viernes, 30 de mayo de 2014

Capítulo 72

-Izquierda... ¡no! Derecha. ¿Cómo mierdas se sigue a esto?
-Llevas una hora guiándonos. -enfatiza cada última palabra. -¡Una hora! -grita mientras que pega con el codo en su brazo.
-¡Oye! ¿Sabes que eso duele?
-Hace casi un día que no duermo, si te consuela. -responde Nerea.
Ainhoa y Fabio siguen por detrás. Hace ya dos horas que han dejado el grupo y buscan a Valeria, han nombrado a Elías como el líder, pero parece ser que la verdadera persona echa para el trabajo es la menor de todos.
Aunque parezca mentira, cerrando el grupo, se encuentra Hermenegildo.

Hace dos horas.
-¿Te tenemos que repetir qué haces aquí? -se introduce Nerea metiendo la cabeza entre los dos asientos al escuchar la pregunta de la chica perseguida por un enorme silencio.
-No soy el único. -es lo único que contesta.
Ainhoa mira hacia atrás y se encuentra con las caras de Elías y Fabio sonrientes, como si a ellas también les esperara algo más, incluso más emocionante.
Media hora en coche sin que Ainhoa diga una sola palabra, solo escuchando la conversación de los otros tres, como un enorme moscardón, y sintiendo clavada en su hombro la mano de Abraham, que observa por la ventana, sin decir nada.
-¿Y qué hay sobre Enara?
-Nada. -contesta Fabio.
-Supongo que entonces no tendré que preguntar sobre Leo.
-Y que lo digas. Llevamos intentando saber de ellos tanto tiempo que ya los días parecen años. Pero bueno, ellos no han venido, pero han llegado otros, ¿sabéis quienes?
-Me parece que no puede haber nadie que me alegre encontrarme más que a mi prima. Y puesto que no está debería de empezar a preocuparme. Pero no haré, porque confío en ella y sé que estará bien. Encima está con Leo. Aunque él no ayuda...
-El perro es el salvador, peque, no te asustes. Además, esos poderes que tiene tu familia podrán salir así de repente. -tranquiliza Elías.
-Además, recuerdo una vez en Daemón en la que empezó una pelea en la plaza y fue Leo quien los paró, desde entonces ha sido como un punto rojo en el mapa. -añade Abraham.
-¿Y recordáis de aquella vez en la que Leo se hizo cargo de una familia entera de cuervos? Con sus huevitos y todo. -comenta Nerea para tranquilizarse a ella misma. -Y Enara finge de lo mejor, y eso la ha salvado durante años.
-Y tiene un genio de mil demonios. -dice Elías.
-¿Está Irati? -pregunta de repente Ainhoa.
De repente, se hace un silencio enorme, e incluso Ainhoa nota que los dos expertos recién llegados a la Tierra acaban de dejar de respirar, lo tienen entrecortado, y la curiosidad de los demás se hace más fuerte al ritmo que el silencio se hace mayor.
-¿La familia de Irati? ¿Pasa algo?
-En realidad... no ha pasado nada. -responde por fin Hermenegildo.
-¡Hemos llegado! Supongo que querréis ver a Carlos.
-¡Siiiii! -exclama Nerea.
-La verdad es que yo apenas lo conozco. -contesta Ainhoa.
Y todo se para, durante una media hora, en la que Nerea no para de hablar con Carlos en la presencia de Elías, mientras que Fabio se retira a una habitación junto con Hermenegildo. Quién sabe para qué. No se oye ni un ruido, por mucho que Ainhoa pegue la oreja, aunque está muy mal.
Ainhoa decide dar una vuelta por el edificio para orientarse un poco. Apenas hay habitaciones, y las que están, son húmedas y frías, tan oscuras como Daemón, y con los papeles de la pared un poco caídas. No hay habitaciones, aunque, tampoco es que en su antiguo hogar hubieran muchos. De alguna manera, la morriña vuelve hacia ella.
Los baños están en una pequeña caseta pegada al gran edificio gris, medio caído y poco higiénico, ¿quién sabe quién ha podido estar ahí?
Al lado de los baños, los cuales se encuentran pegados al comedor, hay un enorme prado. Y en el fondo de todo, una luz. Una luz débil.
A Ainhoa le pica la curiosidad y se acerca poco a poco. A medida que se acerca, grandes y pegados árboles empiezan a aparecer delante de una enorme puerta de piedras con un aspecto muy antiguo, el cual muestra años de historia... su historia.
-¡Ainhoa! ¿Qué haces? -pregunta mientras que viene corriendo Fabio detrás de ella, un Fabio que pronto empieza a empezarse un poco. -Todavía no me he acostumbrado a las alas, no sé cómo los demás lo soportan y pueden andar con esto.
-¿Qué necesitas?
-No se puede explicar mucho sobre el tema, a pesar de que debo de decirte que estamos listos para ir en busca de Valeria. -dice con una enorme sonrisa.
-¿Tienes ganas de ir en busca de pelea? ¿Qué bicho te ha picado?
-Nada, simplemente creo que por fin todos los libros han valido la pena, y para seguir, simplemente me siento feliz, ¿hay algo de malo en eso?
-No. ¿Esta es la puerta que cruzamos para llegar aquí?
-Afirmativo.
-¿Y llegamos por el bosque?
-Afirmativo.
-¿Y cómo encontrasteis Elías y tú este lugar?
-Pensamos que si los de la ADM han vivido aquí durante años deberían de tener un almacén abandonado, y tenía razón.
-¿Fue Elías quien lo pensó?
-Afirmativo también, a pesar de que me hubiera gustado pensarlo a mí.
-¿Tenemos que volver?
-Sí.
Volviendo, la chica se da cuenta de que Fabio también ha cambiado, se expresa más, muestra más lo que siente y demuestra quién es. Elías, la verdad, es que sigue siendo el mismo. Pero Nerea también ha cambiado tanto que no se cree estar en frente de la misma Viva a la que conoce de toda la vida, aquella con quien se encontraba y a quien odiaba. Ahora no la adora por completo, pero la siente importante, es su amiga, y le importa.
Mierda. Su corazón se está ablandando. ¡Pero si es ella la que tiene los recuerdos de su padre!
Y si mal no recuerda, ella le prometió el mismo día que le dio la piedra que podría darle los recuerdos de su padre si los conseguía... aunque fue ella quien la rompió y perdió los trozos.
Pensativos y sonrientes, vuelven.
-Por fin habéis vuelto. Es hora de que vayamos a por Valeria. -saluda Elías.
-Fabio ya me lo ha dicho.
-Pero eso no es lo mejor. ¿Recordáis dónde está la puerta? Ese es lugar donde nos encontraremos de aquí a tres días: vamos a atacar.
-¿A atacar?
-Sí. ¡Les vamos a dar caña a los malditos mágicos! -se emociona Nerea. -Por fin les daré una buena paliza...
-No. Tú vas con ellos. -dice mientras que señala a los otros tres.
-No nos creen tan superiores. -bromea Elías.
-Por eso tú serás el líder. -continua Hermenegildo.
-Mola.
-¿Y vosotros qué haréis? -pregunta molesta Nerea.
-Yo iré en busca de Enara y Leo, Abraham y Carlos se encargarán de atacar los subsuelos. Los mágicos son sólo tan poderosos como son por cómo están organizados, y si se empieza a sacar fichas de abajo, se empieza a caer todo.
-¿Cómo sabes tanto? -curiosea Ainhoa, pero en seguida, por la mirada del hombre, descubre que su pregunta ha sido muy estúpida.
-Soy poderoso, yo sé mucho más sobre los mágicos que ellos mismos.
Elías se ríe.
-Lo siento. Ahora, seguidme. Vamos a seguir la estúpida piedra, dámela, Nerea.

Una hora más tarde.
-Pues bien, pandilla, nos hemos perdido. -sentencia Elías.
-¡No me digas! -exclama Nerea.

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