viernes, 9 de mayo de 2014

Capítulo 67

Capítulo nuevo y seudónimo nuevo, que pronto cambiará, todavía le sigo buscando segunda parte, pero bueno, espero que no os moleste los cambios de última hora que hago. Votad en la encuesta por favor y sobre todo, disfrutad de la lectura! :)

Ni piensa. El puñetazo o el calmante que ha repartido ha sido su reflejo más rápido.
Cuando se gira se encuentra a Jon retorciéndose y quejándose en frente suyo.
Menudo alivio que le acaba de dar, y eso que Omar estaba tan enfadado y seguro hace tan solo unos segundos.
Entonces se da cuenta de que, realmente, acaba de pegar a un desconocido del que no sabe nada más que es amigo de tres chicos totalmente extraño, y de que él es el que más normal parece.
-¡Tranquilo, hombre! -exclama entre quejidos de dolor. -Ni que fuera un asesino en serie.
-Pero me seguías. -se defiende el chico.
-¿Tan mala baba tienes?
-¿Qué?
-Si tan mala leche tienes. Y por cierto, muy bonito usar la mano con la que has pegado al árbol y clavarme una astilla.
-Encantado, soy Omar. -dice el chico ofreciendo la mano del puñetazo, y se da cuenta de que de verdad, sí que una astilla o un trozo pequeño de madera se le ha clavado en el nudillo que se sangra.
Entonces, rápidamente, retira la mano herida y le ofrece la otra.
-Sí, ahora. Pues yo preferiría haberte dejado en paz.
-Habría sido un placer.
-Mejor para ambos, al parecer.
-No mejor, mucho mejor. Porque yo no me habría dado cuenta de que estoy sangrando y tú no te habrías echo daño.
Omar piensa entonces, que incluso ha sido mejor que Jon le haya encontrado antes que él, porque sino, el silencio del bosque lo habría llevado a la locura.
Todavía tiene la misma cuenta pendiente, una que Nerea ha cerrado, pero ella no es su madre y no le puede mandar. A pesar de que Dolores, habría preferido mucho más que su hijo se hubiera quedado en casa y hubiera estado del lado de la familia.
Pero, ¿y su tío Hermenegildo?
Respira hondo, ese no es momento para pensar, ahora tiene que coger confianza.
-¿Qué miras? -pregunta Jon.
Omar piensa rápido, eso de la improvisación siempre se le ha dado bastante bien, y ese es el momento más oportuno para usar su habilidad.
-Nada, me suenas.
-¡Cómo te voy a sonar si es la primera vez que ves! Maldito silencio.
Desde luego sí que es quejica el chico, por un momento, no le extraña que sea tan solitario y que sus amigos vayan cada uno más por su parte. ¡Oh! Eso es cruel.
-El silencio no tiene la culpa.
-Pero tú sí, y si te molesto, me vas a oír hasta que volvamos.
-Pues bueno, tengo entretenimiento.
-Serás...
-¡Omar! Soy Omar, encantado, ¿y tú eres?
-No te pienso decir mi nombre.
-Aparte de quejica, no querrás ser maleducado.
Por un momento piensa en dejarle de picar, necesita pensar, sí, pero se está pareciendo un poco a Elías, lo suyo es más escuchar, sonreír y consolar.
-Lo siento. -se disculpa, antes de que Jon pueda contestar.
-¿Por qué?
-Por insultarte y pegarte. Pero ha sido como un acto reflejo, a la siguiente, no vayas por atrás que soy como un caballo.
-Nota cogida.
Omar sonríe.
-Soy Jon.
-¡Es verdad!
-Hombre, claro que es verdad, con mi nombre nunca mentiría.
-No, es verdad de que ya te recuerdo, ¿tú sales con Sergio, Nicolás y Federico?
-Sí.
-Ya sé de qué me sonabas.
-¿De qué?
-Del pueblo. -miente Omar.
-¿Del pueblo?
-Sí, del pueblo.
-¡Ah! Ya sé...
<¿De verdad?> piensa Omar, o buena suerte o que es muy hábil, ahora mismo no puede distinguir entre esos dos.
-De Pamplona. Pero no es un pueblo.
-Ya, así le llamo por mi hogar.
-No conozco muchos de Pamplona que se llamen como tú.
-Ya, porque soy de Galicia.
-¡Ah! ¿Y de qué me conoces?
-Conozco a tu...
-Primo Aitor, seguro, con lo amistoso que es. Yo también era de ahí antes de mudarme, seguro que tú viniste de más tarde.
-No me gusta hablar del tema.
-Lo siento.
-Tranquilo. -sonríe Omar.
Por primera vez desde todas las veces que lo ha visto desde la ventana, se le ve contento, pero a menos que le corte el rollo, se le pondrá ahí a hablar y le cazará.
Suspira y sonríe mientras que habla alegremente con Jon. Descubre todos los cotilleos frescos que la hermana del chico le ha ido contando a él a medida que pasaban los días de verano. Pero, para nada hablan de nada sobrenatural, y Omar no lo hará si Jon no saca el tema.
Tampoco hablan sobre los otros tres chicos, pero a Omar le pica demasiado la curiosidad, y prefiere preguntárselo antes de cumplir su misión, por si mete la pata.
Y de repente, como por arte de magia, ven cómo alguien sale rodando cuesta abajo por la gran cuesta que tienen delante suyo. Por el momento, no consiguen saber quién es, sólo que tiene el pelo castaño, y Omar teme lo peor.
Justo cuando Jon pone un pie para ver de quién se trata y gritar por el casi acantilado, Omar le pone la zancadilla, y a pesar de que tropiece, no se cae.
-¿Pero tú qué haces? ¿Me quieres matar?
-Lo siento, iba a andar y justo te has adelantado. -miente.
Jon suspira y se lo cree, lo tiene que hacer, ¿cómo alguien quien recién acaba de conocer le pondría la zancadilla para que se cayera de un precipicio? Eso es de locos y sólo ocurre en las novelas y películas de espías.
Omar se fija en la cuesta más allá del acantilado, están altos y lejos del pueblo, no sabe ni dónde están, y seguro que Nerea tampoco. Ya la buscará para eso.
-Ve a buscar ayuda, yo bajaré para ver qué tal está.
-Pero...
-Soy un gran escalador.
-Bien.
Ni un pero más, así le gusta, que obedezca en vez de ponerle pegas a todo. Eso significa o que es obediente e intenta ayudar o que está cagado por la idea.
Omar decide mirar y quedarse con la imagen una vez que ha perdido de vista a Jon, pero primero mira abajo y se encuentra con una pequeña linterna azul en el pie de la chica que es capaz de dejar ciego a cualquiera. En ese momento lo comprende, no tiene que buscar a Nerea, ella lo ha encontrado.
En algo les ha mentido a Jon y Nerea. Para empezar, a Jon diciéndolo que es un gran escalador, sólo lo ha visto en la televisión, y bien difícil que parece. Para terminar, en que Nerea jamás vería a un poderoso convertirse en humo. Bueno, directamente, ya no lo verá.
Se da la media vuelta con un amargo sabor de boca y se va dejando sola a la chica. Pero ya, no volverá, porque acaba de decidirse.

Hace un rato, a Nerea la han tocado en la espalda y su corazón se ha encogido.
Ha tenido la mala idea de girarse lentamente, y se ha llevado un buen golpe en el estómago nada más hacerlo. Casi ni ha podido ver la cara de su adversario, pero algo le dice que no lo ha echo con todas sus fuerzas.
Hay algo extraño en la lucha, pero Nerea no se va a parar a pensarlo.
Cae al suelo y se levanta, se protege con una mano el estómago y se gira rápidamente para ver a su adversario encapuchado.
Capa marrón. ADM. Eso es lo único que puede llegar a deducir al ritmo que otros golpes del mágico llegan hacia ella y la pegan una y otra vez.
El adversario traga saliva, no le gusta pegar, y mucho menos a ella. En cierta manera, le cae bien, y hay algo más escondido.
Decidido, la dejará tal y como está, pero no puede dejarla en cualquier lugar donde la vayan a descubrir, por lo que la coge en brazos y la lleva al acantilado más cercano.
No tiene demasiada altura, por lo que no se hará más daño, y seguro que su amigo en seguida la ayuda a salir de ahí.
La deja en el suelo y empuja débilmente con el pie el cuerpo aparentemente inconsciente de Nerea, que en seguida se hace una bola mientras que el hombre la saluda con la mano y escucha un ladrido a poco tiempo de ella.

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