sábado, 21 de junio de 2014

Capítulo 76

Ainhoa, junto a una Valeria casi incapaz de moverse, mira seriamente a todos. Se acercan poco a poco dándole dramatismo al momento.
Su mirada se detiene en Sam, es el más serio de todos, o quien más parece tener una idea de todo. Siente que él es la clave para salir de ahí, pero no puede evitar pensar que esas probabilidades son bien pocas, con Omar en el otro bando... todo se ha ido al traste.
Piensa en toda esa gente que ha conocido los últimos días y con los que ha compartido tantos momentos, ese final no le hace justicia a nada.
Nerea y Elías cruzan miradas. Enara se pega a Leo, y el chico, algo incómodo, se pone rígido, pero no parece molestarle del todo. Valeria está a punto de llorar. Fabio no está por ningún lado. Quién sabe cómo estarán todos los demás. Y Sam... el chico se mueve rápidamente.
-¡Romped los cristales! -grita.
Ninguno de ellos espera, cada uno con su fuerza, su rapidez y su agilidad, intenta hacer lo que él dice.
Los cristales son duros, pero la cabezonería de muchos de ellos también, y eso lo compensa. De alguna manera, de esa forma, consiguen más gente que luchar, y de cada frasco sale gente herida.
Pero ahí no acaba todo, algo en lo que Sam no ha pesando es en que cuanta más gente herida haya más responsabilidad habrá para cuidarlos, y que los ataques de los mágicos son siempre muy rápidos y con un fin despiadado.
Esos pocos escrúpulos son los que al grupo les falta.
Ainhoa intenta ayudar a todos aquellos heridos, y está cubierta por Leo, Nerea y Enara, que la protegen junto a los demás mientras que Elías y Sam se ocupan de herir y defenderse. Por alguna razón, Sam parece entender lo que pasa y lo que tiene que hacer, algo que Elías va ganando poco a poco.
-¡Llévalos a una habitación baja! -chilla Nerea mientras que se adelanta con los otros dos chicos junto con su prima.
-Vosotros también. -añade Enara.
-¿Por qué? -pregunta Elías.
-Necesitáis mi ayuda, conozco esto mejor que nadie. -comenta Sam.
-No si te asamos como a un pollo. -advierte Nerea.
-Es verdad, iros, y por esa misma razón os necesitan más, no seáis cabezones e iros de una vez. -exclama Enara, fuerte, aunque le cueste serlo, como Nerea ya les comentó a Ainhoa y Omar una vez, la chica es demasiado pesimista, además, tiene un sentido de la culpabilidad que al mínimo se despierta.
Elías le hace un gesto con la cabeza a Sam para que lo acompañe afuera.
Pero la curiosidad pica, y tampoco se alejan tanto al irse, es Elías es que hace más ademán para irse y esconde a todos los heridos en la sala de al lado.
Todos los demás, asoman la cabeza, pero Ainhoa, es la menos sorprendida al ver lo que pasa.
Enara y Nerea se miran, se dan una mano y se extienden para que quede en alto. De pronto, la separan y extienden las dos hacia delante.
De sus palmas no paran de salir llamas como un lanzallamas, como con la fuerza de una cascada, pero todo hacia delante. Tal es la fuerza, que ellas tienen que intentar no caerse hacia atrás y no tienen peligro de quemarse el pelo, que está con fuerza volando hacia atrás. No pueden ver su cara, ya que están de espaldas, pero si lo hicieran, Ainhoa está segura de que sus ojos están cerrados con fuerza.
No le extraña que su familia guardara el secreto de su don tanto tiempo, es demasiado fuerte, pero ahora la pregunta que se plantea es otra, ¿pueden controlar todos los elementos?
No es la primera vez que las usan delante de sus narices, y no parecían precisamente de fuego.
-¿Ya ha acabado la fiesta? -pregunta Elías con voz ronca, apoyado contra la pared y con las manos cruzadas.
-¿Es que lo sabías? -lo acusa Ainhoa.
-Pues sí. Yo no tengo familia, pero hay otros que me han criado, y no ha sido sólo Abraham.
Ainhoa hace memoria.
-Entonces, ¿sólo me ayudaste porque querías liberar a Margarita?
-O por lo menos tenía la esperanza de hacerlo. Carlos y yo pasábamos mucho tiempo ahí, más de lo que te imaginas.
Ainhoa se siente mal, pero la curiosidad le vuelve a picar, esta vez, por la parte del chico.
-¿Qué es el papel que Marcos nos pidió que te diéramos? -pregunta Ainhoa.
-¿Consiguió encontrarlo? -añade rápidamente Leo.
-¿Qué pasa?
-Como he dicho, no tengo familia, otros han jugado como mi familia. -el chico se despega de la pared y ve cómo las chicas salen de la sala. -¿Los habéis cepillado a todos sin dejarme nada a mí? -y pone su sonrisa burlona, como si nada hubiera pasado.
-Para ti las hormigas, Elías. -contesta Nerea.
Enara sonríe.
-¿Y todos los demás? -se preocupa al instante.
-Es verdad. -exclama Leo.
-Si hubierais estado más atentos os daríais cuenta de que están en la sala de al lado. Ya saben lo vuestro. Y ahora Sam es el que manda, así que dentro.
Nerea cierra los puños. Le gusta tener el control y Ainhoa lo sabe. Se ríe en bajito y le frota suavemente el hombro, dándole su apoyo. Ella termina sonriendo y se meten junto a todos los demás en la sala.
-Bien, necesitamos sacarlos, ¿cómo lo hacemos? -dice Leo nada más cerrar las puertas.
-Pues... -empieza Sam.
-Yo tengo dos preguntas más importantes. -corta Elías. -Primero, ¿dónde está Tadeo? Ese perro es más necesario de lo que creéis. Y dos, ¿dónde está el idiota de Fabio?
-¿El de los ordenadores? -pregunta Sam.
-Sí. -contesta Nerea, y luego, dirigiéndose a Elías, añade. -Está en la sala de ordenadores, debería de estar conmigo, pero ya me conoces, estos dos necesitaban mi ayuda. Se ha debido de quedar ahí, me presto voluntaria para buscarlo.
-Eso me parece bien. -admite Sam. -Pero más importante es sacar a los heridos. Necesitan cuidados, más que un perro y alguien que sabe defenderse.
-Dudo que Fabio sepa defenderse como es debido. -corta con mala cara Elías. -¿Acabas de salir? Pues mejor que estuvieras dentro.
-¡Elías! -exclama Ainhoa.
-Es la verdad.
-¿Nerea?
-Opino lo mismo. Los rebeldes siempre se ayudan entre ellos, y ellos no son rebeldes. Ainhoa, estos son traidores, ¿Sabes cuánto tiempo lleva alguien sin venir a la tierra? A este ritmo todos deberían de estar muertos.
-Tienen razón. Si quieres puedes ayudarlos, pero no nos metas a nosotros en el marrón. Buscaremos a Fabio y nos largaremos con los demás. Y a todo esto, eres una Sombra, ¿verdad?
-Pues sí.
-¿Entonces que haces ayudando a unos Olvidados?
-Ayudo a quien haga falta.
Si fuera una película, saltarían chispas entre los ojos de todos.
-Paz, si todos tenemos el mismo fin, deberíamos ayudarnos entre nosotros. ¿Quienes de aquí tenéis un don?
-¿Para? -pregunta Elías, nervioso.
-Para saber quién debería de luchar.
Algún herido levanta la mano débilmente ayudado por la mano energética de las primas y la mano tímida de Elías, también levanta su mano mientras que observa la de Sam.
-¿Tú tienes? -pregunta Ainhoa a Elías.
-¿Cómo crees sino que lo sé todo?
-¿Eres omnisciente?
-¿Qué es eso?
-Que lo sabes todo, pero déjalo.
-Leo mentes. -admite.
-Pues ahora después de todas las aclaraciones, tenemos trabajo, tenemos que sacarlos y protegerlos.
-De eso debería hacerlo yo, soy el único que no tiene don y Tadeo me ayudará. -se ofrece más valiente que nunca, Leo.
-Sácalos de aquí, nosotros intentaremos defender el lugar y sacar al tío ese. -dice muy borde, Sam, y luego se dirige a los heridos. -¿Vosotros podéis luchar?
Un par se levantan, mientras que otros se esconden más.
-Bien, pues manos a la obra.

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