viernes, 2 de mayo de 2014

Capítulo 65

Mira hacia atrás y vuelve su mirada hacia adelante. Omar y Nerea han vuelto al bosque, pero esta vez, es Nerea quien no entiende nada y se encuentra perdida.
-No entiendo qué quieres que hagamos. -dice Nerea.
-Pues hablar con esos chicos.
-¿Qué chicos? ¿De qué hablas?
-Del grupito extraño con el que salíais una semana antes.
-¡Ah! Nico, Sergio, Federico y Jon.
-Sí. ¿Dónde pueden estar?
-Hace una semana que no los veo... ¡Y yo qué sé! Tampoco es que les prestara atención, solo observaba por si encontraba algún mágico.
-¿Y encontraste alguno?
-Nunca se me dio bien.
Omar suspira y se le escapa una risita, Nerea también sonríe, es un momento un tanto patético.
-Pero hubo un sitio donde sí que noté algo.
-¿Dónde?
-¿Sabes el bosque que está en la montaña detrás de la ciudad? -Omar asiente con la cabeza. -Ahí fuimos atacados, y ya notaba algo antes. Pero era cercano.
-Ese es un buen punto de inicio, pero estamos demasiado lejos.
-¿Qué tramas, pelirrojo?
Omar sonríe.
-Ainhoa estará en el lugar más alejado posible a nuestra búsqueda, que siempre hemos rastreado esta zona. Y teniendo una piedra, estamos más cerca de que esta nos guíe a otras. Así la encontraremos.
-Haber que me aclare. Dices que buscando las piedras con otra piedra porque se atraerán encontraremos a Ainhoa, pero que cuando más lejos empecemos mejor.
-Sí.
-Buena teoría esa de la que las piedras se atraen. Ainhoa fue quien las rompió y si ella puede sentirlas, las piedras pueden sentirla a ella también.
-Así es.
-Pero para eso, como el hombre nos advirtió, no la debemos buscar.
-Ya lo has entendido. Me alegra que esto te lo esté diciendo a ti.
-¿Por?
-Porque cualquier otro no lo habría entendido.
Nerea sonríe esta vez y mira al cielo para buscar la localización del sol.
-El bosque se encuentra para el norte. El sol se está alejando por el oeste y el este es el que justo está delante. -comenta ella con los brazos abiertos. -¡Aquí! -exclama ella sonriente. -Este es el norte. Puede que sea el camino más difícil, pero es el más rápido, y nunca he visto a un poderoso convirtiéndose en humo.
-Te aseguro que nunca lo vas a ver.
Los dos sonríen y la chica se pone en marcha mientras que el chico intenta alcanzarla. Anda demasiado deprisa para él, que siempre ha sido el niño mimado y por el que han echo todo... Esa sí que era la buena vida.
Nerea sospecha que Omar tiene que elegir, ella desde que nació, a fuerza fue llamada rebelde. Toda su familia era así, pero para Omar debe de ser difícil que siendo criado de un modo tener que elegir el otro bando e ir contra su familia. Y por eso nunca le contará nada confidencial al pelirrojo, a pesar de que parezca de confianza.
En seguida salen del bosque y se encuentran con un enorme prado por el que se ve una enorme bajada y delante de la subida, un pequeño pueblo.
-Hemos sido muy tontos dando la vuelta a todo esto, ¿verdad?
-Sí, pero nunca me han gustado los atajos. -dice ella encogiéndose de hombros.
-¿Entonces?
-O te conviertes en humo, algo que nunca va a ser, o cogemos el atajo. Uno o dos, y hemos elegido el dos.
Omar asiente y sigue a la chica, que baja corriendo toda la bajada, cubierta por hierva cortada y barro, a pesar de que los últimos días no haya llovido nada, y enseguida, sus pies terminan manchados.
A la subida no hay tanta suerte, el chico se cansa en seguida, y aunque a la chica le cueste algo más, también termina agotada.
-¿Te parece si rodeamos el pueblo? -pregunta la chica.
-Pero nos van a ver.
-Pues que nos vean, no hacemos nada malo, ¿verdad?
Omar se calla e intenta seguir alcanzando a la chica, que a pesar de su cansancio, sigue adelante a toda velocidad.
Pronto, casi terminando la vuelta al pueblo, comienzan a ver unos árboles, los primeros que comienzan a crear el bosque, y es entonces cuando por fin Nerea para. Omar llega hasta ella y se agacha apoyándose en sus rodillas y tomar aire.
-Deberías hacer más deporte. -sentencia la chica.
-Desde luego la prefería antes. -susurra el chico.
-¿Qué has dicho?
-Nada.
-Seguro.
Responde Nerea arqueando las cejas y mira hacia atrás.
A Omar casi se le escapa el "bu", pero decide dejarlo al aire y continuar por enésima vez persiguiendo a su compañera de faena.
En seguida entran en el bosque y Omar anda con cuidado con las ramas que suelta Nerea, para que ninguno de ellos le entre en el ojo.
El pelirrojo mira al suelo y se entretiene mirando pezuñas de animales, para cuando se quiere dar cuenta, tiene a la morena a unos diez metros de él.
-¡Espera un poco! -grita el chico.
Nerea se gira, su pierna brilla en una luz azul marina, algo que seguro que ella no se ha dado cuenta, porque anda con toda naturalidad, hasta que palidece un poco al instante.
El chico deduce que es porque se ha dado cuenta de que su pierna es similar a una linterna, pero no parece mirar mucho su pie y preocuparse por ese problema, más bien, coge otra piedra, esta normal y gris, por el suelo, y se levanta con cuidado.
-Apártate. -le ordena ella.
-¿Qué pasa?
-Que te apartes.
Ve pánico en su cara, como si algo realmente horrible pasara, por lo que le obedece sin rechistar y deja que la experta apunte con la piedra. Pero fácilmente cambia su trayectoria de nuevo hacia el chico.
A Nerea, mientras, el corazón le va a mil, lo que esta viendo no le gusta nada, y por lo que más miedo pasa es por estar rodeada de cosas como esas. Nunca en su vida había pasado tanto miedo.
El tiempo se le agota y no sabe si realmente lo importante en ese momento sea guardar el poder tan antiguo de su familia. Decide optar por proteger quien realmente es al hijo del poderoso más importante e intentar tranquilizarse. Nada nunca le ha dado miedo y este no va a ser el momento cuando empiece.
Respira hondo y en el peor momento existente, lanza fuerte la piedra y coge otra para rematarlo.
Al mismo tiempo, la razón por la que el corazón de Omar lata tan fuerte se debe a la ignorancia y a la cara pálida de su amiga, ya que sin decirle lo que pasa, parece no encontrarse bien y que lo que ocurre es grave, tanto como para cerrar los ojos y dar un adiós a la vida.
El tiempo corre despacio a su alrededor y observa cómo la piedra se acerca lentamente a la vez que Nerea ve cómo cada vez, la boca de la serpiente enorme se hace más grande, tanto como para poder tragarse a Omar de arriba abajo, entero.
Al chico ni se le pasa por la cabeza mirar hacia el lado.
La cara de Nerea termina por ponerse blanca cuando mira hacia el lado y ve algo que le da todavía más miedo.
Al mismo tiempo en el que la primera piedra pega a la serpiente, lo suficientemente fuerte para que se aparte por un instante, Nerea cierra fuertemente sus puños, con miedo, sintiéndose pequeña, y la espalda de Omar termina empapada en sangre.
El chico siente nauseas al instante y todo le empieza a dar vueltas al mismo tiempo en el que su mirada se vuelve borrosa. Hasta que una mano lo coge por el brazo.
No es Nerea. Es Claudia. La pelirroja que solo puede hablar con él.
-¿Quién narices es?
-Una de las tres marías.
-¿Qué marías?
-Las raras del pueblo o de las afueras. Esta solo me escucha a mí y yo soy el único con el que puede hablar, se ha sentido sola durante un buen tiempo.
-No te he pedido su historia, solo saber quién es, y ya de paso si más cosas como esa van a aparecer.
Por primera vez desde que conoce a Nerea, el miedo aterra sus ojos marrones, tanto que después de lanzar la piedra, apenas puede moverse.
-Claudia. Y ni sé a lo que has lanzado la piedra y ha explotado detrás mío, así que no puedo decírtelo, pero... ¡Claudia! ¿Qué era eso?
-Una serpiente. -dice ella con una dulce voz.
-La...
-Sí, tú y cualquiera la oye, pero ella solo me escucha y habla a mí. ¿Alguna otra pregunta?
-Si hay más de esos.
-¿Hay más por la zona? -repite al instante Omar con mala gana que se escucha claramente en su voz ronca y seria.
-No, aquí no, tampoco debería de haberlo.
-Joder. -murmura Nerea mientras que se deja caer al suelo.
-¿Más preguntas? -pregunta Omar mirando a Nerea.
Ella lo niega con la cabeza.
-Pues vamos.
Dice él mientras repone fuerzas, se suelta bruscamente de Claudia y tira de Nerea. En ese momento es él quien tiene la fuerza y el relevo del guía.
Nerea no tarda tanto en recuperarse y repite la acción de soltarse con brusquedad mientras que enfadada se dirige al chico:
-¿Pero tú dónde te has dejado los modales, pelirrojo? ¡Aquí no eres ningún poderoso! Esa chica ha salido de la nada, vale, y daba mucho cague, pero después de ayudarnos se merece algo más que tu desprecio, porque parece conocerte. ¿Sabes? A mí no me gustaría sólo poder escuchar y hablarme con un idiota como tú. -exclama de sopetón y vuelve en sus pasos hacia atrás hasta el sitio donde antes se encontraban.
Para cuando Omar llega, ve a Nerea dando vueltas y buscando a la chica.
-No está. Aparece y desaparece como un fantasma.
-¿Y tú qué haces aquí? Sigue buscando quién eres porque así no encontrarás nada.
-Ahí te has pasado.
-Lo sé, pero estoy cabreada contigo, y cuando me enfado digo lo peor de una persona. Es un defecto que viene de familia.
-A Enara nunca le he oído.
-Haber, porque viene de MÍ familia, padre y madre, no de la familia de Enara, ni la de mi otra prima.
-¿Que tienes otra prima?
-Así es.
Nerea sonríe amargamente, hace mucho que no sabe de ella. Lo que ahora teme es que...
-¿Y qué es de ella?
Perfecto, este tío o le lee la mente o por mala suerte siempre dice lo que no debe. Ella sonríe forzadamente, se levanta y cambia la pregunta.
-¿Por qué le has contestado tú así a Claudia? Entonces será cuando yo te contesta qué es de mi otra prima.
Omar suspira.
-No me seas Ainhoa.
-No es ser Ainhoa o no, es hacer un trato. ¿Te cuento otro tema de mi familia? Cuando prometo algo o hago un trato, siempre lo cumplo.
-Por eso voy a tener que contestar otra pregunta, ¿verdad?
-Pues no, pero ahora obedece y no hables de otras cosas.
-No sé. Cada vez que está cerca no me siente cómodo y me enfado fácilmente cuando la escucho. Trato de ignorarlo, pero no puedo.
-Pues el nombre de mi prima era Janire, y digo era porque no se sabe nada de ella.
-La recuerdo. Una chica que daba mucho miedo.
-Ya, lo simulaba, pero en realidad era un sol.
-Los poderosos siempre lo han intentado ocultar.
-¿Han? Dirás "hemos", que yo sepa sigues siendo uno de ellos.
Omar suspira. Decidido. No sabe ni por qué. Quizá por su tío, quizá por Ainhoa o por cualquiera de sus otros extraños compañeros a los que inevitablemente les ha cogido cariño. Lo único que en ese momento tiene claro es el bando al que pertenece y en el que se hará un huequito.
-Que algo que te quede claro desde ahora en adelante, Nerea como-te-apellides-de-verdad, de lo único que soy poderoso es de sangre, por lo demás soy totalmente rebelde, ¿entendido?
-Sí.
-¿Me crees?
-¡Qué remedio! Además, pareces buen tío, pelirrojo.
-Ahora, ¿qué pasó de verdad con tu prima?
-Desapareció en uno de estos viajes, por eso se pararon durante un tiempo. Muchos la acusaban de crear una rebelión aquí arriba, pero para que desapareciera tan repentinamente... se necesita valor para ser un imbécil y acusarla de eso.
-Han habido muchos rumores.
-Ya, pero que la gente diga lo que quiera.
-¿Alguna otra pregunta?
-No, una afirmación de hace mucho.
-Dime.
-Tu pierna brilla.
-¡Si es verdad! -dice ella maravillada mientras que corriendo se saca la piedra de su bolsillo y la aparta rápidamente. -Duele.
-¿Será Ainhoa?
-No creo. La luz y la fuerza son demasiado grandes. Eso significa que se trata de otra piedra.
-¿Eso es bueno?
-Buenísimo. Tenemos la manera más fácil para llegar a todo y encontrar a Ainhoa sin buscarla a la vez, ¡alegra esa cara, tontorrón!
Él sonríe sin ganas y ambos, siguen la luz de la piedra durante el resto del camino.

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