miércoles, 9 de abril de 2014

Capítulo 61

-No es nada grave, solamente le han salido las alas. -dice Elías cuando entra al salón y enciende la luz.
Fabio grita de dolor, se cae al suelo y se retuerce en la dura madera.
-Lo siento, tío, pero sino, no vemos.
Omar y Ainhoa miran extrañados al sofá.
-No es nada. Un efecto secundario del cambio de los dieciocho. Seguirá siendo débil a la luz durante un par de minutos más. Y Enara se ha desmayado, llevamos esperando diez minutos a que vuelva a ser ella otra vez.
-¿Y los demás?
-Nerea intenta encontrar algo para que no le duela tanto y para que la herida de la espalda le cicatrice, Leo está ayudando y yo acabo de volver al oíros.
-Sabemos donde está Valeria. -dice sin ningún rodeo Ainhoa. -Pero para ello necesitamos encontrar unas cosas por las que Nerea y Enara me van a matar, tendremos que separarnos y dejar el lugar.
-Puede que no volvamos. -añade Omar.
-¿Cómo sabes tú eso? Que yo sepa, Claudia no ha dicho nada sobre el tema.
-Ya, pero sus ojos sí. Además, si es algo peligroso, puede que alguno de nosotros muera, pero encontrar a Valeria supone encontrar a la ADM, tendríamos la misma ventaja.
-La misma no, pero nos acercaríamos un poco. Además, algún día ya moriremos. -responde Elías.
-¿Qué debería de enfadarnos a Nerea y a mí? -pregunta Enara en el suelo, inmóvil.
A Ainhoa casi se le sale el corazón del pecho, se enfada tanto que estaría dispuesta a darle a Enara con cualquier cosa que encontrara primero. Dos sustos en dos minutos, todo un récord.
-Que vengan.
Cuando Nerea entra, ayuda a Fabio a levantarse y a ponerse bien mientras que Leo viene por atrás con una bolsa, las pezuñas de su perro hacen ruido en la madera y lo hacen resbalar un poco. Enara sigue en el suelo, ni falta que le hace levantarse, no tiene fuerzas, y Elías, por hacerle compañía, se ha sentado a su lado. El público ya está, ahora es turno de los cuenta-cuentos.
-Bueno, como ya sabéis, Valeria está atrapada por los de la ADM. Pero, eso no es lo único que sabemos, hoy hemos descubierto que hay algo más. No son Olvidados, pero no son mágicos, y como son algo intermedio... hay que buscar su ayuda. Estamos solos aquí arriba. -empieza Omar.
-Y a la vez, debemos de ayudar a Valeria a salir, y para sacarla, tenemos que encontrar cierta piedra porque solo dos personas conocían el paradero de los mágicos, y los dos están muertos. -continúa Ainhoa.
-Ainhoa tuvo que hacer algo para sacarle el recuerdo a una de esas dos personas, de las cuales Nerea y Enara están al tanto, pero lo perdió, por lo que tenemos que encontrar la piedra.
-¿Que perdiste la piedra? -pregunta incrédula, Nerea. Mira a los lados, todo el mundo la mira, por lo que ella baja la mirada y se esconde detrás de las nuevas grandes alas de Fabio.
-Y se me rompió. -añade Ainhoa.
-Bueno... será en dos, ¿no? -intenta la chica escondida.
-No. Catorce. -responde Ainhoa cerrando los ojos.
Enara incluso se incorpora.
-Que piense un poco, lo que tenías que buscar y te preocupaba, ¿era una maldita piedra que se había perdido? -exclama Elías.
Ainhoa asiente y las otras dos chicas metidas en el problema la mira fijamente a los ojos.
-Encontrando el recuerdo de mi padre, podemos encontrar a Valeria, y de esa forma tendremos doble ventaja sobre los mágicos.
-Pues vamos. -dice decidido Leo.
-No. Todos no. -interrumpe Omar.
-Necesitamos ir a por las piedras para encontrar, pero también necesitamos armas y defensa y por último, necesitamos encontrar a los otros. -termina Ainhoa.
-Tres grupos, entonces. -piensa Fabio en voz alta.
-¡Qué listo! -comenta Elías.
-Pero tienen que ser grupos fijos, necesitamos dos personas fuertes e inteligentes para las armas y las defensas, también se podrían inventar estrategias. Y sí, eso va para vosotros dos, Fabio y Elías. -dice Ainhoa mirándolos a los dos.
-Leo tiene a su perro y Enara da confianza. -la rubia sonríe alegremente. -Por lo que iréis en busca del último grupo. -sigue Omar.
-Y los tres que quedamos iremos a por las piedras, y hay razones para esto. Tenemos que dejar la casa, por lo que necesitamos coger lo primero que encontremos, lo más necesario de todo. ¿Tenemos mochilas suficientes? -da por terminado a la explicación un poco molesta Ainhoa.
-Oye, nosotros, es decir, Fabio y yo, necesitamos crear armas y defensas y cosas así... ¿por qué tenemos que irnos? Con lo agustito que se está aquí. -se queja Elías.
-Todos tendremos que irnos. Nosotros tres buscaremos algún que otro coala, es necesario para encontrar la piedra relacionada con la frase de Alba.
-¿Cómo que frases? ¿Qué tienen que ver con las piedras? -pregunta Leo.
-Catorce frases, catorce trozos de piedra. No puede ser casualidad. Y una última cosa más, ya no es tiempo de esconderse o intentar ser distinto a quien eres, basta de esconderse, y eso va para vosotras, primas, pero también para todos los demás. ¿Entendido? -pregunta Ainhoa.
Todos asienten y se levantan.
-Lo necesario. Nada más ni nada menos. -recuerda Omar.
Siete mochilas desaparecen en siete habitaciones distintas con siete personas de las que cinco van a salir totalmente distintos de cómo han entrado.
Cada uno de ellos sigue teniendo su mirada fija en la misma puerta que tanto se ha abierto y cerrado en esa semana y media dándoles buenas y malas noticias, alegría y desesperación, pero sobre todo, un nuevo comienzo para una nueva vida que está a punto de cambiar radicalmente.
Fabio lleva una enorme gabardina que le queda enorme, mientras que Elías lleva dos mochilas, una en cada mano. Son los más extraños de todos.
-¿Dónde y cuándo nos encontramos? -pregunta Enara. -Si nos separamos no volveremos a vernos.
Ainhoa mira a Nerea, extrañada, y esta le devuelve una mirada y una pequeña sonrisa indicando que Enara es más pesimista de lo que nunca hubiera creído.
-¿Fabio? ¿Sabes algo, pequeño listillo? -pregunta Ainhoa como recurso.
-Ni idea alguna. Pero sé que los rebeldes sí que conocían técnicas que les permitía comunicarse entre ellos sin la interferencia de los poderosos. -dice mientras que su cara se gira hacia Nerea.
-Vale. No hace falta explicar nada, uno de cada grupo sabe cómo funciona y lo ha probado alguna vez, así que en marcha.
-¿Cómo era? -pregunta Elías.
Enara comienza a cantar a lo bajito.
-¿La canción? Seguir las instrucciones, ¿no? -termina por fin.
-Así es, en marcha. -insiste Nerea.
-¿Por qué tienes tanta prisa? -pregunta Omar.
-Porque cuando más tiempo tardemos aquí, más tiempo tardaremos en encontrar todo lo que necesitamos, y me conozco, algo peor, os conozco, si fuera por nosotros nos quedaríamos aquí viendo los bichos de la tele.
Los demás sonríen. Lo peor es que es verdad, y viene bien tener a alguien capaz de controlarse y que tiene claro lo que debe y tiene que hacer.
-Recordad, verdad y más verdad, todo lo que salga de nuestras bocas tiene que ser sincero, porque sino, no llegaremos a nada.
-¿Pero no decía la voz y la chica que imitaras a...?
-¡Cállate, Omar! Necesitamos la verdad, entre nosotros, por lo menos. La verdad entera.
Ainhoa, por primera vez, nota la mirada de los seis en ella, puesta con gran interés, como si por primera vez comenzaran a entenderse sin insultos ni cualquier otra cosa ofensiva que pudiera crear esas pequeñas batallitas entre ellos.
-¿A dónde vamos nosotros? -pregunta Elías.
-Al único lugar que parece ser seguro para nosotros: el bosque.
-¿Qué? ¡Yo no pienso volver ahí! Estás majareta, pequeña bruja-niñata.
Por primera vez en su vida, Ainhoa no se molesta con el apodo, más bien, le gusta que le llame así, ha comenzado a tener algo con todos, a echar tales raíces que se sigue enfadando, pero bueno, lo hace menos, lo cual se agradece.
-Deberás, porque ahí saben de nosotros, hay quienes nos salvan y quienes nos advierten. Ignorad la ayuda de estas últimas y seguid con vuestro trabajo. Armas y defensa.
-Armas y defensa. -repite Fabio como un lorito.
-¿Y nosotros? -pregunta Leo, que ha estado escuchando todo el tiempo sin abrir la boca una sola vez.
-También al bosque, es donde aparecen las ayudas. ¡Es obvio! -exclama Nerea.
-Y llevad una rama. -añade Omar.
-¿Una rama? -ahora la que repite es Enara.
-Sí, es una larga historia, pero os ayudará con una pelirroja, si se la enseñáis, os tendrá miedo, pero también sabrá de parte de quién vais. Es sorda así que no os escuchará. ¿Con eso les bastará?
-Sí, Omar. -asiente Ainhoa.
-¿Nosotros por dónde empezamos? -pregunta Nerea.
-Por buscar el zoo más cercano a este, un zoo que tenga coalas. También tenemos que analizar las frases, las personas no parecen importantes, pero su significado sí, hay que ver más allá.
-¿Y será ahí donde estén las piedras?
-Puede que sí, puede que no. Hay que probarlo.
-Y lo mejor es empezar por el más fácil: la frase del coala.
-Bien, pues manos a la obra, practicaré para intentar comunicarme, no os alarméis durante los primeros dos días.
-Vale, Elías, pero ten cuidado con caerte. -advierte Nerea.
-Y con los mareos. -añade Enara mientras se despide con la mano a todos.
Leo coge a Tadeo por el collar que lleva puesto y lo arrastra en su dirección.
Ainhoa, Omar y Nerea observan cómo sus amigos se separan de ellos, el trabajo más difícil pero a la vez más interesante les ha tocado a ellos, y no les importa.
-Bien, ¿alguien sabe dónde está un zoo? -pregunta Omar al minuto de que ya no vean ningún alma, pero siguen mirando al horizonte, muy importante el hacerse el interesante.
-Ni idea, tendremos que fingir que somos turistas. -admite Ainhoa.
-Mentir se me da muy bien. -comenta Nerea.
-Otra razón por la que te hemos elegido a ti y no a tu prima. -sonríe Ainhoa mientras que conduce a sus amigos por el camino hacia otro lado.

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