miércoles, 7 de mayo de 2014

Capítulo 66

Nerea y Omar llevan escondidos unos cinco minutos. ¿Por qué no se marcharan de una vez?
A Omar le hubiera gustado tener ayuda de aquellos cuatro chicos, pero no se esperaba que su ayuda llegara tan repentinamente dejándolos debajo de unos arbustos hasta que se marche, algo que parece de lo que Jon no tiene ganas.
-¿Qué hacemos? -pregunta el chico cuando cuenta hasta diez para intentar tranquilizarse.
-Tengo un plan.
-Con tal de que no tengamos peligro de muerte.
-No creo, pero necesito que me des la copia de las frases que Ainhoa escuchó en su súper alucinación.
-¿Cómo? Yo no...
-Te conozco, pelirrojo. Hay que buscar en algo que una a Jon con la piedra para que mi pierna deje de ser una linterna.
-Pero que yo...
-Digas lo que digas no te creeré. Soy muy observadora, para tu información, y sé que tienes una copia de las locuras del año.
-Pues puede que tu seguridad no sirva de nada.
-Tú lo has dicho, puede. Pero yo me conozco y mi seguridad siempre me ha ayudado. Ahora a sacar la hoja.
-Pero...
-¡Nada de peros, Omar! Sé que lo tienes.
Omar se rinde, la chica es tan segura que a veces incluso le ha llegado a dar miedo. Pero, en cierto modo aprecia esa valentía y esa seguridad que él no tiene.
Nerea, en cambio, observa cómo Omar lo saca con toda normalidad, él también actúa bien, pero los ojos no mienten, son la única arma segura que una persona puede tener. De repente, se le ocurre la idea perfecta en el que seguro que ninguno de los dos falla. Sí, lo del plan era una farsa para que el chico se dejara de secretismos de bolsillo.
Omar abre la hoja más que arrugada donde en palabras que parecen garabatos, se encuentran escritas todas las frases, por orden, y se la pasa a Nerea, quien le echa un vistazo rápido.
-No sabía que había voces para cada frase.
-Hay una desconocida.
-Fijo que es la más interesante e importante.
-Bueno, busca.
-Lo tengo desde hace rato.
-¿Cuál?
-Haber, se nota hasta de lejos que Federico y Sergio se llevan muy bien juntos, entonces, el más cercano de Jon tiene que ser Nico. ¡Y voilá! Aquí no estará Jon, pero Nico es importante.
-¿Y entonces?
-Por lo que entiendo, tienes que ponerle la zancadilla para ver si el chico rueda. ¡Yo qué sé!
-Pues no es tan mala idea.
-Pero pone que no tienes que pensar en si tropieza.
-Espera, ¿tienes?
-Claro, yo tengo la piedra, por lo que tienes que entretener a Jon.
A Omar le gustaría que la tierra lo tragara completamente y que se lo quedará ahí para siempre, porque no hay nada que le guste menos que tener que hacer daño a alguien, físicamente, incluso podrían denunciarlo, a menos que demuestre que ha sido sin querer.
"No pienses en si tropieza, piensa en si zalla".
Nerea vuelve a pensar en la frase, la verdad es que no tiene mucho sentido. Bueno, ni sentido, ni pies, ni cabeza. No tiene nada. Pero habrá que probar, por eso no pasa nada.
Ambos se miran, cada uno por su lado, está más confundido que el otro. Quizá deberían hablar un poco más, pero Omar prefiere pasar lo antes posible su pequeña misión, lo que no tiene claro es lo que Nerea hará, seguramente, mandar y quedarse de brazos cruzados a la hora de la verdad.
Ni siquiera ella sabe lo que de verdad va a tener que hacer, pero ya saldrá por la marcha, algo que nunca se le ha dado demasiado bien. Todas las cosas que ha echo, siempre han sido pensadas de antes. Si algo le gusta de su amigo, es que él sepa ir sobre la marcha, a pesar de que a veces no salga tan bien como se lo esperaba.
Pero bueno, hace mucho que quería ser ella misma, y ahora que puede, intentará aprovechar.
-Hasta luego. -saluda la chica.
Ninguna respuesta por parte del hijo de los poderosos, y la nieta de Margarita, intenta tapar la piedra lo mejor posible con sus, luego, se hace una bola y apoya su barbilla en sus rodillas.
Omar, por su parte, avanza con bastante inseguridad, pero Nerea no puede verlo.
Está decidido, mirará por si encuentra a Jon e investigará un poco la zona, solo ha pasado por ahí una vez y no estaría mal tenerlo como posible hogar después de todo lo sucedido.
Le asusta todo el silencio que la rodea, se supone que está en un bosque, y la última vez que pasaron por el lugar, se escuchaban miles de pájaros cantando alegremente, de echo, incluso vieron algún que otro animal que esta vez no ha visto.
Algo va mal. Muy mal.
Y parece ser que Jon también lo ha notado, porque la piedra en la que hasta hace un momento se encontraba en una piedra que ahora luce vacía.
Mira rápidamente a los lados.
Nerea se asusta, y mucho, y eso que no es de las que tienen miedo, eso que siempre le ha agradado el misterio.
En ese momento, recuerda a su abuela, a su prima y a todos los demás que hace tanto tiempo que no ve y a los que les gustaría volver a ver.
Poco a poco, los ojos le pesan cada vez más, su nariz le comienza a picar y tiene la necesidad de respirar más y más rápido. Está a punto de llorar. Y parece que va a ser una muy buena llorera que le pegará mucho tiempo.
Pero no es justo. Ni para ella ni para Omar. Mientras que él está ahí intentando encontrar la manera de encontrar la siguiente piedra, ella no se puede permitir estar ahí llorando como una niña pequeña que se acaba de pelar una de las rodillas. A pesar de que ella nunca haya llorado por eso.
Se mete las lágrimas y espera tranquilamente y con los ojos cerrados a que el nudo de su garganta desaparezca.
Sin pensárselo dos veces, guarda la hoja y después de mirar si encima de la piedra puede ver algo más allá, se dirige al norte, que es por donde ve algo brillante.
Su abuela, de niña, siempre le decía que no buscara las cosas brillantes y permaneciera distante a las cosas más importantes, escuchando pero sin formar parte, que sólo así podría aprender a liderar y a tomar sus propias decisiones debidamente. Le hizo caso, y tenía razón.
Pero fue ella también la que siempre le dijo que siendo uno mismo te estás vendiendo a que te ganen en cualquier momento. le hizo caso, a pesar de todo, en esto no tenía razón.
Lo único que Nerea ha conseguido mintiendo sobre cómo es, es ganarse la desconfianza de seguramente muchos y parecer una tonta delante de todos cuando tampoco es mucho menos inteligente que Fabio y conocía aquel lugar y sus costumbres como la palma de su mano.
Pero la vida sigue y ese no es momento para empezar a pensar en ñoñerías.
Respira hondo y escucha el alrededor para ver si el silencio que tan nerviosa la pone cesa de una maldita vez antes de que se vuelva loca.
El silencio cesa en un momento, pero no con el ruido más bonito de todos, más que nada porque parece que la sigan, y eso nunca le ha gustado a uno.
<¡Perfecto! ¡Sólo me faltaba esto!> piensa la chica aterrada, pero intentando controlarse.
-¡Hip! -exclama ella, y pronto se tapa la boca.
Siempre ha oído que cada uno tiene una manera de reaccionar al miedo o a los nervios, y el suyo no podía ser menos ruidoso.
Menos mal que sólo lo tiene cuando está en la tierra y en seguida volverá... ¡Pero si no tiene casa! Ya Daemón no es un lugar seguro para ella, y a pesar de que quiera volver con todas sus ganas, tiene que hacer lo que su abuela siempre esperó de ella.
Todos tienen pequeñas misiones de corto plazo, pero ella tiene que cumplir ese que le costará, pero podrá hacerlo a menos que el hipo continúo.
-¡Hip!
Para que no. Se tapa fuerte la boca y sigue un poco, hasta que estornuda, y luego rápidamente, le vuelve el dichoso hipo.
Parece una de esas escenas de película, pero no romántica, sino de miedo, cuando el prota hace mucho ruido y luego sus amigos lo encuentran muerto. Pues ella es la presa, a menos que el ruido sea echo por un animal.
El ruido se repite. Desde luego, lo ha echo o algo muy grande o una persona, no queda otra.
Pero sus dudas van a terminar pronto, ya que alguien le acaba de tocar la espalda y su corazón se ha encogido al instante como una pasa.
-Mierda. -murmura.
Mientras, Omar, tiene que hacerlo bien, lo tiene que hacer bien sí o sí, porque sino, se lo cargará y no volverá a ver nunca más a Ainhoa. El corazón se le encoje, pero intenta quitarse el sentimiento de encima y se para para tomar aire, hondo, para que llegue a todas las branquias de sus nuevos pulmones en marcha.
Necesita relajarse un poco, está demasiado tenso, así que deja su cuerpo como si no tuviera fuerzas y se mueve un poco para que toda la tensión se le vaya del cuerpo. Y cinco años más tarde, sigue funcionando su misma técnica, algo sorprendente que puede que llegue a ser la única cosa aparte de su asquerosa palabra infantil que conserve desde que llegó a la tierra.
Se pone en marcha y coge un susto de muerte cuando escucha un paso cerca suyo.
Su cuerpo vuelve a atrapar toda la presión de la que acababa de prescindir y mira con seguridad a todos los lados, no vaya a ser que le tome por sorpresa.
No puede repetir el método, en público, sería demasiado humillante y dejarse en bandeja de plata para que le ataquen en cualquier momento.
Mirando alrededor, se da cuenta de que se ha alejado un poquito de la piedra en la que Jon se encuentra apoyado.
Omar avanza un poco en la dirección de la piedra y escucha en inmenso silencio que lo rodea, y un sentimiento que hasta ese momento era inexistente le crece por el cuerpo. Aunque él no lo sepa, es la morriña que le tiene a su casa, ese sentimiento que te hace echar de menos todo, incluso lo malo, de tu hogar, de tu casa.
Por un momento y por primera vez, odia la tierra, lo separa de su familia, pero por el otro, piensa en qué bando está metido y recuerda que sus padres se encuentran en el contrario.
Entonces se pregunta algo que hasta hace tiempo se le hacía prescindible y de la que no se había dado cuenta, ¿por qué está contra la familia y los suyos si no le han echo nada? ¿Qué han echo los poderosos para que se les tome tan mal?
Siente rabia y se enfada con el mundo. Un acto reflejo hace que sienta ganas de pegar al árbol más cercano, y lo hace.
Su mano le escuece, pero su ira es mucho más fuerte y todas sus dudas, todos sus miedos desaparecen, se hace seguro de sí mismo durante un instante.
Ni se da cuenta de que tiene la piedra delante y que la acaba de pasar.
Más ruidos por atrás, pero ya le da igual si es un animal o lo que sea, si es un mágico le dirá quién es, y si es uno de esos del bando al que Enara y Leo buscan, le dará lo que tiene merecido desde siempre: una buena paliza.
Se vuelve a parar.
Por un instante no se da cuenta de que alguien lo toca por detrás y acto seguido, siente cómo su corazón da un vuelco enorme.

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