miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo 63

Hola a tod@s! Siento muchísimo no haber publicado el miércoles y viernes anterior sin haber dado aviso alguno, es que he tenido problemas con Internet y para cuando todo estaba bien, ya era tarde. Lo siento mucho y espero que la espera haya valido la pena. Un beso. Nerea.

-¡No seáis lentos! ¡Vamos! -exclama Nerea mientras que intenta tirar de Ainhoa y Omar, que se encuentran cansados y rodeados de jaulas de animales.
-Ya hemos llegado al zoo, estate tranquila, tenemos tiempo.
-¿Qué dices? ¿Tiempo? -pregunta Nerea mientras que con pasos grandes se acerca rápidamente hacia Omar y le apunta con el dedo. -Catorce piedras en tiempo record, así que vais a llevar mi ritmo.
-La prefería cuando no dijiste que cada uno no tenía que mentir sobre su ser. Ha cambiado rápidamente.
-Tendría ganas de ser ella misma.
-Demasiadas.
Nerea avanza a gran paso mientras que mira para todos los lados, cuando, de repente, se para detrás del gran puente y se agacha para terminar de rodillas.
Menos mal que el zoo no está demasiado lleno.
-¿Qué pasa? -pregunta Ainhoa tranquilamente mientras que se acerca.
Nerea los coge a los dos de la mano y los empuja hacia abajo mientras que observa detrás del fuente gris de piedra.
-Nerea, ¿te das cuenta de que nos estás mirando? -pregunta Omar.
-Está aquí.
-¿Quién? -interviene Ainhoa.
-Él. -responde ella señalando.
-¿Quién? -insiste Ainhoa.
-¡Mira! -contesta Nerea cogiendo a Ainhoa y empujándola para que lo vea.
Un chico un poco más joven que ellos se encuentra solo, y parece preocupado porque lo vean. Por si no fuera poco, no se trata de otro que de Marcos.
-Elías y Leo. -murmura Ainhoa.
-Es demasiado extraño. -comenta Omar.
-Por algo me escondido y os he echo esconderos. Si ese chico huye de alguien, seguro que es de nosotros, y si encima ha sido compañía de Elías y Leo... esto es más de lo que parece. -concluye Nerea.
-Creo que deberíamos saludarlo y que estáis paranoica. -opina Omar.
Ainhoa siente rabia y una punzada en el corazón. Cierra los puños con fuerza y lo mira amenazante mientras que Nerea sigue con la cabeza a Marcos.
-Me parece que en esto Nerea y yo estamos de acuerdo.
-Cierto. Como alces la voz vas a descubrir el por qué de esconder nuestras personalidades. -dice Nerea con una sonrisa no demasiado coherente mientras que le pega con el dedo índice un toque suave en la nariz al chico.
-¿Entonces qué insinúas? ¿Que deberíamos seguirlo? -pregunta Omar.
-Pues es la mejor idea que has tenido en todo el día. -afirma Nerea.
-Mira la dulce e ingenua chica que perdía la memoria. -ironiza Omar.
-Oye, cuanto menos se parezca a ti, más extraño es cuando descubren cómo eres de verdad, ¿no?
-Bueno, algo que acabo de aprender sobre ti: directa al grano.
-Y algo más: es buena mentirosa. Tú podrías seguirlo. -interviene Ainhoa.
-¿Tu también con esa idea? -se desespera el pelirrojo.
-Pues sí, ¿algo en contra? -dice Ainhoa.
-No, nada, no te imaginaba tan curiosa.
-¡Si ya me conoces!
-Pues parece que no tan bien, para no saber que eres curiosa después de haber pasado un día entero contigo es raro.
Nerea sonríe ante la situación. Ella sabe que Ainhoa no es demasiado curiosa, si puede, incluso prefiere no meterse en la vida de los demás, y sabe también la extraña razón por la que quiere ir en la otra dirección: Omar está en contra.
¿Por llevarle la contraria? No, por otra razón.
Le da gracia tener que hacer de celestina por segunda vez, quizá ese sea su futuro: dar un empujón a todos aquellos que no tengan ganas de hablar sobre el tema que empieza por a.
Y se pone manos a la obra:
-Cuantos menos seamos mejor. Yo sigo a Marcos y recopilo la información sobre él, vosotros buscad a algún hombre que sepa sobre coalas, pero, ¿estás segura de que la piedra está aquí?
Ainhoa afirma con la cabeza. Siendo sinceros, ha sido ella quien los ha llevado hasta ahí. Omar y Nerea, los dos, temían perderse por el bosque sin saber cómo volver.
Nerea ni siquiera llega a comprender cómo siendo ella la nieta de Margarita, sea Ainhoa la que se haya sentido atraída por ese lugar.
-¿Cómo creéis que estarán los demás? -pregunta de repente Ainhoa, que de cierto modo se siente culpable de todo, de lo rápido que ha ido y haber arrastrado a todos.
-Bueno, el peor caso sería que la poli nos siguiera porque Fran haya desaparecido, y junto a él, más tarde, nosotros.
-Menudos ánimos que das. -suspira Omar.
-No pasa nada. Total, mejor no ilusionarse. -admite Ainhoa. -Manos a la obra, ¿tiene alguien algún mapa del lugar?
-¡Yo! -exclama Nerea. -Lo cogí cuando tardabais tanto en llegar porque estabais cansados. -dice mientras que desdobla un trozo de papel colorido que ha sacado de su bolsillo. -Ni sé dónde estamos ni sé dónde están los coalas, tendréis que buscarlo vosotros.
-Vale, gracias.
-¡Corre tras él que se va! -dice Ainhoa mientras que señala al chico que se aleja con rapidez.
-Suerte.
<La necesitaremos> piensa Ainhoa. Y está segura de que Omar, para no haber contestado, habrá pensado algo parecido. No es de extrañar, están en un lugar del que no saben nada con un mapa que no saben usar porque no saben ni dónde están y tienen que buscar una piedra de las que podría haber mil.
-¿Sientes algo sobre la piedra?
-Sí. Se mueve. Siento que va siguiendo a Nerea, pero mejor no juntarse con ella, eso significará que estamos cerca de Marcos, y no somos muy buenos ocultando cosas.
-¿Y si cogemos la fuente de referencia?
-¿Para qué?
-Para el mapa, tiene que haber uno en él. Haber trae.
Omar coge con cuidado el papel tan arrugado, que algunos sitios doblados, han perdido un poco de color, y entre cuatro ojos, observan cuidadosamente el papel, lleno de formas, colores, palabras y dibujos.
-¡Aquí! -grita en poco tiempo Omar, señalando un punto.
-Si lo tapas con el dedo no lo veo.
-Lo siento.
Ainhoa se ríe por dentro y mira cómo el chico retira la mano y deja un pequeño círculo que destaca entre todos los demás dobladillos, por decirlo de alguna forma.
En cambio, a la chica de algo le suena ese círculo gris, y en ese momento, lo ve, o mejor dicho, los ve.
-Omar, hay otros cinco más repartidos la misma zona.
-¿Y para qué quieren tantos fuentes?
-¡Yo que sé! Serán de donde cogen el agua para dárselo a los animales.
-¿Sabes que por ahí bebe también la gente?
-Solo llevo aquí algo menos de una hora, no soy la más experta en este lugar.
Omar arquea las cejas y mira a Ainhoa, luego devuelve su mirada al mapa y se concentra en buscar más similitudes entre los alrededores de las fuentes y de donde están. Sin darse cuenta, el chico va acercando poco a poco su cabeza.
-¿Preguntamos o esperamos a que te dejes los ojos con la dichosa hoja?
Omar separa su cara del mapa y se lo mete en el bolsillo. Mejor preguntar.
Se levanta y ayuda a Ainhoa a que se levante, mientras que mira a los lados para buscar a alguien fiable y no ningún niño que se burle y les mienta.
-Anda, déjame a mí. -dice la chica desesperada mientras que coge al primero que encuentra. -Perdone...
Tiene unos treinta años, es bajito y un poco regordete, con unos ojos completamente amarillos, una barba muy corta, la piel un poco oscurita por el sol, cejas peludas, labios finos, un pelo castaño y una enorme cicatriz que le traspasa la cara.
Ainhoa podría dar miles de detalles más, ya que se acaba de quedar paralizada por el miedo. No es que parezca el hombre más seguro de todos.
-¿Qué quiere? -pregunta con una voz grave.
-¿Sabe dónde están los coalas? -pregunta ella con un hilito de voz.
-Te llevaría a ellos, pero es que me tienes miedo. ¿Ves el árbol que sobresale por detrás de ese edificio? Ahí encontrarás un cartel que te va a señalar el camino que tienes que coger. Andas un poco y te encuentras con ellos de frente.
-Gracias.
-De nada.
Ni una palabra más, ella se aleja rápidamente hacia Omar y le dice que le siga. El chico, que hasta hace poco se encontraba mirando fijamente al hombre, quita la mirada de encima de él al instante y no se la devuelve.
¿Miedo? Sí, lo admite, ha pasado miedo.
-Hay un camino por ahí para llegar al árbol. -interrumpe Omar cuando Ainhoa llega a esa parte.
-Te sigo.
Y eso hace, lo sigue durante cinco minutos, mientras que el chico no para de torcer y a ella le da le impresión de que acaban de perderse. Pero puede que Ainhoa tenga que observar las cosas un poco más, ya que no se fija que el sitio al que no paran de dar vueltas es al gran árbol, buscando las flechas.
-¡Ahí está! -exclama Omar.
-¿Dónde?
Omar coge la cabeza de Ainhoa con suavidad, tampoco le quiere hacer daño, y la gira con delicadeza hacia la flecha de madera donde claramente pone "Coalas" con un dibujo de ellos al lado.
-¿A qué esperamos para irnos? -pregunta Omar después de un par de minutos así.
-Pues a que me sueltes la cabeza, idiota.
-Bueno, qué más da, si desde que hemos entrado hasta ahora no hemos parado de parecer unos raros.
-No he sido yo quien se ha emocionado cuando a visto un hipopopocomosiga.
-Hipopótamo. Deben de estar en peligro de estinción.
-¡Tú si que estás en peligro de estinción! ¡Si eso aquí es de lo más normal!
-Ah.
Ainhoa retoma el camino y Omar la sigue, pensativo, quizá avergonzado por haber metido la pata, o quizá con algo de miedo porque, como ella se acaba de dar cuenta, lo acaba de amenazar.
A pesar de haber aprendido el sinónimo más sutil de decir "te voy a matar", siente cómo su corazón se encoge y siente pena. Si sigue así de estupenda va a terminar más sola que la vieja de los gatos de las películas, ya que a ella los gatos no le hacen ni gracia, los detesta. A Gris... lo admitió por la distancia.
-¿Estás bien, Omar? -pregunta Ainhoa dándose la vuelta.
-Me he quedado pensando, no piensas que si se deberían de esconder unas piedras, ¿se harían en un sitio en el que nadie jamás pensaría?
-Se los llevó el viento. Y que yo sepa, el viento no piensa.
-Ya... -murmura el mirando al suelo, no por la vergüenza, que podría ser, sino por seguir pensando.
-Vamos que si a este paso, para cuando lleguemos, estaremos fuera por cierre.
Omar asiente y alcanza a la chica que sigue andando con la mirada firme al final del camino, cuando empieza a ver unos pequeños seres grises en los árboles.
Ainhoa sonríe y se alegra. En seguida, coge a Omar del brazo.
-Hemos llegado. ¡Están ahí!
-¿Ahora quién es la que se ilusiona?
-Que yo tengo motivos.
Ainhoa empieza a correr hacia el sitio, apartado, probablemente en una de las esquinas del zoo, rodeado de hierva, camino y un pequeño parque desierto.
-Aquí no hay ni Dios. -murmura Omar cuando alcanza otra vez a la chica.
-Mejor.
-O peor.
-¡Que pesimista estás hoy! ¿O quizá tienes ganas de darme la contraria todo el rato?
-Solo digo lo que pienso.
-Pues no sé tú, pero si hay que buscar la piedra, alguien tendrá que entrar, y temo que yo pueda contigo.
-¿Piensas entrar ahí adentro?
-Vamos, ¡míralos! Si parecen de peluche, no me van a hacer nada.
-¿Y si están poseídos?
-Pues les pego con palos, ¡yo qué sé! Pero habrá que mirar, ¿no?
Omar suspira. Y luego es él es ilusionado y emocionado con los hipopótamos. ¿Qué tendrán esos bichejos grises que le gusten tanto a ella? Quizá sea porque en sus manos pueden estar los únicos recuerdos que ella jamás vaya a conocer de su padre.
Cualquiera sea la razón, se está ilusionando demasiado, sus ojos brillan en exceso, no puede ser.
-¿Cómo te meto en una jaula?
-Aparte de por la cabeza, no veo problema alguno de pasar...
-O puedes usar el humo.
-¿Me estabas retando?
-Quería ver hasta qué punto de inteligencia podrías llegar.
-Idiota.
Ainhoa, rápidamente, se convierte en humo. Cada vez necesita menos tiempo para transformarse, no sabe si es por fuerza o porque le está cogiendo el truco al tema.
Sea cual sea el motivo, se mete dentro del jaula, y en poco tiempo y dentro, vuelve a ser una chica.
-Si viene alguien, ¡despístale! Hazte el loco, se te da de fábula, pero siempre gritando, yo me convertiré en humo y sea cual sea la situación huiré del lugar.
-¿Y nos encontramos?
-En la fuente de antes.
-Bien, hasta luego.
-Adiós.
Y sin más, Ainhoa se adentra entre las plantas traseras donde están escondidos los coalas.

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