse, llegan a un matojo del cual Abraham saca un silbato que no tarda el soplar.
-¿Para qué tienes un silbato que no hace ruido?
Abraham no responde, ni falta que hace. Del cielo caen unas escaleras por el que el hombre sube y luego ayuda a subir a Hermenegildo.
-Buen escudo, ¿eh? Solamente se logra ver cuando uno ha escrito su nombre de iniciación en la tablilla de los rebeldes. Es algo cutre, pero mejor que nada.
Hermenegildo queda asombrado por la pequeña caseta en la que entra y se encuentra con un agujero en el suelo, por donde se asoman otras escaleras.
-Ve bajando mientras que yo recojo esto un poco.
Hermenegildo obedece a Abraham y baja poco a poco por las escaleras para encontrarse una habitación húmeda y gigante donde se encuentra unas pocas personas.
Ahí se encuentra Carlos, el nieto de Abraham, unos cuantos del pueblo en los que entran Sara, la hermana de Valeria y José y Pedro, los amigos huérfanos de Fabio, increíblemente inteligentes. Con ellos, se encuentra también un hombre que no ha visto en su vida.
Tiene una pequeña barba castaña, al igual que su pelo, y tal y como Hermenegildo lo tiene: rapado. Una pequeña cicatriz en la frente, otra más grande en la mejilla y una última mediana en la barbilla que le distingue de ser un Olvidado, al igual que sus ojos, uno de cada color: el izquierdo verde y el derecho negro. La piel es clarita, y desde luego, es un hombre que impone mucho con esa mala pinta.
No parece ser de ese grupo que si es mencionado en Daemón por rebeldes, los poderosos descubren la imagen de uno de ellos. Fue la maldición que uno de los poderosos consiguió echar a uno de ellos una vez.
-Hermenegildo, te presento al líder del grupo que tú ya sabes: Osvaldo.

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