miércoles, 14 de mayo de 2014

Capítulo 68

Nerea se incorpora, todo lo negro que ha pasado a blanco dejándola fuera de juego ha desaparecido y se siente pesada como un saco, con su piedra en la mano y cubierta de arañazos y heridas. Tiene el cuerpo dolorido y sus recuerdos se vuelven un poco borrosos.
No ve a nadie alrededor, pero el olor de otra persona inunda su nariz, además de una ligera luz azul que ilumina la noche que le acaba de caer encima. Huele un poco más y descubre que la persona le es conocida, de hecho, sabe perfectamente de quién se trata.
Nerea se levanta y corre dolorida a abrazar a su compañera.
-¡Te odio, te odio, te odio! -grita.
Ainhoa se zafa del abrazo, no está demasiado por la labor.
-¿Dónde te habías metido? -pregunta la menor.
-Jugando con coalas, si te parece, ¿y Omar?
-¡Ni idea! Nos separamos para que siguiera a Jon y yo pudiera coger la piedra, pero no lo encontraba por ningún lado y un mágico terminó por tirarme de la cuesta.
-Por lo menos no ha sido del barranco. -sentencia Ainhoa.
El maullido de un gato desconcierta a Nerea. Viene de un pequeño agujero cercando de donde rápidamente sale un gato gris.
-No tengas miedo, es un gato.
-Si no lo tengo. -responde rápido Nerea a su amiga.
-Se llama Gris, porque es gris. Y yo me llamo Olatz, porque mi madre se llamaba así.
-Nerea.
-No serás como el antipático, ¿verdad?
-¿Qué antipático?
-Omar. -aclara Ainhoa entrando en la conversación.
-¿El pelirrojo? ¡Qué va! ¡Si ese es un cobarde!
-Creía que te caía bien. -murmura Ainhoa.
-Y lo hace, pero una cosa no quita la otra.
Olatz suspira dramáticamente y coge a su gato en brazos mientras que lo acaricia y anda alrededor de las chicas. De pronto, se para y extiende la mano.
-Quiere sangre. -adivina Ainhoa.
-¿Sabes que esa es la mejor manera para pasar enfermedades y que he tenido una fuerte reciente?
Olatz retira rápidamente la mano.
-Rarita.
A Nerea le dan ganas de contestar que la rarita y la psicópata son ella, ni siquiera sabe cómo Ainhoa se puede relacionar con ese tipo de gente. Ella ya tiene bastante con esos cuatro chicos que conoció.
-No le demos importancia. -dice con un hilito de voz, pero aun así, le pica la curiosidad y Ainhoa consigue verlo en su cara.
-Lo usa para experimentar con armas y cosas como esas.
-¿Eres rebelde?
-No exactamente, pero me gustaría serlo.
-Me ha estado ayudando todo este tiempo. -añade Ainhoa sonriente.
-Me gusta esta chica. -susurra Nerea.
-Pues a mí por ahora no me gustas.
Nerea sonríe.
-¿Alguien sabe cómo salir de aquí? -pregunta Ainhoa para deshacerse del silencio, uno que sólo se le hace incómodo a ella.
-Fácil, nos convertimos en humo.
-¿En serio que podéis? -pregunta anonadada Olatz.
-¿De qué esquina la has sacado?
-No es una...
-No la estaba llamando prostituta. Ahora, contesta.
-Me la encontré cuando intentaba despistar a Omar. No la volví a ver hasta que todo se volvió negro y luego blanco. Perdí el rumbo y la consciencia.
Nerea se pone seria, y Ainhoa nota un pinchazo en el corazón, uno al que no le encuentra razón.
-A Omar le pasó lo mismo. Y yo también lo he sentido. Piedras, frases, gente y consecuencias. Esto se pone cada vez más interesante. -sonríe la chica de ojos marrones.
-Y difícil.
-¡No me quites el entusiasmo!
-Si aun así te seguirá gustando. -contesta Ainhoa mientras que Olatz las mira de otra manera, una manera en la que nota que las admira.
-¿Vamos? -pregunta Ainhoa.
-No podemos dejarla sola.
-Tenemos que correr, lo más rápido posible.
-Pero Omar y Olatz...
-Estarán bien.
-Que conste que un rebelde nunca deja a otro rebelde.
-Iros, podré subir, además estaré en buena compañía.
-Habla con su gato.
Nerea suspira y mira hacia los lados, están completamente apartadas del mundo y ella en especial no se encuentra en el mejor estado, además, ya ha abandonado a demasiada gente.
-A pesar de que vaya contra mis principios, podemos irnos sin ellos, pero no tenemos rumbo que seguir, por lo que puede seguir siendo lo mismo.
-Lo tenemos, sé quién tiene la piedra que guarda las memorias de mi padre.
Nada más terminar la frase, Ainhoa se convierte en humo y comienza a escalar la gran cuesta empinada.
-¿Quién? -pregunta Nerea.
Olatz se enconje de hombros, por lo que a ella tampoco le queda otra opción que seguirla lo antes posible, para no atrasarse, pero claro, no antes de saludar a su nueva compañera con la mano y acariciar un poco al gato.
Ambas se deslizan cerca del suelo lo más rápido posible, Ainhoa, porque no quiere que la otra la alcance, y Nerea, porque no quiere perderse.
Poco a poco, a la segunda, las imágenes que empieza a ver a su alrededor, se vuelven muy conocidas, y cada vez más, hasta que se da cuenta de que están volviendo a casa.
-Pero, ¿qué hacemos aquí? -pregunta la pequeña nada más convertirse en humana.
-Tienes que llevarme al sitio dónde Elías, Leo y tú conocisteis al tal Marcos ese.
-No me acuerdo del viaje, te recuerdo que fingir se me ha dado bien, pero que a veces me he metido demasiado en mi papel.
-Aquella vez cuando me diste la piedra no.
-Quería ser yo por una vez. ¿Sabes lo agobiante que es? Te sientes vacío.
-Tomo nota, pero ahora necesito que lo hagas. Por favor, haz memoria, seguro que muchas cosas se te quedaron en esa cabeza. Ánimo, ¡piensa!
-Ya lo hago, ya lo hago...
Nerea cierra los ojos, no quiere ver a Ainhoa mirándola fijamente mientras que ella encuentra el camino hacia aquel desvío.
-No encuentro nada... ¡Ya está!
-¿En serio? ¡Pues vamos!
-No, porque el camino no está, pero el nombre sí. Vimos un cartel antes de entrar en el pueblo. Quieras o no, de alguna manera tendremos que llegar.
-¿Qué insinúas?
-¿Qué loco vestido de negro nos trajo aquí y se ha vuelto el admirador número uno de mi prima tímida que se siente intimidada?
-Rafa.
-Con su súper perro.
-Me sirve, le podremos preguntar, pero no tienes la mejor pinta toda llena de arañazos y heridas.
-Me caí entre pinchos en una pequeña escapada.
-Las heridas son más grandes.
-Estaban a gran altura, por lo que luego me caí entre piedras y más pinchos de esos.
-Bien, pues tenemos la excusa, pero...
-Oye, que aquí la que más cosas quiere saber, es decir, yo, se está callando sus preguntas, así que ahora chitón y sígueme el rollo.
Nerea corre hacia el fondo de la calle y Ainhoa la sigue como puede, ella es más humana que la primera, por lo que le cuesta más.
Antes, mucho antes de que la pueda alcanzar, Nerea ya ha tocado la puerta de su vecino lejano, y para cuando llega a las escaleras, la puerta ya está abierta y un gran perro ha salido de la casa como si fuera una de esas casas del terror de Halloween que se ven en las pelis.
-¡Hola! ¿Qué tal están mis chicas preferidas?
-Enara no está así que puedes guardarte las palabras bonitas, Rafa. Necesitamos tu ayuda.
-¿Entonces le hablarás bien de mí a tu prima?
-Se va a notar mucho que te estoy haciendo caso.
-Ya, pero la esperanza sigue presente, recuerda lo tozudo que soy. ¿Qué queríais? -dice dirigiéndose a las dos por primera vez.
-Necesitamos que nos lleves a Robadán.
-¿Ahora? Pero es muy tarde y no tenéis pinta de querer ir a una fiesta. ¡Joder! ¡Ya sé! ¡Me vais a invitar a una fiesta y por eso parece que acabéis de venir de escalar el monte! Que sepáis que si queréis hacer eso no hace falta el efecto sorpresa.
-En realidad íbamos a visitar a una amiga y sacarla de un lío, por eso este look tan extraño.
-Hay que decir que parece que hayáis peleado... -los corazones de las chicas comienzan a palpitar muy de prisa. -...con ardillas.
Las dos vuelven a coger todo el aire del que han privado a sus pulmones mientras que Rafa hacía ese espacio tan radical.
-¡Os he asustado! -dice entre risas extrañas que parecen más gritos de gatos a los que alguien está atropellando una y otra vez hasta que mueren y se quedan sin respiración, así como se queda Rafa, al que Ainhoa impide que se caiga escaleras abajo.
-Con tal de que no hagas eso otra vez, dejamos que nos lleves. -anuncia la menor.
-Os llevo, tranquilas, ahora, ¡a la súper furgo! Y que sepáis que esa idea de fiesta podríamos hacerla algún día.
Nerea y Ainhoa sonríen mientras ven al dueño vestido de negro acompañando a su perro hasta la furgoneta que va a sacar del garaje.
-Ahora en serio, ¿qué se supone que buscamos?
-Dirás a quién.
-¿Quién?
-A Marcos. Lo vi. Él es el que puede terminar con todo esto.

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