viernes, 11 de abril de 2014

Capítulo 62

Es muy triste admitir que a veces se puede perder la batalla antes de empezarla, es muy triste admitir a veces que a muchos les falta valor para alzar la voz, pero es todavía más triste admitir que la persona a la que más has querido en el mundo, nunca te hubiera querido tanto a ti, o que te hubiera olvidado para los cinco días de conocerte.
Y no, no estoy hablando de amor, estoy hablando de algo más, hablo de la enfermedad olvidadiza, más común en Daemón como la enfermedad de la locura.
Y esta enfermedad es lo que Nerea padecía, esta enfermedad es lo que últimamente en el lugar más oscuro que jamás nadie se haya imaginado, ha comenzado a extenderse con facilidad, como si fuera una plaga, cuando en realidad, la enfermedad no es por ningún contagio de nada, es cuando el cuerpo de un olvidado comienza a tener tantos cambios a la vez que no es capaz de guardarlo todo en él.
Vas perdiendo la cabeza y el uso de razón, te encierran, y al final, te ponen una pena de muerte solamente por algo inofensivo.
Si tienes suerte, alguien irá a verte al cementerio.
Todo ahí es triste... no hay nada nuevo, ningún cambio desde que ocho Olvidados dejaron Daemón para la prueba definitiva de los poderosos y la señal que acordaron en que serían para avisar a los mágicos.
Más de cien años atrás, dos bandos se unieron contra el tercero para gobernar ante todo el mundo y se creó la mayor unión de poder que jamás se haya conocido. Por su parte, los mágicos de la ADM siguieron siendo los mágicos de la ADM y los poderosos de Daemón, siguieron siendo los poderosos de Daemón, que se habían unido con el enemigo contra sus propios hermanos.
Los mágicos eran una evolución un tanto artificial de los Olvidados, mientras que los poderosos eran los supremos de esta especie.
-Cuando estemos listos, os mandaremos un hijo de poderoso a la tierra, el primero que vaya, el que será la iluminación de una nueva era.
Omar siempre fue un juguete, por lo menos para Julián, para Dolores era un juguete convertido en niño, y no cualquiera, SU niño. De ahí que lo mimara tanto.
Todo tiene su explicación, nada es casualidad. Ni que alguien nazca ni que alguien muera: todo tiene que ver con algo que influye a los más cercanos de éste.
La decisión de Margarita tampoco fue una casualidad, algo tiene que ver con todo esto, algo que todavía, ninguno de los ocho sabe.
La razón por la que los otros siete hayan ido, es porque en ellos se encuentra el mayor enemigo, el que supone la mayor fuerza, ¿y por qué Irati no entra en esa fuerza? Pues porque Irati es fácil de manipular, al igual que sus padres.
Las puertas de una enorme sala se abren y se cierran continuamente impidiendo que Dolores se quede tranquila a pesar de todo el consuelo que Paco intenta darle.
La niebla se hace menos densa y a pesar de toda la oscuridad que todavía se sigue manteniendo, hay algo distinto en el aire, todo se ve cada vez más claro, y no del todo como las antiguas televisiones, donde todo era en blanco y negro.
-¿Supone esto una buena noticia? -sigue insistiendo Dolores.
Pero Paco no contesta, y su silencio la preocupa todavía más, le duele, y puesto que ese es su único sentimiento, le hace dudar en si su marido y su hijo estarán bien, en si todo eso saldrá bien, y por primera vez, un poderoso duda, de echo, la mujer del más poderoso es la que duda.
-Me parecen que sus preocupaciones están de más, señora.
-Vamos, Paco, no te estoy preguntando en todo de lo que están hablando ahí adentro, solo te pregunto si tengo razones para estar así o no, en su Julián y Omar están bien.
-Que Julián está bien es un echo, de lo que están hablando ahí adentro... todo va como lo previsto, no tienes necesidad de preocuparte. Ni por Omar, es un buen chico, estará bien.
En cambio, esas palabras no tranquilizan a Dolores ni la pone en sentir ese vacío que acostumbra.
El chico que lo está pasando realmente mal es Carlos. Alejado de su abuelo, de su única familia, de los que pueden sacarlo de ahí y torturado cada día por Irati, que cada vez, tiene los ojos más blancos.
No puede volver a la caseta porque desde que Hermenegildo huyó con Abraham, se les busca por todos los lados, y él, siendo el más cercano, ya no tiene la opción de dejarlo todo, le toca sufrir más que nada, pero en su cabeza eso vale la pena si se encuentra haciendo lo correcto para él y salvando de la tiranía a sus seres más queridos.
Osvaldo... no para de estar en su cabeza todo el santo día. No parece el más típico líder de... eso. Parece más bien que tenga la pinta de un auténtico mágico de la ADM.
El pelo rapado y negro le da una pinta de duro que sus tres cicatrices, una en la frente, pequeñita y de hace mucho tiempo, otro, en el moflete, hacia adentro y todavía de más tiempo, y él último, justo al lado del ojo izquierdo no es de hace mucho tiempo, es bastante reciente. Encima tiene esos ojos azules que te dan miedo por su seriedad y la expresión de su cara. Es alto y robusto, fuerte, musculoso, y aunque estas cualidades las vaya perdiendo poco a poco y se vaya debilitando, él sigue pareciendo echo de roca.
No sabe si confiar en él o no, debería de hacerlo, pero le cuesta, además, ni él ni nadie se ha preocupado por él y aunque sea, ha intentado buscarlo.
Él debería de ser el más apto para buscarlo.
Cubierto de sangre y de lágrimas negras, tirado en una esquina como alguien a quien nadie quiere, sufriendo como nunca y superándolo como nadie.
Carlos es más de lo que nadie jamás pueda imaginarse.
La luz que se ve por la ventana de su celda cada vez se va haciendo más clara, y cada vez más, y los colores se van distinguiendo poco a poco.
Duele la vista pero vale la pena ver todo el desastre que Daemón es en color, tan feo y con colores que no pegarían ni con cola, con cosas podridas por la calle, con gente sucia y calles llenas de objetos que se han echado a perder.
En la calle, observándolo todo, Irati, que se dirige con los ojos más blancos que nunca al gran ayuntamiento-casa de los poderosos, donde como cada mañana a primera hora, tortura a Carlos por puro placer.
La luz llega a tal punto que parece un día de verano sin nubes cuando el Sol está dando de pleno, uno de esos días en los que tú vas a la playa con tu familia o con tus amigos a pasártelo en grande.
La única diferencia es, que ese sitio sigue siendo tan frío como el polo norte o el sur, sin cambios en la temperatura, solo la luz y los colores.
Algo ha pasado, alguien ha entrado.
Julián, sentado en su silla sonríe, ya verá qué gracia le hace cuando los de la ADM no aparezcan en ningún momento, porque la razón de que la puerta se haya abierto, se encuentra en el pequeño grupo de rebeldes que está dispuesto a dar lo que no tiene para salvar a los demás.
Liderado por Osvaldo, quien por primera vez ha usado las puertas para transportarse, ya que su poder ha debilitado en su estancia ahí.
No hay nada peor que la sensación de que te hayan dejado solo, abandonado, como los crueles dueños que abandonan un perro en verano porque no lo pueden cuidar de ninguna manera, a merced de lo que le pase, cuando lo que más necesita es la ayuda de alguien.
Carlos no tiene ayuda, y ahora es cuando más la necesita. Ahora es cuando más necesita a su abuelo, a Elías, a cualquiera de las primas, a Margarita, a la hermana de su abuelo o al espíritu santo si quiere aparecer en ese momento, pero alguien, aunque no exista.
Se dice que las lágrimas son frutos de debilidad, o así los ven en Daemón, como puro cobarde y debilucho, pero si tuvieras que sufrir todo lo que él sufre, llorarías todos los días a todas horas.
Carlos, como buen chico, en cambio, generoso y que siempre piensa en los demás, le ve dos noticias a ese momento, quizá tres, si se luce, apartando su estado. Dos buenos y uno malo.
¿Los buenos? Que ahora los siete de afuera, (quitando a Omar), van a tener la ayuda suficiente para salir adelante y todo, y la segunda es que los de la ADM no han entrado.
¿La mala? Pues eso, que los de la ADM no han entrado y que el que va a sufrir las consecuencias es él.
Y no las consecuencias de Irati, sino unas consecuencias todavía peores, las consecuencias que mezclan el poder de Julián y el carácter del mismo hombre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario