viernes, 4 de abril de 2014

Capítulo 60

La tal Claudia, la loca, no ha tardado en aparecer.
Solo han pasado cinco segundos desde que Omar se ha quedado solo y ya a vuelto a tener compañía, la de una chica pelirroja con la cara llena de pecas, bajita y pálida, con una nariz respingada y un flequillo muy recto que casi llega hasta sus cejas finas.
-Hola, Omar.
-¿Qué tal?
-Bien, ¿y tú?
-También.
-Me alegro. ¿Necesitabas algo?
-He visto tu futuro otra vez, huye de él, escóndete. Si la buscas la encontrarás, y no estás lejos de hacerlo de la peor manera posible.
-Vamos, que lo de siempre, ¿algo nuevo?
-Es algo serio, Omar, nada para tomárselo a la ligera. Tengo el don del futuro, y por una persona con la que puedo compartirlo me da la espalda.
-Lo siento, vale, pero hay algo en lo que me puedes ayudar.
-¿En serio? Dímelo, que te ayudo.
-¿Qué es lo que eres?
-Oh, eso no puedo decírtelo. ¿Cualquier otra cosa?
-Me vendría bien que me dijeras dónde está Valeria. Una chica rubia a la que la ADM, una organización que no tiene mucha importancia, se ha llevado.
Claudia palidece más de lo que en realidad es.
-No la busques, eso te llevará por el mal camino. Si coges el mal camino te la estás buscando.
-Solo te digo que necesito saberlo. No es solo por mí. También es por otra gente.
Omar mira hacia donde está Ainhoa, es el gesto de que salga.
Claudia, instintivamente, mira hacia la chica que ha empezado a salir con un pequeño palo.
-¿En serio que no has podido encontrar uno mejor?
-No quiero arrancarle un palo a un árbol, así que sí.
Claudia los mira extrañados, no sabe qué hacer, a pesar de ver el futuro, esto no lo ha visto venir, lo único que sabe es que hay una chica con un palo... ¡Y con el pánico que les tiene ella a los palos!
-Os diré lo que necesitéis, pero no me hagáis daño. -dice con un hilito de voz.
A Omar le dan ganas de dejarlo todo de lado, pero tiene que ser fuerte, ¡a un lado los momentos en los que su sensibilidad casi puede con él! En ese momento le vendría bien ser tan fuerte como la chica que se encuentra a su lado.
Lo que Omar no sabe es que a la chica que tiene al lado le gustaría estar tan seguro como él, ya que está a punto de cagarse en los pantalones sin saber qué hacer. No tiene ni idea de nada: ni la conoce, ni conoce el sitio, apenas casi conoce a Omar... ¡Todo es una locura!
Los tres se muestras perdidos, pero la pelirroja paranoica de los palos es la única que de verdad lo admite por sus expresiones.
-¿Quién eres? -pregunta Ainhoa. Ella se ha dado cuenta, Claudia también, y Omar, por supuesto que sí, y lo que Ainhoa no quiere que piense que es una tonta, pero es que su voz ha temblado notablemente.
-Pregunta que quién eres.
-Claudia.
-Está sorda, ¿recuerdas?
-Ahora sí. Pregúntale qué es.
-¿Qué eres?
Claudia no responde y aunque a Omar le siente fatal, pero no le queda otra opción que acercarse a ella con el palo en su dirección.
-¡No puedo decir lo que soy exactamente! ¡Solo puedo deciros que dentro de poco sabréis de mí! Por favor, todo a su ritmo. Necesitáis saber varias cosas... hacedme caso, no busquéis a la chica.
-Necesitamos a Valeria, me da igual lo que ella pueda decir, saldremos adelante, pero con Valeria. -murmura Ainhoa sin tener en cuenta que él es el único que la puede oír.
-¿Dónde está Valeria? -pregunta Omar.
-Ni siquiera yo lo sé. Solo veo un lugar muy luminoso lleno de pinos. No lo conozco. Lo único que sé es que si alguien lo sabía, ese alguien era tu padre, Ainhoa, y para encontrar a tu padre... -Claudia se para cuando ve abrir la boca a Ainhoa.
-La jodí. Enara y Nerea me van a matar.
-La piedra que se te rompió, ¿recuerdas? En catorce trozos. Nos nos rechacéis. Olatz, Rocío y yo somos las únicas que podemos ayudaros realmente, en las únicas en las que podéis confiar.
-¿En esa loca? -pregunta Omar.
-Sí, en esa loca, pero esa loca es la única que sabe la verdad sobre vuestras vidas y todo lo que escondéis, así que yo tendría cuidado. -le responde a Omar, y luego, mirando a Ainhoa, añade. -Solo con encontrar la parte de memoria de Margarita respecto a tu padre ya os debería de conducir hasta la clave para encontrar a los de la ADM.
-Si sabes la clave, ¿Por qué nos obligas a hacer eso? -pregunta Omar.
-Quizá ahora no lo veáis necesario, pero lo es. Haced parejas, dos son mejor que uno y puede que las dificultades que se os presenten sean grandes. Si no me equivoco, tenéis a las dos nietas de Margarita, ellas son importantes en este juego, luego estás tú, Ainhoa, también importante por tu padre, Omar, que es el único que puede hablar conmigo, Fabio, muy inteligente y miterioso, sabe más de lo que creéis, Elías, todavía más misterioso y necesario, por último Leo, su perro es el que necesitáis.
-En serio, dinos la clave, por favor.
-Solo os diré que la clave está delante de vuestras narices. Ahora a buscar las piedras, que perdéis el tiempo en esto si tanto queréis salvarla. Y recuerda Omar, no la busques nunca.
Claudia se va corriendo.
-¿Crees que nos ha dicho suficiente? -pregunta Omar, preocupado.
-Nos ha dicho más que suficiente, de echo, hasta nos ha dicho cómo dividirnos. Haber, catorce trozos de piedra...
-¿No eran catorce las frases que te vinieron?
Ainhoa lo mira con los ojos abiertos.
-¿Estás insinuando...?
-He aprendido que las casualidades no existen. Catorce personas que te dicen catorce frases que seguro que están relacionados con las piedras.
-¿Y tú cómo sabes eso?
-Tengo un oído fino.
Ainhoa no hace demasiado caso, seguro que sabe más de lo que cuenta y que eso del oído es una mentira, pero ha prometido no hacer más preguntas, y él, seguro que no se anima a hablar del tema.
-Por cierto, ¿qué tal la tele esta semana? -le pregunta.
-Como siempre, todo es telebasura.
-¿En serio?
-Todo se repite, no hay nada más. Sobre todo si no tienes nada mejor que hacer todo el santo día, tú estás aburrido y el estar aburrido aburre todavía más la tele. Y no intentes sacar más temas porque ahora estoy pensando en cómo volver a casa.
Ainhoa sonríe, le ha echo gracia, puede que mucha no la tenga, pero bueno, ella tiene derecho a sonreír por lo que le apetezca. Incluso en esos malos momentos.
Omar comienza a andar hacia la izquierda, mirando meticulosamente cada detalle que se encuentra en el paisaje.
-Es por aquí. -dice por fin.
-En realidad, querido sabio, es por el otro lado.
-¿Y por qué no me has dicho nada?
-De vez en cuando pensar más de la cuenta no viene mal. Hay que ejercitar el cerebro, amigo.
Omar aprieta los puños pero termina por sonreír y seguir a la experta.
-¿Cuántas veces te has perdido exactamente?
La ha pillado. Chico muy listo. Demasiado listo. Pero no es la primera vez que cosas así pasan.
-Cuatro o cinco, igual me equivoco y llegan hasta siete. ¿Tú sabes el dicho de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces? Pues yo lo he echo siete veces, por lo que más no me puedo equivocar.
Y no se equivoca, pronto se encuentran con el sendero que han seguido para llegar a ese punto, escondido entre los matorrales de antes.
Esta vez, en el camino, no hay silencios de ningún modo, los dos charlan tranquilamente mientras que sus cabezas olvidan que se encuentran en un momento de crisis, aunque, tampoco son los únicos.
Ainhoa sabe eso, pero hace como si no se diera cuenta, porque no quiere. Quiere seguir hablando con él y reír en paz antes del volver al dolor.
Él, en cambio, sí que se ha olvidado de la gravedad de la situación, y cuando ven la casa a lo lejos, todo vuelve a su cabeza:
-Deberíamos de ponernos serios. -dice entre risas.
-Empieza tú. -responde la chica, también entre risas.
-Yo no puedo.
-Pues yo tampoco, así que vamos para adelante.
Llegan y abren la puerta del jardín para subir las escaleras y encontrarse con el silencio más escalofriante que se puedan imaginar.
De echo, mientras que un escalofrío recorre la columna vertebral de Ainhoa, la chica se vuelve seria, ahora sí que no es un asunto de reírse, no se escucha ni un alma cuando deberían de haber cinco. Omar la imita y su cara coge una mueca que se podría confundir con una de dolor.
Ni la primera ni el segundo dicen nada, abren la puerta y entran. Miran hacia los lados. La chica tose. El chico abanica su alrededor para despejar el aire.
-¡Fabio! ¿Qué ha pasado? -pregunta la chica.
Omar la mira extrañado y ella le responde con otra mirada. Se entienden al instante. Seguro que ha sido obra suya.
El chico mira al suelo y se encuentra con algo... sangre granate. La sangre que la mayoría de ellos tiene en ese momento.
Más adelante, un cuerpo pálido. El de Enara.
Ainhoa se abalanza para ayudar a Enara mientras que Omar se queda mirando el alrededor, buscando cualquier cosa sospechosa.
-¿Qué es eso que está detrás del sofá? -le susurra a Ainhoa.
La chica alza la vista y busca el sofá. Ahí esta. Y ahí están también.
Unas alas enormes, elegantes y negras sobresalen cubiertas de sangre granate, la misma que debe de estar en el suelo, deducen, y débiles.
-¿Fabio? ¿No será esto una broma?
-No lo es. -dice Fabio con un hilo de voz.
-¿Dónde estás? Hay una cosa rara detrás del sofá.
-Yo soy la cosa rara detrás del sofá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario