viernes, 23 de mayo de 2014

Capítulo 71

A Ainhoa, su mundo se le cae encima. En pedacitos. Todo lo que ella ha construido durante todos esos años no ha servido de nada, porque al fin y al cabo estaba construido en el aire, sin soporte, sin verdades.
-No te creo. -termina por decir.
Le ha costado, pero lo ha dicho, a pesar de que muy en el fondo no lo crea, necesita negarse a sí misma, es así como va la psicología.
-Lo mismo yo no te creo a ti. ¿Cómo puedo saber si mi padre es también tu padre? Yo siempre he sabido de él, he tenido fotos, siempre me han contado cosas de él, y me encuentro con esto, con su cara, como si fuera un vivo retrato que nunca tuve.
-Llevo buscando eso porque yo lo conseguí, yo lo conseguí para mí.
-¡Oye! -exclama Nerea, dolida.
Al fin y al cabo, se lo imaginaba, pero no pensaba que podría decirlo en voz alta, darlo por echo, darle la razón a aquella parte que Nerea nunca quiso aceptar.
-¿Tú no te habías ido? -ataca Marcos.
-No hasta que me des la piedra. -contesta firme la chica.
-Pero, ¿qué dices?
-Que ninguno de los dos tenéis razón. Sois unos egoístas.
-¿Y tú no? -interviene Ainhoa.
-Pues quizá sí, pero te recuerdo que esos pensamientos han sido sacados de la cabeza de mi abuela, yo soy su nieta, ninguno de vosotros los es. Vale, vuestro padre, ¡huy! No lo conocéis. Entiendo que queráis saber de él, pero mi abuela era lo único que me quedaba junto a Enara, así que voy a ser yo la que me la lleve, ya que nuestra AMIGA, está presa y lo necesitamos para buscarla.
Nerea se adelanta para intentar arrebatársela a Marcos. Ainhoa se queda paralizada, no la entiende. Y que luego la egoísta es ella.
-¿Qué gano yo con todo esto? -dice Marcos, con la mano en alto para que la chica no la pueda coger.
-Nada, si te soy sincera. Una hermana, si te anima. Pero por mi parte, me voy a llevar lo que desde el principio me pertenece.
Nerea salta, pero no llega. No hace falta decir que es extraño cuando el suelo se levanta y ella encima, coge la piedra de color azul marino.
Cuando baja, se dirige hacia la otra chica y le tiende la mano.
-Tú tienes otra.
-Te sorprenderás cuando lo veas. -advierte Ainhoa mientras que lo saca y se lo da.
-Eso espero. Ahora, si quieres ayudarnos, me sigues. Y tú, -añade dirigiéndose a Marcos, -de ti no me fío mucho, pero Elías y Leo lo hacen, no se lo que tenéis entre manos, pero también puedes venir.
-¿Y cómo piensas volver?
-Elías.
-¿Qué?
-Él nos dirá donde están, y nosotros iremos como humo.
-Ahora sí que todo se vuelve loco. -comenta Marcos y le pega una patada al suelo. -Por cierto, ¿no tenéis miedo de que lo vaya a contar y que desvele a todo el mundo vuestro secreto? Porque tengo un gran arma.
-Uno, si nos desvelas a nosotras, desvelas a tu padre. Y dos, nadie te creería. Tu golpe nos beneficia a nosotras, a la siguiente, piensa antes de hablar.
-Razón. -añade Ainhoa.
-¿No te molesta que se lleve los recuerdos de mí... tú... nuestro padre?
-¡Así me gusta! ¡Hermanismo al poder!
-Esa palabra no existe.
-Me da igual.
-Me importa. Y mucho. Pero Nerea es incapaz de estar enfadada en un exceso de tiempo, lo devolverá, lo que no sé es a quién, por lo que yo no me pierdo su compañía.
-Adoro tu sinceridad. Pero a veces es mejor hacer la pelota y listo. -opina Nerea.
-Bueno, pues cuando hagáis todo y el tema se termine. Ya sabéis dónde vivo. Y ya que estás. Me haréis de mensajeras. Tenéis que darle esto a Elías. Urgente. No lo abráis.
¿Y tan rápido la van a dejar ir? A Nerea eso le preocupa. Pero bueno, estará alerta, es mucho más poderosa que sus compañeros, así que puede con todos a la vez.
-¿Adónde vamos? -pregunta Ainhoa.
-Espera un poco, que todavía no he hablado con él.
Ainhoa espera, es confuso, Marcos mira la pared, pero pronto se marcha de la habitación, y probablemente, por los ruidos, de la casa.
-Ya está.
-¿Adónde?
-Dice que quedamos detrás de la casa para que nos lleven al lugar que Fabio y él han encontrado.
-Perfecto.
-El problema es cómo volvemos.
Ainhoa se gira y sale corriendo en busca de Marcos.
-¡Tú! ¡Marcos! ¿Podrías llevarnos al pueblo?
-¿Pretendéis que os lleve?
-Hombre, esperamos que para tanto no haya sido.
-Tenéis un bus. Adiós.
Ainhoa saluda con la mano y sale corriendo al encuentro de una Nerea despistada, como en su mundo. Y es entonces, cuando le toca el hombro cuando se sobresalta y sale del trance.
-Dice que cojamos un autobús.
-¿Qué es eso?
-La cosa tan grande en la que va mogollón de gente... ¡No sé cómo decírtelo!
-¡Ya sé! A ese que la gente espera en una especie de casetas de cristal.
-¡Sí! ¿Dónde están?
-Ah... ¿Y si andamos y miramos?
Andan durante casi media hora, no se encuentran demasiado cansadas.
-¿Nos convertimos en humo? -propone Nerea.
A Ainhoa esa pregunta la viene como un cubo de agua fría, la despierta y le hace pensar lo tonta que ha sido, y no sólo eso, en que todo podría haber sido más fácil.
-Pues... vale.
Todo es aburrido, por lo menos durante el viaje, no es nada nuevo e insistir mucho como que no emociona, aunque todo cambia cuando se vuelve a encontrar con los dos chicos castaños. El más alto, Elías, parece seguro y es quien las recibe con cara seria, (extraño en él) y Fabio, en cambio, el más bajito les da la bienvenida con una enorme sonrisa.
-Tenemos, lo, mejor. -enfatiza Elías, y vuelve a sonreír.
¡Ese es al chico que conocen!
-Pues, nosotras, tenemos, la, piedra. -responde Nerea, de la misma manera.
-¿En serio? ¿Podremos ir a por Valeria? -se emociona Fabio.
-Nunca creí que tú tuvieras más ganas que ninguno de nosotros.
-¿Sabéis algo sobre Enara y Leo?
-Están puestos en aviso, pero ellos dicen que necesitarán más tiempo para volver. Están lejos, han intentado buscarlos por todos los lados, y parecen haberse alejado demasiado. -responde el mayor.
-Y vemos que vosotras habéis tenido fiesta. -se burla Elías. Él tan simpático como siempre. Pero esa vez, por lo menos, no se dirige a Ainhoa.
-Me tiraron de un pendiente, luché contra un mágico, soy la que más se ha tenido que ensuciar las manos. -se defiende ella y se cruza de brazos.
-No hay tiempo, la cháchara seguirá, pero por ahora lo único que podemos hacer es volver a nuestro nuevo hogar.
-Lleno de amor y felicidad. -añade Elías.
-¿En serio? -se ilusiona Ainhoa.
-No, en realidad es un cuchitril lleno de mierda. Pero sirve para dormir, algo que hace mucha falta.
Nerea y Ainhoa siguen a los chicos, que rápidos se dirigen hacia la parte más trasera del pueblo, aquella parte donde no toda la gente es buena. Es donde más estropicios ocurren, por así decirlo.
Elías y Fabio se murmuran cosas que por mucho que las chicas quieran escuchar y pongan la oreja, no consiguen entender, por lo que al final, también empiezan a susurrar para que a ellos les pique la curiosidad e intenten usar la táctica de "te lo digo si tú me lo dices".
-No les parece importar.
-A Elías nunca le ha importado nada. -contesta Ainhoa.
-Ya, pero aun así les tendría que llamar la atención, ni un gesto de curiosidad.
-Quizá se estén intentando hacer los duros.
-¿En qué? Si estamos rodeados de nada.
-Pero en un barrio malo, eso es importante.
-Somos más poderosas que ellos.
-Pero ellos son los machitos. Es cuestión de ego.
-Pues bien por ellos.
-¡Ya llegamos! -grita Elías.
Las dos chicas paran al instante y se separan como si nunca se hubieran susurrado nada, Fabio las mira diciendo con ella de que es obvio que sí que lo han echo. Al último, no le importa nada lo que se haya dicho o no.
Por el fondo oscuro se ven dos luces que se acercan y se hacen cada vez más grandes, pero a la vez, la vista de las chicas empeora, por la luz, porque les hace daño.
Se tapan rápidamente con las manos, hasta que notan que todo ha desaparecido, bueno, no del lugar pero sí de sus caras.
-Podéis abrir los ojos, no es nada raro. -anima Elías.
-Sé que de él no se puede fiar tanto, pero hacedlo de mí, no es nada raro. -añade el otro chico.
Para cuando Ainhoa abre los ojos, Nerea hace segundos que lo ha echo, y se acerca a la furgoneta para intentar buscar soluciones. La curiosidad mató al gato. Y en ese momento, Nerea es el gato. Fiarse de esos dos no es una cosa realmente buena.
La sorpresa en cambio llena a Ainhoa de alegría cuando Nerea abre la puerta del gran coche negro que se encuentra parado delante de ellas, encontrándose con una cara un tanto familiar al volante y otro detrás, que realmente, sí que sabe de quién se trata.
El de detrás es Abraham, quien abraza a Nerea.
-¿Está Carlos?
-No aquí, se encuentra durmiendo.
La chica mira a Elías, quien sonríe. Aquella es su familia, no tiene ninguna más. Y entonces se acuerda de lo que Marcos les ha dado para que ellas hicieran de mensajeras.
-Por cierto, Elías, Marcos nos ha dado esto. Tranquilo que no lo hemos leído.
Se saca un papel arrugado de su bolsillo y se lo entrega, acto seguido, entra en el coche seguida de Fabio, que habla con la chica y el anciano alegremente.
Ainhoa se fija en Elías. Su expresión es seria y parece debatirse entre si de verdad quiere saber lo que pone.
-Yo que tú, descubriría lo que es, aunque no lo digas.
El chico asiente y entra, no habla, pero escucha la conversación.
-Entra adelante. -le dice Abraham.
Ainhoa obedece, aunque preferiría ir detrás, con sus amigos y con un hombre al que no soporta, pero tampoco desprecia.
Abre la puerta y sin mirar hacia el otro lado cierra la puerta, se coloca el cinturón de seguridad, y todavía sin arrancar el coche, la curiosidad le pica como para mirar a la izquierda.
-¿Hermenegildo? ¿Qué haces tú aquí?

1 comentario:

  1. ¡Hola tesoro! Muchas gracias por pasarte por el blog. No te preocupes que entiendo los tiempos porque a mí e han extendido el horario de trabajo y casi no paso sólo los fin de semana para subir un capi. Ya me pondré al día con tu obra ya que siempre me gustó mucho. Les mando un enorme beso a las dos.

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